El debate sobre la fusión Santa Cruz-La Laguna se reabre cada cierto tiempo. No es algo nuevo. De hecho, la idea de crear una gran capital en Tenerife ya era la legítima aspiración de un lagunero de pro como Álvaro Acuña Dorta, durante muchos años alcalde de Santa Cruz de Tenerife. Hoy, las necesidades apremian y nadie puede poner en duda que las dos principales ciudades de la Isla forman una unidad geográfica, por lo que es hora de dar alguna respuesta política y administrativa a esa realidad.
Hace aproximadamente dos años tuve la oportunidad, junto a otros periodistas, de asistir a un desayuno de trabajo en el Hotel Mencey con los redactores del Plan General de Ordenación de Santa Cruz de Tenerife -los arquitectos Juan Manuel Palerm y Leopoldo Tabares de Nava- y el abogado urbanista Fernando Senante. Entre otros asuntos, estos tres excelentes profesionales nos presentaron una encuesta, elaborada por la empresa Servicios Avanzados de Opinión, que arrojaba una curiosa conclusión: la población del área metropolitana estaba de acuerdo -y lo seguirá estando, supongo- con la fusión entre la capital tinerfeña, Santa Cruz de Tenerife, y el municipio de San Cristóbal de La Laguna, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO con todo merecimiento y para orgullo de todos los que amamos esta Isla. Me llamó profundamente la atención la encuesta, porque allá por el año 1989 ó 1990, cuando yo era redactor del periódico El Día, se encendió la polémica sobre la fusión y fui testigo directo del debate entre las fuerzas políticas del momento y, sobre todo, del sentir de los chicharreros y de los laguneros. En efecto, el Pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife aprobó apoyar la unión, mientras que el de Aguere se pronunciaba en contra. Y ahí quedó todo.
Cada cierto tiempo, el debate se reabre, pero tampoco es algo nuevo, porque la idea de crear una gran capital en Tenerife -que físicamente existe y aquí convendría acordarse de aquél que, en su casa, tiene el baño en Santa Cruz y el salón en La Laguna- era la legítima aspiración de un lagunero de pro, como Álvaro Acuña Dorta, durante muchos años alcalde de Santa Cruz de Tenerife. O sea, amante de las dos principales urbes de la Isla. Y volviendo a la encuesta que nos ocupa, es preciso resaltar algunas de sus principales conclusiones:
1.- El 56 % de los residentes de los dos municipios entienden que el desarrollo experimentado por ciudades como Las Palmas de Gran Canaria o el propio Sur de Tenerife podrían afectar al futuro desarrollo de los municipios de Santa Cruz y La Laguna.
2.- Los ciudadanos consultados otorgan mayoritariamente una importancia elevada a la fusión para formar una gran capital en la Isla de Tenerife. Tanto en Santa Cruz como en La Laguna, donde influye la zona casco, las zonas limítrofes, unidas, son partidarias del sí a la fusión.
3.- La mayoría de los ciudadanos se muestra partidario de la fusión: 72,5 % en Santa Cruz y 64 % en La Laguna.
4.- Ocho de cada diez personas optan por la consulta -léase referéndum- de cara a decidir la posible fusión de las dos ciudades.
5.- La hipótesis que localiza las sedes institucionales en Santa Cruz para el Cabildo y en La Laguna para el Ayuntamiento es muy bien considerada, aunque más en Aguere que en la capital.
