Una realidad de claroscuros con una distribución poco equitativa

La economía canaria creció en el 2004 el 2,7-2,8% según el INE o la Contabilidad Regional. Un resultado estimable dadas las circunstancias internacionales y las variables de influencia que han permeado sobre los intereses canarios como son los cambios turísticos, las expectativas de fondos y sobre el plátano, la afluencia inmigratoria…

La economía canaria se vio afectada en 2004 por un panorama que ha elevado la toma de conciencia del principio de precaución y prevención ante los eventuales riesgos sociales y naturales. Y ahí está el cronicón de las presunciones acerca de eventuales explosiones volcánicas. En sociedades que ya están fuertemente mediatizadas y en las que se ha mercantilizado todo tipo de sucesos es lógico que arraiguen con facilidad casuísticas de anormalidades. La economía es muy propensa a internalizar la adopción de muchas manías y pánicos. Este componente psicológico sostiene numerosas teorías acerca de expectativas y racionalidades. En el debate económico canario abundan los discursos de lo oscuro y de los resplandores. Ni la visión negativa, ni tampoco la cegadora traducen la realidad de una dinámica que está marcada sobre todo por claroscuros visibles.

Mientras se discute y se toman posiciones, siempre es positivo atender al cuadro de datos relevantes. Y en el componente productivo, la heterogeneidad es la norma que lo define. Ejemplo máximo es ese 80% de producto obtenido en servicios frente al 20% en bienes. En el año 2004, el sector agrario ha retrocedido un 2,9%, la industria ha subido un 1,8%, la construcción ha remontado un 4,0% y los servicios el 2,6%. Sin embargo, si comparamos la distribución de los sectores respecto al año 2000 el cuadro apenas ha cambiado. Este hecho hace problemático que la reivindicada diversificación se produzca en un contexto donde no se ha aprovechado el ciclo expansivo iniciado en 1995 y que se cifró en una tasa anual media y en términos reales del 3,7% (3,3% es la media española). En circunstancias más problemáticas, el riesgo diversificador se supone que es mucho mayor, debido a la presión salvadora que se anhela socialmente.

En el sistema productivo canario se registran proyecciones diferentes del empleo, la tecnología, el comercio exterior, la orientación a los mercados y la creación empresarial. Puede decirse que el signo dominante es la heterogeneidad, lo cual concuerda con esa faceta de la desigualdad que es congénita al crecimiento económico en términos generales. Los 774.900 empleos que movilizó la economía canaria en 2004 estaban repartidos del siguiente modo: un 86,2% trabajadores por cuenta ajena y 13,8% autónomos o por cuenta propia (106.998 efectivos). Canarias registró en el 2004 un incremento de 22.077 nuevos empleos; el paro registrado descendió un 13,1% según la EPA, pero aumentó en un 11,76% según el INEM (de 98.932 a 110.567).

En el capítulo tecnológico el sistema canario se ha caracterizado históricamente por ser un comprador de tecnologías de productos y procesos, siendo heroicos los ejemplos creativos de innovaciones a cargo de su sistema empresarial. La inversión canaria en I+D en los cálculos más optimistas no ha sobrepasado el 0,55% del PIB… y corresponde a centros públicos y a las universidades el 83,8% de ese esfuerzo. En cuanto a la sociedad de la información, los datos del sector informático canario son realmente pobres. En la estimación para el año 2003 apenas el 1,62% del conjunto nacional (una facturación de 140,9 millones de euros).

Lo sobresaliente del comercio exterior es que Canarias importó en 2004 por valor de 12.488,78 millones de euros y exportó por 2.804,63 (una cobertura del 22,46%). Lo grave fue que las importaciones se movieron al alza en un 1,26%, mientras que las ventas cayeron en un 6,6% respecto al 2003. Si tenemos presente que el PIB canario en 2004 fue de 20.845,5 millones de euros, estamos evidenciando que de cada 100 euros que producimos, importamos casi 60 y exportamos apenas 13,4. Quizás lo más positivo es el aumento en el comercio con África tras una importante proyección de organizaciones y empresariado canario, contrastando con el factor negativo de la factura del petróleo, cuyo importe se ha elevado al 28,5% de todas las compras al extranjero (1.035 millones de euros)

Hemos dejado para el final de este análisis el tema de la densidad empresarial en Canarias. Es verdad que los datos del Dirce, con 139.205 locales, casi un 4% del total nacional, discrepan de las contenidas en el censo de Camerdata, en las que se contabilizaban 81.577 empresas (el 2,16% de las españolas), siendo 43.793 de autónomos (el 53,7% del conjunto y el 2,12% del inventario nacional). En cualquier caso, ambas fuentes reflejan el carácter hegemónico de las microempresas canarias (sin asalariados y menos de cinco trabajadores).

A menudo se ha soslayado la estrecha relación que tiene la problemática de la financiación con la consecuencia distributiva en el ingreso sectorial, espacial y personal. Según el INE apenas el 14,% de los hogares canarios tienen capacidad de ahorro, y el 48% de los mismos declaran dificultades para llegar a fin de mes. Este deficiente cuadro, lógicamente tiene mucho que ver con la cuestión salarial, pues el ingreso medio de las rentas del trabajo en Canarias es de 13 a 17 puntos inferior a la media nacional. Si se tiene presente que las remuneraciones laborales comportan del 74 al 78% de todo el ingreso de una comunidad, se puede inferir cuál es la resultante en el ahorro y la función de consumo.

