Canarias en Europa

Al terminar 2005, los canarios estamos más cerca de Europa, nos sentimos más identificados con el proyecto político de la UE y más seguros en cuanto al mantenimiento de nuestro REF.

El 1 de enero de 2006 se conmemoró el vigésimo aniversario del ingreso de España en las Comunidades Europeas y, con él, de la integración de Canarias en el proceso de construcción de la unión supranacional. Hoy nos parece natural esta integración de nuestra región en el gran espacio europeo, lo que durante mucho tiempo antes nos parecía del todo imposible. Para un canario como el que escribe estas líneas, que apenas puede identificar algún antepasado nacido fuera de las islas, y que habría llegado a ellas hace al menos dos siglos, este reencuentro con el foco de nuestra cultura no deja de ofrecer elementos paradójicos. En mi infancia, cuando estudiaba los mapas, descubría que estas pequeñas islas en las que se desenvolvía la totalidad de mi vida, la de mi familia y la de mis amigos, formaban parte políticamente de un Estado que tenía la mayor parte de su territorio a más de mil kilómetros de distancia, y culturalmente a una constelación de Estados que llamamos Europa, también a gran distancia del territorio insular.

Estas grandes distancias, en una época en que la navegación aérea tenía aún poco desarrollo, eran acortadas por los medios de comunicación, tanto la radio como las publicaciones escritas. En muy poco tiempo podríamos saltar con nuestra imaginación el foso marino y sentirnos en territorios o ciudades que conocíamos por la literatura, el cine, la radio o las historias contadas por padres o amigos. Madrid, París, Munich, Roma o Londres estaban físicamente a mucha distancia pero, a través de Galdós, Balzac, Thomas Mann o D’Annunzio, parecía que estuvieran ahí, al alcance de la mano. El desarrollo de la aviación a reacción produjo el milagro de acercarnos físicamente a la Península y al continente europeo. De hecho, la economía de las islas fue transformada por el turismo hasta convertirnos en una prolongación de las sociedades europeas, añadiéndose lazos afectivos a lo que en principio era sólo una vinculación económica.

La evolución política y económica de España haría posible en los años ochenta el acercamiento al sistema político europeo y, eventualmente, al ingreso en las Comunidades europeas. Las condiciones en que se negoció la adhesión fueron muy favorables para Canarias, al mantener las especialidades fiscales tradicionales y pasar a beneficiarse de todas las ventajas de la integración en Europa. En una segunda fase, en la década de los noventa, se llevó a cabo una adaptación del régimen especial canario en la Unión Europea. Como muchas de las disposiciones tenían carácter transitorio, en 2005 nos encontramos con la necesidad de efectuar nuevas adaptaciones para afianzar y convertir en definitivo el régimen especial provisional.

El año 2005 se abrió con muchos interrogantes sobre la situación de nuestro Archipiélago en las instituciones europeas. En enero no sabíamos aún qué ocurriría con temas tan importantes como el nivel de fondos que recibiríamos de la Unión Europea a partir de 2007, el mantenimiento de nuestro régimen fiscal especial, el futuro de ayudas que conocemos con el nombre de Poseican o el régimen del plátano a partir del 1 de enero de 2006. Al final del año, la mayor parte de estos interrogantes quedaron resueltos o se podía prever su solución en un tiempo muy breve.

Sin duda, el acontecimiento más importante del año fue el referéndum sobre el proyecto de Constitución europea. España fue el primer país que lo sometió a referéndum y uno de los dos, con Luxemburgo, que lo hizo con resultado positivo. Canarias obtuvo el máximo de votos afirmativos en España, con un 90% del electorado. Con esos resultados, el Gobierno de Zapatero se sintió legitimado para afirmar la presencia de España en Europa y, muy especialmente, para reivindicar un trato especial para la región que había demostrado la máxima afinidad con la idea europea.

A partir de ahí, gracias a una colaboración muy estrecha del Gobierno de Canarias con el de la nación, se fueron consiguiendo los diferentes objetivos que perseguíamos desde las Islas. El acuerdo básico obtenido ente los Estados con respecto a las perspectivas financieras para el período 2007-2013 garantiza un nivel de fondos suficientes para llevar a cabo las infraestructuras básicas necesarias y continuar así el desarrollo de nuestra región, defendiendo sus recursos naturales. Las directivas para las ayudas de Estado presentadas por la Comisión, confirmadas por el Consejo, garantizaron el régimen fiscal especial de Canarias con independencia del nivel de renta per cápita. Lo mismo ha ocurrido con el Programa Poseican y con el nivel arancelario de protección del plátano.

Quedan, desde luego, algunos flecos pendientes, como la aprobación concreta de nuestras especialidades fiscales dentro del mapa nacional de ayudas de Estado y una eventual adaptación de las ayudas al plátano y a otros productos agrícolas en función del desarrollo de las negociaciones en el marco de la Organización Mundial de Comercio. En todo caso, al terminar el año 2005, los canarios estamos más cerca de Europa, nos sentimos más identificados con el proyecto político de la Unión y más seguros en cuanto al mantenimiento de nuestro régimen económico y fiscal especial, adaptado a las nuevas circunstancias. Pero ésta es sólo una nueva etapa en la singladura de nuestro Archipiélago hacia los ideales de paz, libertad y progreso que simboliza la Unión Europea y ha de ser completada con nuevos avances políticos y nuevas realizaciones económicas.

Tras las adaptaciones y ajustes que el régimen especial canario ha recibido en este último año, se han despejado muchas de las incógnitas que se nos planteaban con anterioridad. La consecuencia que debemos sacar de estas nuevas adaptaciones es que Canarias está en este momento en condiciones óptimas para aprovechar al máximo las nuevas perspectivas que se abren para la Unión Europea, especialmente en el ámbito del desarrollo de las nuevas tecnologías y de la sociedad de la información. Con su utilización, gran parte de la distancia geográfica habrá desaparecido y los canarios, sin perder nuestras características insulares y climáticas, estaremos de hecho en el centro mismo de Europa.

Por otro lado, la Unión Europea es algo más que un proceso de integración económica. La construcción política que perfila el Tratado constitucional europeo nos permitirá participar igualmente, con todos los derechos y con las responsabilidades consiguientes, en este nuevo proceso. Los canarios, como europeos, tendremos que asumir nuestra parte de responsabilidad en ese nuevo empeño político que hoy moviliza a quinientos millones de europeos, que no están sólo situados en el viejo continente sino que pueden vivir en lugares tan alejados y exóticos como el Caribe, el Índico o el Pacífico.

Facebook
Twitter
LinkedIn
COrreo-e
Imprimir

Patrocinadores

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad