A peor la mejoría

“Siete mil puestos de trabajo destruidos y doscientos medios de comunicación cerrados”. Éste podría ser el resumen, vía twitter, de la evolución del negocio periodístico en España en el último lustro. Si el estudio lo trasladamos a la prensa escrita en el Archipiélago, el análisis se podría despachar en 17 caracteres: a peor la mejoría. A la hora de mandar un tuit, a los canarios nos sobra espacio.

Hace dos años, en la reflexión realizada para el Anuario de Canarias 2010, nos hacíamos eco de una palabras pronunciadas por Juan Luis Cebrián en la gala de los XXVII Premios Ortega y Gasset de Periodismo en las que el presidente de El País, uno de los mejores diarios del mundo, fijaba en el año 2043 “la desaparición de los periódicos impresos en el planeta porque no habrá lectores que los compren”. Con dolor, porque éramos y somos devoradores de prensa escrita, concluíamos entonces que quizás Cebrián había sido demasiado optimista en sus previsiones, pero que la supervivencia de las cabeceras periodísticas —y no sólo del periodismo— era vital para la existencia de la democracia. Con el tiempo crece el número de voces que respalda ambas teorías.

La realidad nos recuerda cada día que, en efecto, la prensa escrita no tiene (mucho) futuro; pero también nos dice que sin ella es difícil que se exista una democracia real, con un adecuado control a las tendencias absolutistas de los dirigentes. Además, cada vez son más las voces que alertan del peligro que supone la desaparición de cabeceras periodísticas. Y que, en ningún caso, Internet sirve como paliativo. Como ocurre en estos casos, las alabanzas unánimes con las que fue recibido el nuevo periodismo que llegaba a través de la Red se han transformado en críticas mayoritarias. “El periodismo ciudadano, ni es periodismo ni es ciudadano”, ha sintetizado Manuel Núñez Encabo. Por ello, la propia sociedad debería exigir que los periódicos fueran considerados una especie protegida. Sí, como si fueran el último oso panda.

Menos lectores, menos páginas, menos trabajadores, menos medios… Las cifras y la lógica nos recuerdan cada cierto tiempo que no hay futuro para la prensa escrita. Y menos aún para los periódicos regionales. La realidad nos dice sin embargo que la agonía será lenta. Y hasta aparecen algunas señales que invitan al optimismo. Así, si tuviéramos el mismo cinismo para pervertir el lenguaje del que hace gala el Gobierno de Rajoy podríamos decir que en 2012 “se ha observado una desaceleración en la caída de las ventas”. Porque de una visión (muy) optimista se podría concluir que la difusión ya no se desploma; ahora sólo disminuye. Al menos eso reflejan las cifras de la OJD: en 2012, la difusión de los cinco periódicos editados en Canarias cayó un 7,11%, menos que el 7,25% que descendió el año anterior.

¿Funambulismo numérico? Pues sí, pero también lo hacen algunos dirigentes políticos para vender el descenso del paro y no se ponen colorados. No son las únicas cifras que invitan al optimismo; o al terror, según se mire. Porque en paralelo a la brutal destrucción de empleo que ha sufrido el sector, la matriculación en carreras de periodismo ha aumentado un 2,5% entre 2011 y 2012. “El desajuste que existe entre la universidad y el mercado laboral es paradigmático”, señala el profesor Luis Palacio en el Informe Anual de la Profesión Periodística 2012. En el texto se destaca que durante el año 2011 se licenciaron en periodismo 2.659 personas y que desde 1976 se han licenciado en esta carrera unos 75.000 alumnos que están en edad de trabajar. Aunque, lamentablemente, muchos de ellos no lo hagan.

El periodismo, por tanto, aún le resulta atractivo a los jóvenes. Aunque la realidad laboral es preocupante. No sólo por las constantes rebajas salariales de los que aún trabajan o por las alarmantes cifras de paro, sino porque un cuarenta por ciento de los periodistas que ejercen la profesión por cuenta ajena trabaja en un gabinete de comunicación. Y entre el creciente número de autónomos, dos tercios reconocen que han apostado por este modo de actividad forzados por las circunstancias. Si descendemos a la prensa en papel y a la realidad local, la sensación es desoladora: en el último lustro han desaparecido 21 periódicos regionales, amén del nacional Público. Así, Guadalajara ostenta el dudoso honor de ser la primera provincia española sin periódico propio y en 2013 se le unió Cuenca. No será la última.

Curiosamente, ambas provincias están en Castilla-La Mancha, la comunidad autónoma con un porcentaje más bajo de lectura de prensa diaria. La situación se asemeja al paraíso para cualquier político en el poder, María Dolores de Cospedal en este caso: sin incómodos periódicos provinciales y con una televisión autonómica controlada, la información local se reduce a la nada. O a los datos que faciliten los gabinetes de prensa. Y en Canarias la situación no es mucho mejor. Sólo el cuarenta por ciento de la población adulta lee prensa diariamente en el Archipiélago. De los que la compran (no sólo la leen), mejor no hablar. Porque la realidad indica que, en el último lustro, algunas cabeceras han perdido la mitad de sus ventas. Y de sus ingresos publicitarios. Y no toda la publicidad que ha huido del papel se ha refugiado en Internet.

La calidad de los periódicos que se editan en Canarias no ha caído tanto como las ventas. Pero también ha menguado, justo es reconocerlo. Sería imposible no hacerlo si en las redacciones hay menos profesionales, los medios son menores, los salarios más bajos, el espacio menor y disminuyen también las opciones de hacer reportajes, de investigar, de contrastar… Y la demanda de un buen producto aún existe. Porque los informes más recientes, del año 2011, no del Jurásico, nos indican que en Canarias más de la mitad de la población prefiere el papel para informarse. Y pagando. Y que las cifras de lectura (que no de consulta) en Internet son ridículas. Y que, directamente, los que pagan o están dispuestos a hacerlo por leer contenidos en Internet son una minoría. Una minoría, pero muy, muy minoritaria.

Confirmado ya que Internet no es la solución a todos los males y que publicitariamente no reporta unos ingresos extraordinarios, tal vez no sería malo que la prensa escrita, incluyendo la regional, apostara por algunas soluciones sencillas, de esas que no van ligadas a revoluciones tecnológicas, recetas mágicas o golpes de efecto. Una opción a considerar es la más obvia, el buen periodismo: un diario con más noticias que propaganda, con reportajes interesantes, bien escritos, con fotografías espectaculares (o al menos adecuadas), infografías, tablas con datos, análisis completos, algo de opinión, investigaciones exhaustivas… Y también, por qué no, alguna promoción (de coches a pequeños electrodomésticos) que fidelice o capte lectores, alguna revista los fines de semana…

En resumen, una oferta que no puedan dar otros medios más inmediatos, con la radio y la televisión a la cabeza. Todo ello cuesta dinero, sin duda, pero algo diferente hay que ofrecer para que un lector se anime a ir al kiosco y gastarse (poco más de) un euro.

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