Canarias-África, o la crónica de un reto postergado

Las relaciones humanas y la cooperación al desarrollo se estacaron en el 2019-20 al dejarse de percibir fondos europeos para fomentar la vecindad

La relación de Canarias con África ha seguido su rumbo habitual en su vertiente económica, con sus recurrentes altibajos desde el pasado año 2019 hasta el súbito frenazo de principios de 2020 provocado por la pandemia de la Covid, en función de las acciones del Gobierno autónomo, sustentadas por su Consejería de Economía y la Sociedad Canaria de Fomento Económico (Proexca), junto a las cámaras de comercio de las Islas, las organizaciones patronales, Cabildos, Zona Especial Canaria (ZEC), Casa África y otros entes competentes, derivados institucionales o con intereses en el continente vecino.

El itinerario permanece ajustado, por lo tanto, a una línea de actuación latente desde aquella dos década prodigiosa de los años 1990 y 2000 en cuanto a proyección africana, sobre todo hacia los países más cercanos al Archipiélago, es decir, Marruecos, Mauritania, Senegal y Cabo Verde, con un retroceso patente en cuanto a Malí y Burkina Faso, por la inestabilidad política, y algunas prospecciones y éxitos ocasionales en Costa de Marfil y Ghana; a lo que se suma, sorprendentemente, Argelia y Egipto como dos sólidos pilares de última hora de los intercambios comerciales, el primero sustentado en exclusiva en el capítulo denominado combustibles y el segundo en el de vehículos terrestres.

En cuanto a la vertiente de relaciones humanas, cooperación al desarrollo e interés por las comunidades africanas cercanas en el bienio 2019-20, el estancamiento es evidente desde que Canarias dejó de percibir los cuantiosos fondos europeos para fomentar la vecindad con África y acciones de convergencia de los países más cercanos, salvo ocasionales iniciativas de organizaciones no gubernamentales que continúan con mucha voluntad, y no pocas veces con muy poco presupuesto, levantando escuelas y dotando de energía con pequeños sistemas eólicos o fotovoltaicos sobre todo a aldeas perdidas en el interior de Senegal.

Constatar que las cifras de Canarias en África y viceversa son más testimoniales que otra cosa no es pesimismo, dado que se perciben problemas de talla para asumir aquel proyecto ocurrente de la Plataforma Tricontinental y rentabilizar así la ubicación geográfica de las Islas, tanto a nivel comercial como por el supuesto liderazgo en acciones internacionales que implican al continente vecino en los programas de la Comunidad Autónoma; una tendencia inercial que se mantiene desde hace una década en un escenario marcado por las oleadas de la migración que llegan a las costas del Archipiélago y algún ejemplo llamativo de éxito exclusivamente comercial de inversión canaria en los países citados, atribuible, casi siempre, al empuje e internacionalización de la propia marca unipersonal, comercial o empresarial.

Escasa inversión inversa

Un reciente estudio encargado por Proexca expone que los flujos de inversión desde África en Canarias son “escasos”, porque en 2019 solo representaron un montante melancólico de 9.250 euros, correspondiente a inversiones procedentes de Angola, Ghana y Mauritania, éste último estado (con algo más de cuatro millones de habitantes) erigido en principal cliente de las Islas; mientras que otro informe de la Zona Especial Canaria destaca el escaso impacto económico en la Comunidad Autónoma de las pocas sociedades de origen africano que han fijado algún interés financiero en las Islas, en cualquier caso procedente de Argelia, Egipto, Líbano y Sudáfrica, en capítulos que se suponen procesos de tránsito o pasivos, cuando no algo opacos.

Desde hace unos años el sector público y privado del Archipiélago implementa acciones de captación de potenciales clientes africanos del sector de la sanidad y el turismo de salud, si bien los africanos eligen hoy por hoy Marruecos y Túnez, por coste y cercanía, además de Francia

No obstante, Proexca ha seguido ofreciendo facilidades para la internacionalización de las pymes canarias con sus programas anuales Aporta y también con sus becas de negocios, un esfuerzo mantenido para estimular las iniciativas empresariales en esa dirección, mientras que el Hub Europeo de Negocios con África ha acompañado a las prospecciones y el desarrollo de proyectos con los 997,7 millones de euros procedentes del Fondo Regional Europeo (Feder) para el período 2014-2020.

