Las risas de la crispación en el año de Pepe Benavente

Amor, amore, Amor. La cuota de famoseo canario durante un año tristemente pobre estuvo en el mundo reality. Fue Amor, ¿o los concursantes deslenguados e imposibles de Factor X? ¿O alguna de las chicas de Supermodelo que lloriqueaba con acento canario? