Este 2026 se cumplen 40 años desde que Canarias emprendió su camino europeo. Han sido cuatro décadas de avances, de integración, de oportunidades y también de desafíos. Pero para entender de verdad lo que ha supuesto este trayecto, hay que recordar que nuestra incorporación a la Unión Europea no fue igual que la del resto del país.
En 1986, cuando España ingresó en la entonces Comunidad Económica Europea, Canarias no lo hizo de forma plena. Solo tras una negociación específica que permitió preservar el Régimen Económico y Fiscal (REF), piedra angular de nuestra identidad económica desde 1852, pudimos dar el paso definitivo. La integración plena llegó en 1992, una vez que el marco jurídico europeo se adaptó a nuestra realidad territorial, económica y social. Al fin y al cabo, somos parte de Europa, pero esta gran Unión nunca ha dejado de respetar y entender nuestras particularidades.
Ese encaje singular ha sido reforzado con el tiempo. En 2007, la UE reconoció a Canarias como Región Ultraperiférica (RUP) a través del artículo 355 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Esta categoría no es meramente administrativa: implica que Europa reconoce nuestras desventajas estructurales —como la lejanía, la insularidad, la fragmentación territorial o la dependencia económica de sectores vulnerables— y se compromete a darles respuesta mediante políticas y medidas específicas (artículo 349 del TFUE).
Uno de los principales pilares sobre los que se apoya este reconocimiento es el propio REF. Lejos de haber sido suprimido por nuestra integración europea, el REF ha sido incorporado y protegido jurídicamente en la legislación de la UE. Este régimen nos permite aplicar incentivos fiscales a la inversión y al comercio, desarrollar políticas activas de empleo y promover la formación profesional. No obstante, no basta con tener un marco legal adecuado: ahora más que nunca es fundamental avanzar en su aplicación práctica para que los beneficios lleguen de forma más directa y efectiva a toda la población.
Otro eje fundamental es el programa POSEI, diseñado específicamente para compensar los sobrecostes de producción y distribución que soportan las regiones ultraperiféricas. Este programa ha sido vital para sostener el sector primario canario, desde el cultivo del plátano hasta otras producciones locales que, sin este apoyo, no podrían sobrevivir ante la competencia de países terceros. El POSEI no solo garantiza la viabilidad de nuestros productos, también permite mantener vivos nuestros campos, asegurar el autoabastecimiento y preservar el tejido social y cultural que gira en torno al mundo rural.
Pero el mundo ha cambiado, y el contexto económico también. La inflación, la crisis energética, las tensiones geopolíticas y el cambio climático están elevando de forma considerable los costes de producción agrícola. Por eso, ahora que se acerca la revisión del Marco Financiero Plurianual de la UE, es el momento de pelear por una actualización del marco financiero del POSEI. No podemos permitir que este programa siga funcionando con cifras obsoletas que no reflejan la realidad del campo canario. Además, urge establecer un esquema similar para el sector pesquero, igual de estratégico para nuestra soberanía alimentaria y económica.
Tampoco debemos olvidar los fondos de cohesión. Durante décadas, estos recursos han sido fundamentales para reducir las desigualdades regionales y permitir el desarrollo de infraestructuras, iniciativas educativas, sostenibilidad y diversificación económica. En Canarias, han sido clave para avanzar más allá del turismo, apostando por sectores emergentes, la innovación, la economía verde o la digitalización. Sin embargo, su gestión aún presenta desafíos: necesitamos una implementación más ágil y eficaz que maximice su impacto en términos de empleo, equidad y desarrollo sostenible. En definitiva, necesitamos asegurarnos de que el dinero llega a donde debe.
A todo ello se suma uno de los retos más complejos y urgentes de los últimos años: la inmigración. Como frontera sur de Europa, Canarias ha soportado una presión migratoria desproporcionada. Miles de personas llegan a nuestras costas huyendo de la pobreza, los conflictos o el cambio climático. Y aunque somos tierra solidaria, no podemos ni debemos gestionar esto solos. El nuevo Pacto de Migración y Asilo, aprobado por la UE, plantea un reparto más justo de responsabilidades entre los Estados miembros. Pero para que ese pacto sea útil, debe implementarse con compromiso y con recursos. La solidaridad no puede quedarse en el papel.
Canarias también está llamada a ser una referencia en la transición ecológica. Contamos con un potencial extraordinario en energías renovables —especialmente solar, eólica tanto en tierra como en el mar— y una riqueza natural que debemos proteger. La UE nos brinda herramientas para avanzar hacia la descarbonización, reducir nuestra dependencia energética exterior y construir un modelo turístico más equilibrado y sostenible, que genere riqueza sin agotar los recursos que nos hacen únicos.
Todo esto ocurre en un contexto internacional cada vez más inestable. Las tensiones globales, la guerra en Ucrania, los efectos del cambio climático o las crisis migratorias están redibujando el mapa geopolítico. En un mundo más incierto, necesitamos a nuestros aliados más que nunca. Y Europa, con todos sus defectos y sus complejidades, sigue siendo el proyecto de integración más ambicioso y solidario que conocemos. Canarias no puede permitirse dar un paso atrás. Necesitamos seguir estando en el corazón de Europa, siendo parte activa en las decisiones que nos afectan y defendiendo con firmeza nuestras singularidades.
Estos 40 años de trayectoria europea han sido cruciales para el desarrollo de Canarias. Pero el futuro que se avecina exige más ambición. Hay que pelear por un POSEI más fuerte, por un REF más justo, por una inmigración gestionada con responsabilidad compartida, por unos fondos de cohesión bien ejecutados y por un modelo económico más sostenible.
Desde las instituciones europeas, abrazamos con gusto la responsabilidad de alzar la voz por Canarias, de garantizar que su realidad esté siempre presente en Bruselas y Estrasburgo. Porque solo si se escucha nuestra voz, podremos transformar los desafíos en oportunidades. Y porque solo si defendemos con firmeza lo que somos, podremos construir una Canarias más próspera dentro de una Europa más unida, más solidaria y más fuerte.