También la marca Canary Islands, European Business Hub in Africa ha contribuido a la visibilidad de las Islas como puente de las inversiones del resto del mundo en esta parte del continente, mientras que Casa África, ubicada en Las Palmas de Gran Canaria, sigue aglutinando todos aquellos planos posibles, en función de su presupuesto de cada año, de un continente que evoluciona de forma desigual, desde la economía a la cultura, pasando por la inmigración o la seguridad en el Sahel, en una situación de guerra permanente desde el hundimiento de Libia en el año 2011, con la muerte de Gadafi y la posterior irrupción en esa franja desértica del armamento que poseía en sus arsenales y una importante cifra no determinada de milicias mercenarias que sostenían el régimen del ex presidente de la Unión Africana y líder de la rebelión continental hacia los intereses de Occidente y que ha condenado a un retroceso ostensible en sus aspiraciones de progreso a los países colindantes.

Consorcios de I+D

Cabe resaltar asimismo la actividad llevada a cabo por el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), su promoción e impulso a proyectos canarios a través de consorcios internacionales en I+D en África Occidental con países prioritarios como objetivo que el último bienio de 19-20 tuvieron a Senegal, Costa de Marfil y Ghana como protagonistas y sendos capítulos destacados: las energías renovables y el tratamiento de aguas residuales.

Asimismo, las universidades canarias han continuado esforzándose por seguir inculcando la mirada hacia el continente vecino, en ocasiones con loables iniciativas, si bien se echa de menos un sólido liderazgo de ambas instituciones académicas en el contexto del Archipiélago, pues no parecen haber entendido de forma clara que el alcance de sus acciones influiría decisivamente en el papel de Canarias respecto al desarrollo de los países cercanos.

Como dato orientativo cabe señalar que el número de estudiantes en 2019 de África en las Islas fue de 148, procedentes, sobre todo, de Marruecos y Guinea Ecuatorial, según un informe de Proexca.

Bien es verdad, también, que la comunidad autónoma canaria figura como cuarta por la cola en España en cuanto al nivel de idiomas de sus ciudadanos, a pesar de su especialización como una de las principales industrias turísticas de Europa. Es una asignatura pendiente a tener en cuenta a la hora de interactuar con los mercados africanos, que se hablan sobre todo en francés e inglés, además de bereber, árabe y lenguas autóctonas subsaharianas.

Por otra parte, desde hace unos años el sector público y privado del Archipiélago implementa acciones de captación de potenciales clientes africanos del sector de la sanidad y el turismo de salud, si bien los africanos eligen hoy por hoy Marruecos y Túnez, por coste y cercanía, además de Francia. La dificultad en España para convertirse en destino de esta actividad es principalmente, según el mismo estudio, la complejidad para obtener visados con tiempo.

Irrupción de la COVID

A partir del primer confinamiento por la COVID en España, el día 14 de marzo de 2020, las estadísticas enmudecieron por motivos obvios. La maquinaria se detuvo en todo el país y, por ende, en Canarias, posponiendo cualquier iniciativa relacionada con el continente vecino. Todos los proyectos fueron frenados por causa de fuerza mayor, mientras que los países cercanos africanos emprendían sus respectivas acciones para neutralizar la pandemia, una reacción que tuvo en Marruecos el ejemplo continental a seguir, con una puesta en escena inmediata en cuanto a las medidas tomadas por el gobierno de Rabat por su consistencia, logística e inversión económica, prácticamente al mismo nivel de planificación que sus vecinos europeos.

Caso aparte, y preocupante, es la persistencia de las migraciones procedentes de la costa occidental africana que afectan a Canarias de forma directa y progresiva como frontera sur atlántica de España y Europa, y cuyas causas hay que buscarlas, una vez más, en el abismo económico que separa a las comunidades africanas de Occidente, un problema complejo, progresivo y lacerante que no remitirá mientras no se generen políticas decididas desde Bruselas y Madrid para coadyuvar soluciones en países desestructurados, empobrecidos e inertes por la incapacidad manifiesta de explotar sus propios recursos y acceder a los mercados de Europa y el resto del mundo.

En última instancia, esa reacción se hace esperar y no se ve en el horizonte un gran presupuesto de Europa a la altura de la gran desconexión africana, mientras se gana tiempo con intentos, como el III Plan África de España, que rebosan de buenas intenciones, planteamientos atinados, objetivos claros, pero se empantanan en la inhibición de una población que solo tiene noticias de guerras, pobreza, hambrunas, inmigración o terrorismo islámico, procedente de un periodismo africanista que a veces parece contaminarse con el tremendismo que atrae el negocio del mundo actual de la poscomunicación.

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