Año lustral en una isla de futuro incierto, pero que invita a soñar

Aunque suene a tópico decirlo, los palmeros cuentan su vida por lustros. Por eso, hablar de La Palma durante 2005 tiene que comenzar irremediablemente por la Bajada de la Virgen, el principal acontecimiento que marca el devenir y el pulso de la Isla Bonita. Una fiesta donde lo religioso se abre a lo social, cultural, económico e, incluso, político. Y de la que brotan una serie de claves que permiten entender mejor a esta isla y a sus ciudadanos.

La magia de los Enanos, la elegancia del Minué, el ingenio de la noche de la Pandorga, el equilibrio de los Acróbatas o la cultura que respira el Carro Alegórico y Triunfal son las cualidades que mejor dibujan las señas de identidad de los palmeros. No es de extrañar que instituciones y empresas se vuelquen con estas fiestas que, pese a mantener lo mejor de su tradición, han sabido evolucionar con el paso del tiempo (esta edición contó con la participación de estrellas del mundo de la música, como Juanes, Amaral o Carlinhos Brown). Pero es en el esfuerzo de multitud de personas que altruistamente se entregan en su preparación cuando cobra de verdad sentido este acontecimiento. Porque la Bajada de la Virgen es, sobre todo, un lugar de encuentro. La calle Real se convierte en un ir y venir de abrazos entre la multitud de personas que pueblan esos días sus entrañables rincones. Unos que regresan a su tierra después de cinco años y otros que quieren vivir por primera vez esta experiencia se confunden en una marea humana que por un mes trastoca el ritmo habitual del casco de la capital palmera. La Bajada, en definitiva, atrajo importantes beneficios a una isla que camina hacia un futuro en cierta medida incierto pero que a la vez invita a soñar con las mejores expectativas por las virtudes que precisamente muestra el pueblo palmero en sus fiestas grandes.

Incertidumbre económica

La incertidumbre económica de La Palma no deja de ser una ventana a la que necesariamente hay que asomarse sin vértigo pero con el máximo realismo posible. En esta circunstancia hay que incluir en primer lugar la situación por la que atraviesa el sector platanero, cultivo que tiene una relevancia socioeconómica muy importante en la isla, donde representa casi un 40 % del Producto Interior Bruto de su economía. La entrada en vigor el 1 de enero de 2006, tras una larga negociación, de la tarifa única que se aplica a las importaciones de plátano -particularmente latinoamericano- al mercado comunitario despierta una seria inquietud entre los agricultores plataneros. En lo que se refiere a la comercialización de plátano durante 2005, La Palma, al igual que el resto de Canarias, experimentó un descenso con respecto al año anterior de un 17,86%, con una facturación de 118.552.8222 kilos de plátanos, según los datos aportados por la Asociación de Productores de Canarias (Asprocan). Por otra parte, la imperiosa necesidad que tiene la Isla de diversificar su economía avanza a un ritmo muy lento y, para algunos, incluso desesperantes.

En esta línea cabe hablar del escaso desarrollo de los cultivos de medianías y del sector turístico. En lo que se refiere al primer apartado, a excepción del relanzamiento de plantaciones de aguacates y próteas, el resto de cultivos apenas tienen importancia. Y ello en una isla que podría mantener una estructura que abasteciera al mercado regional con estos productos y que, sin embargo, tiene que importar la mayoría de las frutas y hortalizas que consume. Pero es quizá el desarrollo del sector turístico la principal asignatura pendiente que tiene La Palma y que reclaman los sectores socioeconómicos con mayor insistencia. Que acabara 2005 sin que el Plan Territorial Especial de Uso Turístico fuera aprobado no ha sido una buena noticia para La Palma. Este documento es el que permitirá desarrollar los proyectos turísticos que están contemplados en el mismo, por lo que su parálisis supone un freno a la inversión y, por tanto, a la generación de riqueza y empleo. Un dato: el paro subió entre enero y diciembre de 2005 en más de 600 personas.

