El PSC navega entre dos aguas sin nadar con un rumbo fijo

El año 2005 para el Partido Socialista Canario comenzó, en términos políticos y parlamentarios, con la ruptura de negociaciones referidas a la reforma del Estatuto de Autonomía (lo que en varios círculos tuvo la lectura del incremento de la beligerancia de los socialistas hacia el Gobierno regional) y culminó con el apoyo, por primera vez desde 1992, a los Presupuestos de la Comunidad Autónoma elaborados por el Ejecutivo canario.

Sin embargo, este apretado resumen puede llevar a una conclusión errónea: que los socialistas canarios culminaron en 2005 su particular travesía del desierto, iniciada con la moción de censura presentada a Jerónimo Saavedra en la primavera de 1993, y que Juan Carlos Alemán había conseguido llevar a su partido a sentarse en los consejos de gobierno. Pero no fue así. La realidad es mucho más complicada y, precisamente, esa complejidad fue motivo de disensiones internas que culminaron con varios cuestionamientos públicos e, incluso, con la remodelación de la Portavocía en el Grupo Socialista del Cabildo de Tenerife.

En 2005, casi un año después de la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero y de su desembarco en La Moncloa, los socialistas canarios todavía estaban pendientes de un guiño por parte de Coalición Canaria (CC) o del presidente del Gobierno, Adán Martín, que indicara una ruptura del pacto gubernamental entre los nacionalistas y los conservadores que timoneó la política canaria desde 1996 para dar cabida en el Gobierno a los socialistas. No en vano, CC siempre había hecho gala de su máxima política de pactar en Canarias con el partido que gobernara en el Estado.

Pero pasaban los meses y todo seguía igual, pues tanto Adán Martín como el máximo dirigente de CC, Paulino Rivero, consideraban que mantener el pacto con el PP venía muy bien a sus intereses estratégicos de cara a las elecciones autonómicas y locales de 2007, ya que se mantenía la división provincial de la tarta electoral (se dejaba en manos de José Manuel Soria la provincia de Las Palmas y CC seguía teniendo la sartén por el mango en Santa Cruz de Tenerife) y los socialistas seguían apartados de la púrpura del poder regional.

Tras el efecto Zapatero de 2004 se vivieron momentos de euforia en el socialismo canario, que comenzó a visionar la luz a la salida de un angosto y larguísimo túnel. Incluso Juan Carlos Alemán adelantó el Congreso Regional y muchos apoyaron su reelección creyendo que a cambio podrían conseguir cargos en el futuro gabinete de coalición. Para facilitar las cosas, la dirección regional y el Grupo Parlamentario optaron (salvo un par de excepciones) por rebajar el tono de enfrentamiento y de control al Gobierno como camino para facilitar a Adán Martín la ruptura con el PP y la rúbrica de una nueva coalición con el PSC.

Pero en los albores del año 2005, el escenario político canario estaba igual que nueve meses antes, cuando el PSOE arrebató en las urnas, contra el pronóstico demoscópico y del PP, el Gobierno de España a los conservadores. Y esa realidad comenzaba a rechinar internamente en varios dirigentes del PSC, que empezaban a sospechar que la política de darle paños calientes al gabinete de Adán Martín no iba a dar los resultados apetecidos y presionaron por darle una vuelta de tuerca a los nacionalistas para precipitar la salida de los conservadores de Ejecutivo regional. Por ese motivo, los socialistas comenzaron a poner palos en los radios de las ruedas del Gobierno regional con el fin de hacerlo volcar: el plante en la ponencia de la reforma del Estatuto de Autonomía y muchos reparos a la hora de renegociar con el Estado los convenios de infraestructuras.

Sin embargo, el vehículo siguió su camino durante meses porque las relaciones en Madrid entre nacionalistas y socialistas (incluso entre Adán Martín y Rodríguez Zapatero) eran bastante aceptables. Fue el 20 de mayo cuando, por fin, la bicicleta gubernamental pinchó, aunque no tanto por la estrategia de los socialistas como por la torpeza del propio José Manuel Soria, que siguiendo al dictado las directrices de la dirección nacional del PP consiguió autoexpulsarse del gabinete por su empecinamiento en boicotear las negociaciones bilaterales entre Canarias y el Estado.

Y fue ese día cuando el PSC comenzó a navegar entre dos aguas, flotando a la deriva en el mar político canario sin saber transmitir a la sociedad y a su propio electorado, amén de aquellos simpatizantes de izquierda que han preferido abstenerse que votar a los socialistas (y lo que es más grave, a su militancia y gran parte de sus cuadros dirigentes), que saben nadar con un rumbo fijo. De hecho, nada más anunciarse la crisis del gobierno y su remodelación, Alemán hizo público su apoyo al mismo sin necesidad de que el PSC se sentara en las deliberaciones del gabinete.

El socialismo tinerfeño, adversario secular y natural de la ATI evolucionada al nacionalismo actual, no quería oír ni hablar de pactar ni de negociar y únicamente en Gran Canaria (campo de batalla entre los socialistas y Soria tras la debacle de CC) se insistía en la necesidad de conseguir cotas de poder con el fin de pagar a los conservadores con la misma moneda con la que habían mandado al limbo político al PSC en 1996. Ante esta tesitura, el secretario regional optó por la decisión más difícil y complicada: no contentar a ninguna de las facciones internas. Los socialistas, desde mayo de 2005, apoyan puntualmente al Gobierno en minoría de Adán Martín a cambio de incluir puntos concretos de su programa en las políticas del Ejecutivo y mantienen la labor de control al Ejecutivo.

Errores de explicación

Sin embargo, desde la dirección regional no se ha sabido sacar partido a esta situación. No se ha explicado lo bueno que para el partido y la sociedad afín al PSC ha tenido la elaboración de los Presupuestos de la Comunidad Autónoma (resultó kafkiano que fuera el consejero de Economía y Hacienda, José Carlos Mauricio, y no el propio Alemán quien dijera que las cuentas autonómicas eran más sociales gracias a las aportaciones socialistas, como por ejemplo extender la gratuidad de los libros de texto) y varias de las decisiones del Gobierno en la segunda mitad del año y se ha instalado la sensación de que el PSOE canario está apoyando gratuitamente a CC.

Esta sensación está siendo utilizada por los propios enemigos internos de Juan Carlos Alemán, que usan esta indefinición pragmática del máximo responsable de los socialistas canarios para comenzar a moverle la silla de cara a la candidatura a la Presidencia del Gobierno en el año 2007. Los nombres de Jerónimo Saavedra y Juan Fernando López Aguilar han comenzado a sonar como candidatables en el último tercio de 2005 como una suerte de crítica soterrada a la labor de Alemán y a su blanda forma de ejercer oposición.

El máximo dirigente de los socialistas canarios tiene, por tanto, todo el año 2006 para explicar claramente el rumbo de sus decisiones y convencer a propios y extraños de que ayudar a la gobernabilidad de Canarias no es incompatible con hacer una dura labor de oposición en aquellos asuntos que sean necesarios. Frente a los que piensan que Alemán querrá aprovecharse de los buenos vientos electorales que prevén un vuelco en los comicios de 2007 sin mover ni un dedo, la actual dirección regional tiene todo un año para demostrar que, si los socialistas ganan en las próximas autonómicas, es por la labor realizada y porque se ha sabido gestionar bien la oportunidad de ser decisivos, 14 años después, en el diseño de las políticas esenciales para el Archipiélago.

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