La historia de las ciudades obedece, en gran medida, al esquema explicativo propuesto por el urbanista Carlos Moreno: cambian de continuo y en todos los lugares, y esa es una de sus características fundamentales, de modo que constantemente deben adaptarse a metamorfosis que resultan obligadas por la sucesión de los retos que se les presentan. Dicho de forma breve, las ciudades se transforman por la necesidad de adaptarse a retos continuos, de modo que son entidades dinámicas.
Las Palmas de Gran Canaria no es una excepción en este esquema de evolución histórica, de modo que permanentemente se ha producido un ajuste entre su estructura urbana y las funciones sociales, generando diferentes modos de vida.
Pues bien, la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, como cualquier otra ciudad, se desarrolla en un constante proceso de adaptación entre la ocupación del territorio y los modos de vida de sus habitantes, de esta interacción surge una forma de vida diferenciada: la vida urbana.
En el caso de nuestra ciudad nos encontramos con espacios ampliamente urbanizados, que ocupan más de un tercio del municipio, junto a espacios rurales, que ocupan otro tercio del territorio, y espacios protegidos que ocupan el resto.
Es necesario señalar, además, que en el interior del entorno urbano es posible distinguir tres tipos de zonas: la zona edificada con viviendas habituales u otro tipo de edificaciones, la zona verde (ocupada por jardines) y la zona azul (ocupada con instalaciones y espacios abiertos al mar).
El esquema explicativo propuesto tiene una debilidad: nos ayude a entender el cambio pero no la mejora. Es decir, vistas las ciudades de este modo no logramos entender porque algunos cambios contribuyen a mejorar las condiciones de vida en la ciudad y otros no. Este es, sin lugar a dudas, el reto de todas las ciudades: como orientar el cambio para que pueda convertirse en progreso social.
Esta distinción entre cambio y mejora es esencial para el diseño y el desarrollo de las políticas públicas.
Nuestra ciudad, tal y como la conocemos hoy, con sus fortalezas y debilidades, es la herencia que nos han legado nuestros antepasados, pero, si actuamos responsablemente, no será la misma que legaremos a las futuras generaciones: será una ciudad mejor.
Este compromiso con la mejora permanente de la ciudad supone, para cualquier gobierno municipal, una doble responsabilidad. Por un lado, proteger y cuidar todo aquello que tiene un gran valor histórico, cultural o ambiental. Por otra parte, crear nuevas formas de adaptación al territorio que permitan a sus habitantes satisfacer todas sus necesidades y hacerlo sin comprometer las posibilidades de las futuras generaciones, es decir, crear y promover modos de vida urbana que sean sostenibles, seguros y saludables.
Dicho de una forma sencilla: todo gobierno municipal se enfrenta a la necesidad de buscar el equilibrio dinámico entre las condiciones materiales y las condiciones culturales. O lo que es lo mismo entre construir y habitar. Pues sólo mediante la resolución adecuada de este equilibrio es posible lograr el ejercicio efectivo del derecho a la ciudad (Habitat III, 2016).
Definida de esta forma parece evidente que el crecimiento de una ciudad no supone, por sí mismo, desarrollo urbano. Así cuando las ciudades crecen alojando barrios periféricos sin la mínima atención a las personas que ellos se alojan, la ciudad crece, pero no se desarrolla.
De hecho para que se produzca un auténtico desarrollo es necesario actuar comprendiendo los factores característicos de la trama de la vida urbana en cada una de las ciudades, una trama urbana que se ha configurado históricamente y que condiciona los desarrollos futuros.
El desarrollo es, por tanto, la consecuencia de un crecimiento ordenado, de un crecimiento marcado por un amplio consenso en torno a criterios y valores razonables, compartidos por la mayoría de la población.
En la actualidad, esos criterios y valores se encuentran representados en los objetivos definidos en la nueva Agenda Urbana Española y que, en el caso de nuestra ciudad, orienta todas las políticas públicas.