El año en el que Puerto de la Cruz vio la luz al final del túnel

Una frase hecha pública por el alcalde del Puerto de la Cruz, Marcos Brito (CC), puede condensar todo lo vivido y sufrido en esta ciudad norteña durante 2005: “Empezamos a ver la luz al final del túnel”. El alcalde aseguró a la prensa que el fin de la crisis de la ciudad está cerca y, por eso mismo, hizo un llamamiento general a “la recuperación del optimismo”.

En términos similares a los de Brito se expresó el presidente regional, Adán Martín, para quien el Puerto mantiene intactos todos los valores que en otro tiempo le hicieron pionero y vanguardia del turismo: “El Puerto tiene futuro; sólo le falta renovación”. Esa es una proclamación unánime de las autoridades, aunque no han faltado voces críticas significadas, como el presidente de Ashotel, Pedro Luis Cobiella, quien apuntó en un foro turístico que el problema de la ciudad es la “falta de un liderazgo político, social y empresarial”. Dentro del Ayuntamiento portuense, la luz del final del túnel la encendió un concejal controvertido. El año arrancó con la noticia de que Luis Gómez abandonaba el PP y pasaba a la condición de edil no adscrito. Esa decisión, tan esperada como polémica, terminó siendo crucial para el futuro inmediato del consistorio. Poco después, Gómez se incorporó al grupo de gobierno de CC, con la suculenta cartera de Urbanismo y Medio Ambiente, y proporcionó la mayoría absoluta que tanto buscaba el alcalde Marcos Brito desde que en agosto de 2004 decidió romper la alianza con el PP, harto de los caprichos de Eva Navarro.

Luis Gómez, cual oportuno sereno, dio luz, no al túnel que decía Marcos Brito, pero sí al gobierno municipal minoritario de los nacionalistas. Brito se aseguró así la estabilidad de su gobierno, pero ni mucho menos la tranquilidad. El fichaje de Luis Gómez -desde ese instante sistemáticamente denostado y tachado de tránsfuga por sus antiguos compañeros populares- ha marcado un año muy convulso en el consistorio, en el que fueron constantes los enfrentamientos entre el gobierno y la oposición, especialmente entre los ediles CC y la portavoz del PP, Eva Navarro, con amagos incluso, de denuncias judiciales y con espectáculos poco edificantes en los medios de comunicación y en el mismísimo salón de plenos. Desde este punto de vista, el 2005 fue un año de más bronca que nueces en el Ayuntamiento portuenses.

La ciudad turística está inmersa desde hace dos décadas en un proceso de revitalización que no termina de materializarse por la carencia de inversiones públicas y privadas con las que poder realizar las grandes infraestructuras pendientes. No termina de llegar la lluvia de millones desde las administraciones que algunos anunciaban para el Norte en este mandato. Pero es cierto que durante 2005 se produjeron en el Puerto hitos reseñables que alimentan nuevas esperanzas. En la lista de logros hay que citar la puesta en funcionamiento de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) y el avance en la instalación de la nueva red de saneamiento; la reforma integral del Lago de Martiánez (con la incorporación de una iluminación vanguardista y el próximo traslado del Casino Taoro); la compra del antiguo convento de Santo Domingo para nueva sede consistorial; la rehabilitación del Jardín Histórico de Martiánez y el Paseo de Las Palmeras; el reinicio de los trabajos de reacondicionamiento del Camino de la Sortija (Parque Taoro); la inauguración del terrero de lucha de Punta Brava; el comienzo de las obras del nuevo Centro de Salud del casco y de la Casona de San Antonio; y la reforma de la Piscina Deportiva Municipal. En el ámbito privado, fue muy significativa la reforma integral del Hospital Hospiten Belleuve y la reapertura del antiguo hotel Las Aguilas. Tras 15 años de reformas y problemas, el emblemático hotel renació en lo alto de la montaña de Las Arenas como un ave fénix premonitorio de la revitalización de la ciudad.

Esos son los hitos que parecen señalar la inminente salida del túnel del pesimismo en que ha estado sumida una ciudad necesitada de una profunda renovación de todas sus infraestructuras, incluida su planta alojativa. La gran asignatura pendiente sigue siendo el Puerto Deportivo-Pesquero y Parque Marítimo Municipal, cuyas obras ahora se prevén adjudicar en 2006. Para muchos, ese anhelado proyecto es la puerta del futuro de la ciudad y la comarca. Y tan esperanzador es el haber, como preocupante el debe. Grandes incógnitas son todavía la olvidada ampliacion del Jardín Botánico, la reforma del Parque San Francisco, la construcción de la Ciudad Deportiva de San Felipe y el polémico proyecto privado de un teleférico entre La Paz y Martiánez. Por distintas razones se han retrasado las obras de la variante de Las Dehesas, la reforma de la Cofradía de Pescadores y la compra de la Casa de Ventoso. El Plan de Choque Turístico no ha salido aún del papel y el eterno conflicto del edificio Iders sigue sin resolución, a pesar de que la mayoría de los propietarios ha acordado la rehabilitación del inmueble. Hay muchas cosas estancadas que estancan el progreso de la ciudad.

La privatización de Pamarsa

Obras y proyectos aparte, un acontecimiento de distinta naturaleza ha destacado este último año en el Ayuntamiento: el acuerdo de concesión administrativa de los bares y restaurantes de la empresa municipal Pamarsa. Esa medida ha sido el punto de arranque de la política de privatizaciones diseñada por el grupo de gobierno de CC, que demostró que no cree en lo público. Los próximos en la lista serán los servicios de Limpieza y Jardines. Parecida polémica despertó también la venta de parcelas municipales en El Tejar y el consiguiente y precipitado traslado del Centro de Enseñanza de Adultos a la Universidad Popular Municipal Francisco Afonso. Eso sí, si hacemos caso a las afirmaciones del alcalde, 2005 reportó al Puerto de la Cruz más luces que sombras, en un año señalado por la conmemoración -poco lucida, por cierto- del 50º aniversario de la declaración ministerial de esta ciudad como “lugar de interés turístico”. Sin duda, el balance constata que se han empezado a recoger los frutos de muchos años de gestiones y esfuerzos sembrados durante varios mandatos municipales.

Sí, hay razones para el optimismo. Pero el túnel por el que camina el Puerto es aún largo y no se podrá alcanzar la salida sin la unidad de todos los agentes sociales y de la ciudadanía, y sin la ayuda externa en forma de mayores inversiones que la ciudad necesita, reclama y merece por su historia y población. Puerto de la Cruz fue en otro tiempo el principal impulsor del desarrollo de la isla, una isla que ahora debe corresponderle solidariamente para que el viejo motor pueda repararse, ponerse a punto y recuperar un protagonismo que, por lo demás, es vital para el desarrollo equilibrado del Norte y de todo Tenerife. Podemos ser optimistas, pero también más exigentes.

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