Para el anuario. Urgente

No sé lo que es, o lo que son, 65 líneas o 900 palabras en Word (Times New Roman, cuerpo 12), porque no llegué a tiempo para iniciarme en estos sistemas informáticos o electrónicos o como se llamen. Ya ha llovido mucho y muchos calores han pasado desde que yo trabajaba en las platinas, linotipias y estereotipias y, desbordada la madrugada, me metía por las salas de rotativas oliendo tintas y observando pruebas, y de mis paseos años más tarde, mientras trabajaba, por los sistemas ópticos de caracteres, OCR, y todo ello para aprender desde abajo; pero la realidad es que los ordenadores y sus pantallas no los sé manejar. Quiero decir que en la actualidad soy un analfabeto informático. Hoy, ni me acerco a estos medios electrónicos, ya lo habrán adivinado, aunque algo conozco, muy poco, de estos modernos artilugios, y hasta a la máquina de escribir, ni la miro. Eso sí, mi pulso para manuscribir sigue siendo firme y, creo, sensato y prudente, y dicho con inmodestia, elegante, y si se me admite algo más, hasta justiciero.

La paciencia de mis colaboradores recoge con eficacia lo que dicto, que después de pasado por la pantalla corrijo y vuelvo a corregir y corrijo de nuevo, no más allá, nunca, de dos o tres veces, cuatro veces a lo sumo. Siempre las ideas y la redacción responsable que más tarde aparecen en las páginas han sido y son mías, pues bueno fuera que mi pensamiento y responsabilidad los dejara en otras manos, tal vez inexactas aunque bien intencionadas, quién sabe, o poco interpretativas -a los pensamientos me refiero- de quién sabe qué otras personas. Un belitre godo y lanzado que duró mucho en esta Casa me dio una fuerte paliza recogiendo lo que era enteramente mío, ideas y palabras, haciéndolo pasar por suyo a sus amigos políticos, y yo confiado, tonto; pero, afortunadamente, se ha ido demostrando que sin él todo marcha mejor. Y quiera Dios que no remache a otros. Con estas palabras amargas intento cumplir con eso del Word (Times New Roman, cuerpo 12).

Me pasó con el año 2005 lo mismo que me ocurrió el último día de 1981, un año más, uno cualquiera. No recuerdo ahora por qué deseé ansiosamente que se fuera de una vez y sonaran rápidas las campanadas que daban entrada a 1982. Ese 2005 último que ha finalizado, por suerte, y que casi acabó conmigo por varios motivos, que se vaya a… allá él. Y entro en materia. En mi Casa de El Día el 2005 ha sido un año bueno, pero para Tenerife no lo ha sido nada. No se ha salvado aún el CD Tenerife o SA, pero sí se salvó milagrosamente el turismo, a pesar de ciertos desaciertos políticos y de otra índole, equivocaciones y desgracias naturales que enturbiaron el año que se avistaba benéfico y feliz. Desaciertos, muchos, el más destacado el desahucio jurídico de unos ciudadanos de sus casas y negocios para instalar a muchos señorías, que no lo son tales en casi todos los casos. Con los dedos de una mano, bueno, de dos, se pueden contar los que son merecedores de tal tratamiento, los que lo son de estilo y de espíritu, y de coco. Los demás, pura caca, aunque presuman y se sientan satisfechos porque los nombran señorías o políticos, y se apoyan entre sí por sistema. Ruines. Tanto monta. Otro desacierto, un proyecto político que ojalá no se lleve a cabo, porque nos arrastraría a la pobreza y a la escasez y desesperación a todos los que pagamos los impuestos: que éstos se siguen aplicando a la absurda y en realidad nada necesaria Televisión Canaria, ésa de los redactores monocordes e implacables de la capital “grancanaria”, capital “grancanaria”, capital “grancanaria”… o a la pretendida Policía autonómica. ¡Cuántas viviendas! Malos momentos pasa el país canario con su gente torpe.

Aciertos, pocos. Tal vez sí, el que hay un concepto más exacto de las islas y de su mar, y de la denominación de cada una, y de una sola: Canaria, y algún que otro político que sí va por buen camino. Lo cierto, y siguen los ciertos, es que ha sido un año que ni fu ni fa, aunque el tiempo de mejorar para bien, diría el mago, se haya ido. Este año se presiente mejor que el pasado, y queremos que impere el sentido común de nuestros gobernantes para que pongan las cosas en su sitio, que cada isla de nuestro archipiélago tenga geográficamente lo suyo, lo propio, repito, que todas estén en su sitio, que a cada una se la conozca y nombre por su nombre, que ninguna ni nadie que ejerza la política se quede con lo que es de los demás y todos podamos convivir. Y santas pascuas. En resumen, que el año 2005 ni bueno ni peor, y que menos mal que ya se fue. Lo cierto -otra vez- es que tenemos que estar sobre los malintencionados nada patriotas, que en la prensa de Tenerife encuentran su hueco. Que no favorecen a Tenerife, que escriben de “la Morenita” pero no dicen que es la Patrona General de Canarias. Bellacos.

Pregunté y me dijeron que no llego aún a las 65 líneas. Continúo, pues, a la fuerza, aunque con el calificativo del anterior punto y aparte debí acabar, finalizar esta urgencia. Qué apuro, las cosas de la sintaxis y del apartamiento del estilo periodístico. Muy poco o mucho, quién sabe, hay que decir del transcurso del año 2005 por esta comunidad autónoma, salvo esa catástrofe meteorológica, insólita, que los atrevidos eruditos calificaron de “inaudita”. Insólito, amigos. Esa catástrofe que esquilmó en Tenerife lo mucho bueno que teníamos, que arrasó con cosechas y sus cubiertas de plásticos, ¡qué ecológico!, con torretas de energía, que nos sumió en la oscuridad y en ciertos momentos también en la desesperación. Pero pronto, creo que muy pronto, se arregló lo que urgentemente se tenía que arreglar, y aquí rompo una lanza, y no soy político enemigo o amigo, por Unelco, que de una forma increíble y rápida, más rápida que en Miami, restableció el transporte de energía como pudo, y vimos de nuevo la luz, la televisión, se enfriaron los frigoríficos, los ascensores subieron y se encendieron los fuegos coquinarios, que con estos es casi igual que pasar de la prehistoria, del hacha de sílex, a los cubiertos y el mantel. Hablo en metáfora para que alguien me tache de cursi, porque me gusta que hablen de mí, aunque sea mal -ya lo dijo otro- y también aprovechar la ocasión porque cada vez que se trata de recuerdos no puedo dejar de hablar de mí, como he dicho repetidas veces en otros lugares.

Lo que no se llevó el temporal, “ventarrón” habría dicho Leoncio Rodríguez, que era el que mejor hablaba y escribía en Canarias, lo que no se llevó es la caterva política y periodística que ha quedado en pie para fastidiarnos a los isleños, y no digo en quienes pienso para que sirva de adivinanza… En fin, ahora sí creo que entro como Violante en el último terceto y cumplo con el Roman cuerpo 12, me han dicho. Total: el año 2005, ni malo ni bueno ni regular. Lo malo, la otra gente. Lo bueno, la gente que nos rodea, y yo, regular, sigo con mis metáforas y adivinanzas. Y continúa, de momento, el “gran”. “La esperanza se mantiene”. Hasta el juicio que habrá al final. El buen juicio.

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