La Iglesia vive en Canarias en estado de buena esperanza

Que cómo es la Iglesia en nuestras islas. Ésa es la pregunta. Y digo yo que vano esfuerzo sería pretender contestarla con categorías más propias de la política o de la observación sociológica. Una gran parte de cuanto hacemos y de lo que nos pasa tiene su fuente más allá de esos marcos de referencia, porque su origen es Dios.

Ya se sabe que ni la fe se puede medir, ni la vitalidad de este colectivo se puede juzgar por sus escaparates. Algo habrá que decir, no obstante. Y diré, para empezar, que he percibido siempre en la Diócesis un sincero deseo por avanzar en la fidelidad a la fe y en el servicio a los hombres y mujeres de esta tierra. Las circunstancias, las de dentro y las de fuera, casi nunca han sido las ideales, pero siempre ha habido quien apaciguara nuestra falta de esperanza y nuestros temores en beneficio de un más eficaz y evangélico compromiso. Siempre lo han hecho nuestros obispos, el de ahora y el de antes, y a menudo también han destacado otros miembros de la comunidad, laicos o consagrados, habitados por el Espíritu de Jesús. Lo cierto es que hasta aquí hemos llegado cabalgando sobre las luces y las sombras de cuanto somos y con una permanente, y en ocasiones deslumbrante, asistencia de Dios mismo, verdadero artífice de la vida de la Iglesia.

Ya dije que no soy capaz, nadie lo es, de diseccionar el rostro de la Iglesia en base sólo datos computables. Aunque también es cierto que no faltan realidades suficientemente francas como para ser percibidas por todos. Imposible sería, por ejemplo, entender nuestra reciente historia sin hacer mención al más importante acontecimiento eclesial nunca antes vivido: el primer Sínodo Diocesano en la andadura de la comunidad nivariense. Un evento absolutamente original: por el número de participantes, por la cantidad y la hondura del trabajo realizado, por el clima de radical libertad y responsabilidad en el que se desarrolló la tarea… Estuvimos todos y todos pudimos expresarnos e influir en las Conclusiones finalmente ratificadas por el Obispo. De estos más de tres años de labor y reflexiones surgió un diseño del futuro que inspira las decisiones actuales y sirve de marco de referencia para la comunidad.

Una de las opciones reforzadas por nuestro Sínodo es la apuesta decidida por los más pobres, los preferidos de Jesús. Cáritas en cada parroquia sirviendo eficazmente a quienes se han visto expulsados de la sociedad del bienestar, esa fue la consigna del Obispo. Los hombres y mujeres de la mar, los presos, los ancianos, las víctimas de las nuevas pobrezas, los que carecen de hogar, los inmigrantes… para todos, y muchos más, se han consolidado servicios en nuestra Iglesia Diocesana, en ocasiones yendo mucho más allá de nuestras posibilidades. Y también en la misma línea hemos comprometido los esfuerzos de los creyentes y de las Instituciones para promover la construcción de templos allí donde surgía un nuevo asentamiento de personas, y han sido muchos. Jesús es un derecho de cada hombre y cada mujer, ésa ha sido nuestra inspiración, y que todos debemos tener las mismas posibilidades de acercarnos a Él, para conocerle, amarle y seguirle. Los nuevos templos y las restauraciones han sido un motivo de alegría para creyentes y una fuente de beneficios para toda la comunidad.

Imposible sería olvidar en este poco exhaustivo repaso cómo nos ha afectado el pulso que algunos grandes grupos mediáticos y de poder han mantenido con la Iglesia durante este tiempo. Desconfianza, falsedades, verdades a media, recelos… semillas que se han plantado irresponsablemente por quienes ejercen la intimidación informativa y que dejan su huella en los ciudadanos y las sociedades. El surgimiento de Popular Tv Tenerife, así como un diálogo sincero con los profesionales de la comunicación de nuestra provincia, han representado algunas de nuestras prioridades en este terreno. El diálogo entre la fe y las culturas, al que hemos querido ser tan sensibles, se juega en gran parte en estos areópagos modernos. Es de justicia reconocer el buen hacer, en general, de los periodistas canarios en el tratamiento de las informaciones con contenido religioso. Nos ocupa también en este momento el relevo generacional. Aunque son radicalmente falsas las sospechas de que nuestros templos están vacíos, de que no hay seminaristas, de que los jóvenes han huido, siendo todo ello impreciso, sí es verdad que andamos embarcados, como siempre hemos de estarlo, en garantizar nuevas generaciones de creyentes que se sientan orgullosos de profesar la fe en Cristo. Nuevos sacerdotes, nuevos catequistas, más voluntarios de todo tipo, madres y padres implicados en la iniciación cristiana de los pequeños… ése es el reto. Es un desafío que nos mantiene vivos y espolea nuestra comodidad y nuestra capacidad para reflexionar sobre cómo ha de ser anunciado Jesucristo en los tiempos que corren. Apasionante sin duda. así podríamos seguir casi sin descanso. Nuestros planes de futuro, nuestras ilusiones y nuestras dificultades darían para mucho. Pero no hay más espacio.

Me atrevo a decir por todo lo anterior que esta Iglesia nuestra está viviendo en estado de buena esperanza. Preñada la siento yo de las ilusiones y del sentido común que Dios le inspira, grávida de la alegría que sólo proporciona el servicio sincero a los hombres y mujeres del tiempo que nos ha tocado vivir. La percibo yo comprometida con el mundo y atenta a los ojos de Dios, diaconisa -servidora- de la alegría imperecedera, buscando un culto cada vez más verdadero, un compromiso cada vez más coherente. Y me ratifico en una idea al ver lo visto: que sólo siendo fieles a nuestra identidad podremos ofrecer un genuino servicio a la comunidad canaria, algo realmente original, que ninguna otra Institución puede ofertar, porque no es lo suyo. Lo nuestro, de siempre, es anunciar y ofrecer a Jesucristo, salud del género humano. No somos otra cosa que eso, ni una ONG ni un colectivo de animación popular, ni un club, ni una central de encuestas sobre las cambiantes sensibilidades de cada momento.

Que cómo es la Iglesia en nuestras islas, era la pregunta. Pues eso, una realidad preñada de buena esperanza, siempre a la búsqueda de más manos que aporten nuevos corazones. Eso es lo que digo, que somos un “ya, pero todavía no” que busca resarcirse cada día de su mediocridad a base de fidelidad. Eso, más o menos, nos ha pasado, por dentro y por fuera, en estos años.

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