¿Alguien duda de las encuestas que, como ésta, poseen una ficha de consulta amplísima? Habrá, sí, para todos los gustos. La cuestión es que durante el verano de 2005, en uno de esos reportajes estivales que nos ayudan a amenizar los periódicos en fechas ávidas de información, nos encontramos con una radiografía de las dos ciudades -datos pormenorizados, parámetros económicos y poblacionales, etc- y con la opinión de los dos alcaldes que, como se esperaba, abogaban por la fusión. Sí, Miguel Zerolo destacaba el valor del patrimonio histórico de La Laguna, algo que, en su opinión, sería una seña de identidad en una futura gran capital fusionada “bien se llame Santa Cruz de La Laguna o La Laguna de Tenerife”, mientras que la alcaldesa de Aguere, Ana Oramas, afirmaba que “todos los tinerfeños, laguneros y chicharreros, creen que el destino de La Laguna y Santa Cruz es la unión en el futuro, aunque todavía no ha llegado el momento, porque antes hay que terminar de resolver determinados desequilibrios que padecen ambas urbes para así poder prepararse para ser la gran ciudad de Canarias”.
Y se armó
Cada uno se armó de sus razones, y los partidos políticos, de las suyas… más estratégicas, digamos. Llegados a este punto, y una vez fracasada la tan cacareada Mancomunidad de Servicios del Área Metropolitana -sólo se ha mancomunado la perrera, y no funciona- se reabría, una vez más, el debate. En mi opinión, además de los apuntes históricos que añado gustoso, la fusión -no la unión, que es un término flojo- debe ser incluida en los programas electorales, con claridad, para que sean los ciudadanos quienes decidan, porque, según la encuesta citada, es el deseo mayoritario de los habitantes del área metropolitana.
Debemos pensar en el futuro y en el interés de Tenerife, y no tener cortedad de miras políticas en un asunto tan estratégico para la Isla y para las dos ciudades. Porque la fusión sería trascendental para La Laguna -que recuperaría el protagonismo de antaño-, para Santa Cruz y, sobre todo, para los ciudadanos y para la Isla de Tenerife. Pero, claro está, tanto el Partido Socialista de La Laguna como el Partido Popular -todo- se han manifestado reiteradamente contrarios a la idea de crear una gran ciudad, que sería la verdadera capital del Archipiélago. ¿Por qué no?, ¿por qué no acogernos a mayores inversiones del Estado e impedir desmanes de otras ciudades del propio Archipiélago? La nueva ciudad, de unos cuatrocientos mil habitantes, contaría con un gran puerto, con un corazón histórico que ya es Patrimonio de la Humanidad, y, en definitiva, junto a otros municipios limítrofes, como Tegueste y El Rosario, se convertiría en un paradisíaco enclave en medio del Atlántico, con su Auditorio, sus playas, sus montes y demás bellezas naturales y arquitectónicas. Y con un reparto armónico de su población.
Los partidos políticos, sin embargo, en un debate celebrado en El Día -fue casi un Pleno insular- alcanzaron un acuerdo para empezar a trabajar en una especie de unión política entre los cuatro municipios del área metropolitana. Se trataría de crear un órgano político supramunicipal que representara a las ciudades ante terceros. Para unos, esta solución supondría el germen de la futura fusión; y para otros, el final del debate sobre la unidad político-administrativa. Quién sabe, porque no se ha vuelto a retomar el asunto, pero, en mi opinión, desde luego, es insuficiente.
En cualquier caso, tras el evidente fracaso de la Mancomunidad de Servicios del Área Metropolitana, es preciso dar un paso adelante y arbitrar fórmulas para constituir la gran ciudad de Tenerife, en la que se den las manos Santa Cruz, La Laguna, Tegueste y El Rosario. Pero con celeridad, no echando balones fuera ni pensando en un horizonte demasiado lejano de diez o quince años. Hoy, las necesidades apremian. Nadie puede poner en duda que las dos principales ciudades de la Isla forman una unidad geográfica, por lo que es hora de dar alguna respuesta a esa realidad en los ámbitos político y administrativo. Ante ello, las autoridades, los partidos políticos y los ciudadanos deberían ponerse a trabajar rápida y conjuntamente para lograr el objetivo final. Y, de paso, se solucionaría la confusión urbana que colapsa ambas ciudades, y se terminaría con la situación insostenible en la falta de planificación conjunta, en la duplicidad de servicios y en lo urbanístico.