Financiación y distribución

En el apartado de la financiación canaria encontramos indicadores muy esclarecedores. A título ilustrativo, la suma de los presupuestos en los ayuntamientos, cabildos y la Comunidad en 2003 se elevó a 7.257,24 millones de euros. Pues bien, la recaudación tributaria canaria de impuestos estatales y autonómicos alcanzó los 3.492,5 millones. De ahí puede inferirse la importancia estratégica que en esta brecha tiene la participación de los PGE (Presupuestos Generales del Estado) y de los fondos remitidos desde la UE. En el período 97-04 la inversión real media de los PGE alcanzó unos 5.525,6 millones de euros (el 3,3% del conjunto nacional), siendo de 2.980 millones de euros los fondos estructurales de la UE programados para el período 00-06.

Nos ha parecido significativo dedicarle unas breves líneas a los datos de créditos y depósitos que maneja el sistema de intermediarios financieros en Canarias. Los créditos otorgados en 2004 alcanzaron los 31.834 millones de euros, un 3,4% más altos que en 2003, mientras que los créditos apenas llegaban al 46,3% de esa cifra. Quiere decirse que la demanda inversora y de créditos personales en las islas está recabando de todo el sistema bancario y de Cajas de Ahorro a nivel nacional, liquidez necesaria para afrontar este ritmo que atisba todavía señales de burbuja caliente.

Con los precedentes que apenas hemos esbozado, podemos preguntar si extraña que la distribución del ingreso sea desigual en Canarias. Si no hay mecanismos institucionales que reasignen la resultante natural del sistema, está fuera de duda que la inequidad es una señal del modelo de crecimiento canario. Es uno de los asuntos espinosos que tenemos en el debate interno de las islas, por cuanto la voluntad política en afrontar el mismo traduce cual es la preferencia por un dilema entre el aumento de la tarta o la reasignación de los trozos. Y la desigualdad es más llamativa en los renglones de hogares y personas, así como de espacios y actividades. No se puede pasar por alto que en la crónica periodística se resaltan las noticias sobre el impresionante volumen que está remansando la RIC, que el 8% del PIB canario pueda estar en manos de 21 familias, que el ingresador medio canario pague casi un 40% menos de impuestos que el resto de los españoles, o que el 18,6% de nuestros paisanos estuviese bajo el umbral de la pobreza en el 2001 (unas 320.800 personas, mayoritariamente mujeres en un 54%).

El capitalismo es un sistema que segrega de modo congénito la desigualdad. Lo sutil es preguntarnos si la arquitectura del modelo que tenemos en estas islas es un edificio donde sobresalen las diferencias de fachadas y contenidos en una proporción superior a las que debería tener acorde con su nivel de desarrollo. Y cuando alguien plantea la necesidad de estrategias diferentes a las imperantes es que no está conforme con el deslizamiento por el que marcha el sistema. De algún modo se sintoniza con lo que se mastica en un ambiente proclive a exigir que se hagan las cosas renovando el armazón de un edificio económico cuyas reparaciones y obras no están ilusionando ni a moradores ni a los ojos externos.

Los retos canarios

Si algo es preocupante en Canarias es el grado de voracidad que destilan fuerzas que parecen más empeñadas en atrincherarse con particularismos que en sumar iniciativas de carácter sinérgico. Por una extraña deformación, esta sociedad se ha jaleado con un plus de diferendos; prácticas canibalistas del existo y mando que dejan fuera de lugar las franjas que no están sembradas de trampas explosivas. Lo peor de esa desviación es un interés cortoplacista ajeno a la inteligencia estratégica y a una sensibilidad planetaria.

Constituiría una sorpresa el seguir deshojando las margaritas de unos retos cuya simple enumeración invoca a no perder el tiempo: la renovación convincente del argumentario de nuestra insularidad ante los foros externos de España, UE y el mundo; la apuesta decidida por una cualificación superior, la integración intercultural en el contingente inmigratorio; las políticas de revisión de incentivos pensadas para los inversores y no los negociantes; la revisión del factor y las políticas culturales como acicate para un capital social que acrecienta confianzas, credibilidades y asociacionismo; la reconversión de ramas declinantes como el plátano y el tomate; la articulación real del mercado interno; un turismo con aceptable valor añadido; el conjunto de unas infraestructuras que realmente promuevan actividades y no queden en agresivos impactos; la prevención de eventuales deslocalizaciones, especialmente en el sector turístico; una logística activa en la cooperación y política africana que implique al eje Madrid-UE-ONU; políticas empresariales y laborales que hagan posible la supervivencia de organizaciones bien concebidas y con empleo cualificado y estable…

En definitiva, tareas que no se si serán de la segunda, tercera o numérica romana revolución. Nos conformaríamos con el sentido originario de una acción individual y colectiva cuyos proyectos de vida tengan una lógica consistente y no estén obsesionadas por unas supuestas predicciones. Al fin y al cabo, si se quiere reinar siendo uno mismo, como decía Pessoa, habrá de renunciarse a ciertas cosas. ¿Quién lidera en esta sociedad las convicciones de lo esencial?

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