En una isla donde los equilibrios del ecosistema son tan delicados y donde su principal atractivo turístico es el paisaje, se requiere la máxima prudencia a la hora de planificar el suelo para acometer actuaciones de cierto calado y que puedan causar un impacto en el mismo. Sin embargo, parece preocupante que La Palma no disponga de infraestructuras claves que permitan la atracción de nuevos mercados turísticos como los campos de golf o los puertos deportivos. Desde luego que estas instalaciones no van a ser la panacea. Pasar del monocultivo del plátano al del turismo supondría un suicidio económico a medio y largo plazo, de ahí que la planificación turística de La Palma persiga este difícil equilibrio entre la conservación del paisaje y la calidad de vida que ofrece la Isla, el mantenimiento de la cultura agraria y el desarrollo de un sector servicios que aún anda en pañales. No obstante, las infraestructuras públicas están creciendo y un factor clave para la atracción turística, como la posibilidad de tener un aeropuerto con más capacidad operativa, se ha visto respaldada con el inicio de las obras de ampliación de la pista y la nueva terminal aeroportuaria de Mazo. Además, los trabajos de la Consejería de Infraestructuras para recuperar la histórica Fuente Santa, que quedó sepultada en 1677 con motivo de la explosión del volcán de San Antonio, dieron su fruto y han conseguido alumbrar las aguas que dieron renombre a la Isla y al pueblo de Fuencaliente fuera de España por el poder curativo que tenían sobre las enfermedades de la piel. Esta actuación abre un nuevo foco de atracción turística relacionado con la salud.

Las dolencias que se curaban antaño en la Fuente Santa nada tienen que ver con un mal que asola a La Palma con cierta virulencia cada verano: los incendios forestales. Así, en el mes de septiembre, el fuego llenó de cenizas los montes del norte de la Isla; y con anterioridad, entre los meses de mayo y abril, se produjeron dos conatos de incendio en la zona de influencia del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, que amenazaron este paraje protegido que se hunde en el corazón de La Palma. No obstante, el incendio que azotó en el mes de septiembre los pinares de Barlovento y Garafía, el de mayor intensidad de Canarias este año y que se prolongó durante casi una semana quemando más de 2.000 hectáreas, puso en evidencia una vez más la fragilidad del hombre frente a la naturaleza. Un episodio que se volvió a repetir con la aparición de la tormenta tropical Delta en La Palma. En esta Isla, los principales afectados por la irrupción de este devastador vendaval fueron los agricultores del norte de la Isla, que vieron como sus plantaciones, sobre todo plataneras, estaban literalmente en el suelo, con pérdidas millonarias para sus propietarios, además de un daño moral a los productores que hacía dos años habían padecido una circunstancia similar y ahora empezaban a levantar cabeza.

Un temporal… político

Algo parecido a un temporal tuvo que pasar para que se produjera la moción de censura en el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma en marzo de 2005, que mandaba a Carlos Cabrera, alcalde durante 14 años por el PP, a la oposición. Mucho influyó que los populares dejaran el Gobierno regional, pero sobre todo intervino el hecho de que el pacto que mantenían el PP en El Paso con el PSOE no se rompiera pese a las múltiples presiones desde todos los partidos. Un castigo de CC al PP en su principal feudo, la capital, que propició la formación de un pacto entre nacionalistas y PSOE, con una alcaldía que estará presidida por Juan Ramón Felipe (CC) hasta mayo de 2006, cuando dejará el relevo a Anselmo Pestana (PSOE) hasta el final del mandato. El PP, además de perder Santa Cruz de La Palma, vio también como los tres concejales que tenía en El Paso, y que forman el actual grupo de Gobierno en coalición con el PSOE, decidían abandonar la formación política y dar el salto al CCN de Ignacio González. Además, a principios del año 2006, los populares perdían la última alcaldía que les quedaba, Garafía, donde gobernaban en minoría, manteniendo una gran confrontación con los grupos de la oposición, que finalmente le costó el cargo al conservador Vicente Peñate.

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