Las finanzas no tienen memoria

Los mercados impulsaron el crecimiento en 2017 a lomos de la borrachera de liquidez proporcionada por el Banco Central Europeo.

Cuando se escribe unas notas para un anuario, se corre el riesgo de trasladar de forma superficial lo acontecido en esos días pasados. Sin embargo, para otros y también para mí, es una oportunidad para reflexionar y apuntar, aunque sea brevemente, lo qué en materia financiera fue ese 2017.

Jorge Valdano dijo: “El fútbol no tiene memoria”. Hoy me permito aplicarlo también a las finanzas, pues aunque pudiera pasar desapercibido, el año acabó siendo uno de los mejores de la última década, y pese a que sentimos aún los efectos de la llamada “crisis de nuestras vidas”, vivimos un año de crecimiento global, siendo además especialmente generoso con España y con las Islas.

Los tipos de interés, protagonistas principales de la economía y de las finanzas, se mantuvieron estables en Europa, en esa anómala situación, en donde su rentabilidad fue negativa, situación que no había ocurrido en la historia económica del hombre, desde al menos dos mil años. Es algo difícil de entender, pero eso se traduce en que un tercio de los bonos emitidos por los Estados de Europa tuvieran un rendimiento negativo.

Muy probablemente, dentro de algunos años, se considerará un gravísimo e histórico error, pero muchos han aplaudido esta decisión, que es equivalente a arrendar una casa y tener que pagar al inquilino por vivir y disfrutar de ella, algo así como el mundo al revés.

En este sentido, el Banco Central Europeo mantuvo a lo largo del año su tono expansivo en la política monetaria con tipos de intervención al 0% y con su programa de expansión cuantitativa, si bien, en el último trimestre comunicó que iniciaría una reducción de las compras de deuda a partir de enero de 2018.

Uno de los inconvenientes principales con el que se enfrentó Mario Draghi para reducir estos peligrosos estímulos monetarios fue la no esperada fortaleza del euro frente al dólar, llegando a revalorizarse más de un 15% frente a la divisa norteamericana. Otro fue la tampoco esperada contención de la inflación y la de sus expectativas.

Entorno tóxico

Con este entorno algo tóxico, también los mercados de renta fija nos sorprendieron manteniendo una estabilidad inesperada y los mercados de renta variable crecieron de forma global, obviado estas complicadas circunstancias, pero apoyados principalmente en un justificado motivo, la mejora del crecimiento económico mundial y los resultados de las compañías cotizadas.

Este curioso cóctel se tradujo en un comportamiento muy positivo de los mercados financieros, especialmente en las acciones y los bonos, que se vieron aderezados por un nivel de volatilidad muy por debajo de la media histórica.

El 2017 sin duda, fue un buen año en materia económica, hasta el punto, que instituciones como el FMI, anunciaron modificaciones de sus predicciones al crecimiento mundial y al de España, variaciones al alza, cuando hemos estado acostumbrados durante años, quizás décadas, a que esas modificaciones fueran a la baja, enfriando siempre sus iniciales expectativas. Esta mejora del crecimiento, sustentada también por el importante crecimiento del comercio mundial, con tasas al doble de lo que lo hizo en el año 2016, hicieron que se generara una cierta alegría en los mercados financieros en este 2017.

En el caso de Europa, Alemania y España fueron los protagonistas, pero la mejora de Francia e Italia también fue notable. Factores como un entorno mundial más positivo se trasladaron en una intensa creación de empleo, y esos adulterados tipos de interés, junto con una importante reducción del endeudamiento del sector privado, volvieron a propiciar un muy buen comportamiento del consumo privado, de las exportaciones y también de la inversión. Se logró así, en estas excepcionales condiciones, un circulo virtuoso.

No todo fue ni es bueno en la economía española, en el ejercicio pasado y en el actual, pues presenta aspectos que la hacen vulnerable: una elevada tasa de desempleo, un déficit público también muy elevado, y un alarmante peso de la Deuda Pública, lo que implica una excesiva dependencia de la financiación exterior, comprometiendo nuestra estabilidad económica y también política.

Aun así, España destacó a los ojos del contexto internacional con tasas de crecimiento muy elevadas, circunstancias que se mantuvieron a pesar de la tensión política generada en la segunda mitad del año por la cuestión catalana. Una pena sin duda.

La Bolsa española, bien

El IBEX 35, principal índice de nuestra bolsa, cerró el año con una subida del 7,4%, pero si tenemos en cuenta los dividendos la rentabilidad llegó hasta el 11,25%. Con un solo pero, y es que en la primera parte del año, se acumulaba unas ganancias del 19%, para posteriormente, por la incertidumbre política generada en Cataluña, perder un 10%.

A este final caliente del 2017 se une también la llegada y la influencia de Donald Trump. Él solo se ocupó de revolucionar la Reserva Federal norteamericana, y esta, ante las expectativas de inflación y gracias a los posibles estímulos de su programa fiscal, aceleraba la vuelta a la normalidad de la política monetaria con tres subidas de 0,25% en abril, junio y diciembre, hasta alcanzar el nivel del 1,50% y adicionalmente, comenzaba la reducción de su balance con el abandono de la reinversión de los vencimientos de deuda. Todo esto con las bolsas americanas eufóricas en esa esperanza Trumpiana.

Realmente, y por un año más, los mercados norteamericanos volvieron a mostrar una gran fortaleza sostenidos por un dólar más débil y el buen comportamiento de su economía y a pesar del sesgo restrictivo que va tomando la política monetaria de la Reserva Federal, sus principales índices han alcanzado rentabilidades por encima de la media mundial: el Dow Jones subió un 25,1%, el S&P 500 un 19,4% y el Índice Nasdaq 100 un mágico 31,5%, completando una impresionante racha de nueve años consecutivos de ganancias y alcanzando máximos históricos de forma repetida durante el año. Otro que también se comportó muy bien dentro de los mercados desarrollados fue el índice Nikkei de Japón, que acabó marcando un excelente registro anual con una subida del 19,1%.

Otra clave, más de empresa, es la tendencia hacia una mayor diversificación de la financiación empresarial en España, una necesidad que afortunadamente, es cada vez más patente y en el caso de las principales compañías cotizadas se ha producido de forma muy acelerada. El Banco de España lo recogía así en informe anual: “Se está produciendo un proceso de desintermediación de la financiación de las empresas españolas. Aunque es un fenómeno global su intensidad ha sido algo más marcada en España, donde el grado de bancarización ha sido tradicionalmente mayor que en otras economías de nuestro entorno”. Los recursos propios de las empresas aumentaron un 24% y la financiación bancaria se redujo un 42%. En suma, más capital, menos endeudamiento y más diversificación de este.

En cuanto a las familias, su patrimonio o riqueza financiera neta vuelve a mejorar con respecto a los años anteriores, convirtiéndose en los últimos años en un apoyo fundamental de la recuperación de la economía española. El aumento y revalorización de la cartera de renta variable y de participaciones en Fondos de Inversión son en buena medida responsables de este positivo comportamiento.

El año acabó con la llegada del MIFiD II, normativa que someterá a los mercados de capitales a importantes modificaciones, que suponen un refuerzo de la transparencia y la protección del inversor.

En definitiva fue un buen año, pero tampoco lo pareció.

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