Crispación sin tregua en la política nacional

“Estamos mejor que hace un año y dentro de un año estaremos mejor que hoy”. Esta frase pronuncia por al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en la antevíspera de la nochevieja de 2006 acabaría por convertirse en una de las claves políticas de 2007.

Eran los últimos días del año, el líder socialista hacía balance político y se refería a la marcha del controvertido proceso de diálogo con ETA para intentar poner fin a la violencia de la banda terrorista tras su anuncio de tregua permanente, ocho meses atrás. La trascendencia de esas palabras, que traslucían una visión optimista del presidente sobre la posibilidad de lograr la paz en Euskadi, cambió de signo un día después y se convirtió en el gran pilar de la estrategia de oposición del PP y de la derecha política y mediática durante todo este tiempo. A primera hora de la mañana del día 30 de diciembre, ETA hacía saltar por los aires uno de los módulos de aparcamiento de la recién inaugurada Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, en Madrid, y mataba a dos inmigrantes ecuatorianos.

Fue la gota que colmó el vaso de las posiciones del PP en relación con la política antiterrorista del Ejecutivo y el proceso de negociación, a las que se había opuesto con rotundidad y sin miramientos desde la declaración de la tregua. La crispación que venía caracterizando la vida política española desde prácticamente marzo de 2004 ha vivido este año, a partir de esta situación, cotas nunca conocidas. Partiendo de la oposición al proceso de paz, la derecha política, mediática y social recrudeció su campaña contra Zapatero en todos los frentes… justo mientras el macrojuicio sobre los atentados del 11-M, que se celebraba en la Audiencia Nacional, desmontaba todas las teorías de la conspiración que el PP y sus allegados alimentaron durante los tres años anteriores.

A partir del atentado de la T4, el partido liderado por Mariano Rajoy y los sectores más conservadores de la sociedad española aprovecharon cada situación para acusar a Zapatero de haber cedido ante la banda terrorista, pese a las evidencias en sentido contrario que suponía la constatación del fin de la tregua. La tensión se trasladó inevitablemente a la cuestión navarra, a la que la derecha daba por “vendida a ETA” y por la que en cuya capital, Pamplona, organizaron otra manifestación a pocos días de las elecciones autonómicas. El 27-M y los acuerdos postelectorales dejaron las cosas en su sitio. Finalmente, “Navarra ha seguido siendo Navarra”, como exigía Rajoy, curiosamente gracias al apoyo socialista al candidato de UPN.

El ámbito canario

Rajoy amagó por esos días con una oferta de intercambio de cromos con el PSOE sobre Canarias en una operación en la que el PP dejaría gobernar en las Islas al socialista Juan Fernando López Aguilar a cambio de que el PSOE hiciera lo propio en todas las regiones donde el PP había ganado sin mayoría absoluta. La negativa socialista llevó a Rajoy a proponer un cambio de la ley electoral que, de aplicarse ya, impediría legalmente que CC y PP pudieran hacer un pacto de gobierno en Canarias, ya que ninguno de los partidos alcanza el mínimo que propone el líder conservador para poder entrar en un Ejecutivo autonómico, el 30 por ciento.

Canarias también se coló en el debate político nacional con motivo de la actuación de la fiscalía anticorrupción en las Islas. Las investigaciones al nacionalista Miguel Zerolo y la detención de varios cargos públicos del PP canario por su implicaciones en diferentes sumarios tiñó de polémica la campaña electoral del 27-M por la permanencia en el Ministerio de Justicia de López Aguilar, que se resistió a abandonar la cartera pese a su designación como candidato. El PP y CC arremetieron con dureza contra él por ver su mano detrás de las operaciones judiciales. Fue el primer episodio de pacto tácito entre ambas formaciones contra López Aguilar y el PSC. Luego, ya formado el Gobierno regional de coalición, se constató la inviabilidad de la reforma del Estatuto de Canarias, que se convirtió en el único de los tramitados en la legislatura, salvo el catalán, en el que PP y PSOE no lograron un acuerdo.

El giro de Zapatero

Toda esta dinámica, acrecentada por la pérdida de las elecciones municipales por parte del PSOE al menos en número de votos, llevó a Zapatero a dar un giro a su estrategia. Convocó primero el debate sobre el estado de la Nación, donde logró demostrar que el PP también había negociado con ETA y que la situación real del país era razonablemente positiva, y arrasó a un Rajoy catastrofista. Inmediatamente, hizo una crisis de gobierno que sorprendió a todos. Prescindió de algunos de sus ministras más cuestionadas (como la titular de Vivienda, María Antonia Trujillo, y la de Cultura, Carmen Calvo) y las sustituyó por personas de más fuste político, como Carmen Chacón, o más recorrido mediático y social, como Bernat Soria (Sanidad) o César Antonio Molina (Cultura). Con ello, el líder socialista tomó impulso y pudo marcharse de vacaciones veraniegas con las encuestas a favor y la carga de la duda sobre Rajoy, al que sus puntales más moderados le ponían en problemas: Josep Pique dejó el PP y abandonó la política harto de los desplantes de la línea dura del partido, y Alberto Ruiz Gallardón, que había arrasado en la alcaldía de Madrid, volvía a insinuar su disponibilidad a sustituir al líder conservador.

El último tramo del año ha servido sobre todo para que los partidos se hayan centrado en sus estrategias electorales y profundizado por tanto sus diferencias. El PP ha insistido en sus posiciones en materia como la implantación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la aprobación de una ley de Memoria Histórica a favor de las víctimas del franquismo, o a las propuestas de incrementar prestaciones sociales. Pero sobre todo ha tomado la bandera de los símbolos y la identidad nacional a cuenta de lo que considera una peligrosa ofensiva de los nacionalismos contra la idea de España y contra la monarquía. Por otro lado, el debate de los Presupuestos de 2008 sirvió para sacar a escena las dudas sobre el escenario económico de los próximos años y para profundizar la brecha entre el nuevo Ejecutivo canario y Madrid por las inversiones estatales en el Archipiélago. Se cierra el año y todo el mundo espera que las elecciones de marzo repartan razones sobre las posiciones de unos y otros en este ciclo intenso.

Facebook
Twitter
LinkedIn
COrreo-e
Imprimir

Patrocinadores

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad