Renta, población y empleo en un proceso de desaceleración

Canarias atraviesa en 2007 por un proceso de desaceleración del ciclo económico, causado por efectos externos de carácter coyuntural junto a efectos internos de carácter estructural. En estas circunstancias, el objetivo de toda acción económica debe basarse en el fomento de la inversión productiva y del consumo privado.

Respecto al fomento de la inversión productiva, el propiciar el ahorro fiscal a las empresas, con el mero fin de ahorrarle partidas en sus costes económicos, no parece que sea la mejor de las opciones, dado que esta medida iría enfocada más a engrosar su cuenta de resultados que a mejorar su competitividad. Además, como medida anticíclica, es necesario el fomento de la inversión pública, con el fin de relevar al sector privado, dado que el mayor síntoma de agotamiento que muestran los datos de empleo se refiere al sector de la construcción.

Se ha achacado, sobre todo desde la propia Administración Pública de Canarias, que el desempleo es producto del incremento poblacional. El debate sobre la población y el empleo es inevitable, pero hay datos objetivos que refutan tal observación. Hace quince años apenas se sobrepasaba el millón de habitantes y la tasa de paro era del 28,80%, mientras que, en la actualidad, la población canaria es de dos millones de personas y la tasa de paro es del 10,74%; es decir, se ha asistido a una caída del 62,7% en la tasa de paro con un incremento del 100% en la población. Por ello, el análisis ha de centrarse en la distribución de la renta generada.

Si analizamos los últimos datos disponibles de la Encuesta de la Población Activa para 2007, podemos observar como el paro crece. En sí no sería excesivamente significativo si no es porque la población que activamente busca empleo disminuye, lo que origina una caída en las personas ocupadas, que disminuyen en 3.700 personas. En este descenso tiene una alta ponderación la situación del sector de la construcción entre el segundo y el tercer trimestre del año, puesto que su número de ocupados cayó en 14.400 personas, que se amplía a 14.700 personas si sólo tomamos en consideración la cohorte de hombres con edades comprendidas entre los 25 y 54 años.

Si ahora tenemos en cuenta el paro registrado suministrado por el Inem, de los diez meses disponibles, sólo en julio disminuyó el desempleo; y lo hizo motivado por la conformación de plantillas de cara al aumento de la cartera de pedidos por la época estival de las empresas relacionadas con el ocio. En todo caso, la temporalidad de los contratos celebrados es tan alta, que estos puestos de trabajo se destruyen con la misma facilidad que con la que se crean. Si a esto le sumamos que la productividad de este tipo de empleo es baja, al ser referidos a ocupaciones con deficiente cualificación, los salarios resultantes son insuficientes para sostener el poder adquisitivo y el poder de compra de la población.

Mujeres y jóvenes

El paro castiga con mayor virulencia a las mujeres y a los jóvenes. Además, el empleo al que acceden es de inferior calidad, tanto desde la perspectiva de la duración de su contrato, como de su cualificación y retribución. Respecto a ésta última, las personas ocupadas en Canarias poseen una desventaja salarial frente al resto del territorio español cifrada en un 16% de media, debido a que la productividad de los puestos de trabajo ofrecidos por las empresas es menor, dado que se invierte de forma mayoritaria en actividades económicas de bajo valor añadido. La responsabilidad de este hecho la tiene el sector empresarial, pero también la Administración Pública que dilata en exceso la puesta en marcha de las políticas activas de empleo emanadas de los procesos de concertación social.

Respecto a las perspectivas de futuro, el contexto exterior fomenta las situaciones de incertidumbre, provocando que, aunque sigamos creciendo en PIB, lo hagamos a una tasa desacelerada respecto a ejercicios anteriores, dado que existen varios factores de riesgo. Nos encontramos con tensiones inflacionistas procedente de los mercados de energéticos y alimenticios, las variaciones de las disponibilidades líquidas del sistema monetario internacional que motivan las decisiones del Banco Central Europeo sobre la variación de los tipos de interés, junto a la cotización del euro frente al dólar, unido a los elevados niveles de endeudamiento conjugados con una latente incapacidad de ahorro. También asistimos a una cierta parálisis institucional a la hora de planificar diversos aspectos estructurales de la economía y de la sociedad junto a una alta rotación contractual debido a la excesiva temporalidad laboral junto a puestos de trabajo de poca productividad y bajos salarios.

Todo esto hace aumentar el ahorro precaucional y disminuir el gasto destinado a servicios con elevada elasticidad-renta, es decir al consumo más suntuario, generando el comienzo de una espiral de disminución de la cartera de pedidos de las empresas y la no renovación o rescisión de relaciones contractuales. Pero liberar renta en un contexto de inflación sin incrementos en la productividad no es la única solución, dado que originaría un mayor crecimiento de los precios, porque no incide sobre el descenso de los mismos, sino sobre el incremento de la renta disponible de los ya endeudados.

Toda iniciativa en el campo del empleo debe fomentar el incremento de la productividad provenientes de los procesos de innovación tecnológica en el seno de las empresas y, por ende, de su retribución, generando puestos de trabajo con una mayor cualificación, además de fomentar el incremento de la formación entre la población, dejando de primar los sectores económicos con valor intrínseco propio y apostar por otros en donde la tasa de retorno de la inversión sea más baja, pero tal vez más estable, dado que la madurez de la clase empresarial depende de la capacidad de riesgo que esté dispuesto a asumir y no de la cantidad de dinero que sea capaz de ganar.

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