Radio: ¿un servicio público?

¿Servicio público? No, la radio es una obligación pública que, además, debe dar las mismas opciones a todos los ciudadanos porque todos tienen los mismos derechos Y me refiero, especialmente, a la de titularidad estatal, autonómica, de cabildos o ayuntamientos. Me lo dijo, durante unas jornadas de las Reencontre de Tenerife, un conocido teórico de la comunicación que ejercía como director en la BBC de Londres, Georges Hill, todo un maestro.

Tengo suficiente experiencia para poder decir que hay perfecta convivencia entre radios públicas y radios privadas y que las dos son necesarias; pero la pública tiene que acometer tareas de información, pedagogía y hasta de entretenimiento que no tiene por qué asumir la radio privada. Y, simple y desgraciadamente, porque la cultura no suele ser rentable. Vamos, que no es negocio. Y a eso no juegan los empresarios. Lógico.

Pero, y además, la radio pública debe estar ajena a los índices de audiencia, tipo EGM, y estar más pendiente de atender a todos los estamentos sociales por muy reducidos que sean: etnias, creencias, barrios, pueblos, acciones culturales, sociales, etc. O por muy lejano que se encuentre el foco de la información. Es ahí en donde la radio es una obligación pública que debe dar las mismas opciones a todos los ciudadanos, porque todos tienen los mismos derechos. Sí, porque también, mediante impuestos, el contribuyente la paga, la sostiene, resida en la gran ciudad o en el último pueblo de la zona.

Por eso la defiendo. Claro que no siempre ocurre así, que sea un servicio público. En demasiadas ocasiones se convierte en altavoz del que gobierna. El patrón puede llegar a ser el partido político en el poder. Mala cosa. Pero es una tiranía que también está llegando a las empresas privadas, tan pendientes de sustanciosos contratos de publicidad/propaganda, alquiler de espacios exclusivos, patrocinios y mil maneras de comprometer a un medio: prensa, radio, TV.

Una de las premisas que debe perseguir la radio pública es que llegue a ser imprescindible, por necesaria, a las grandes minorías. Ahí está su papel. Y desarrollar una educación cívica y social debe ser el objetivo permanente. La radio tiene que contribuir a la cultura aunque su misión no es sólo ésa, porque deben ser muchas las vías, las instituciones propagadoras de los conocimientos.

Desgraciadamente han pasado los tiempos en los que la radio era una autoridad. La invasión de emisoras irresponsables con empresarios advenedizos y predicadores –sicarios frente al micrófono– han prostituido tanto al medio como a los profesionales que –hay infinidad de ejemplos– han perdido credibilidad. Ya no se oye, como antes “… es que lo ha dicho la radio”. Vamos, palabras de Dios.

No hay por qué esforzarse en defender una opinión diferente a la nuestra. Pero sí tenemos la obligación de difundir opiniones e ideas de los demás aunque no las compartamos. Lo del pluralismo en la radio es algo que debe ser permanente doctrina, sobre todo en la pública. Si no, mejor cerrarla o no ponerla en funcionamiento. Ah, y acceso del pueblo en los distintos contenidos programáticos. Es pública, de todos. Y no sólo de mandatarios y poderosos.

Bien es verdad que hay nombres y sellos que gracias a su trabajo serio, diario y permanente, gozan del apoyo, y desde hace mucho tiempo, de una audiencia que no le abandona. Ni a ellos ni a la radio. Y es lo que hay que buscar de las emisoras públicas para hacerse un adecuado hueco en el bosque de antenas que ahora nos asfixia. Treinta años en la radio estatal me ha enseñado que es un medio ideal, un gran vehículo, para mostrar las culturas e identidades regionales y las realidades cotidianas, los hechos próximos y vecinales sin aspavientos ni intereses dinerarios. De ahí el título: ¿Un servicio público? No, una obligación pública.

Pero la radio privada, también hay que decirlo, cubre en muchas ocasiones los déficit de atención ciudadana que olvidan las emisoras municipales, autonómicas y estatales. Afortunadamente. Y ni más ni menos. La coexistencia en el mercado es posible y en España se ha demostrado desde hace mucho tiempo. Por otro lado, ¿hay tanta diferencia entre las programaciones de ambas? Es una radio de contenidos similares con grandes bloques de emisión a cargo de un comunicador y sus colaboradores. Por cierto, un invento de Radio Nacional a mediados del decenio de los sesenta inmediatamente adoptado por SER, COPE, Antena 3 y otras cadenas, más tarde fundadas.

Protagonistas ( posteriormente y hasta la actualidad como Protagonistas nosotros) fue el programa pionero de esta fórmula importada de Italia por el entonces director general de Radio Nacional de España, Jorge Arandes, e iniciada en antena por Pepe Ferrer, al que sucedió Luis del Olmo. Tanto ha sido el éxito que las emisoras comerciales adoptaron el programa–ómnibus con las variantes propias que impone la publicidad. Por eso, me repito, es lógico que haya tan poca diferencia entre radio pública y privada.

Libertad y servicio a la sociedad. That is the question. Y me permito reproducir de su manual la clave del éxito de ese paradigma de la radiodifusión mundial que es la BBC: “la imparcialidad es el alma del compromiso de nuestra emisora, nuestros profesionales y nuestros directivos. Y en todos los servicios: informativos, programas, producciones y página web”.
Benditos sean.

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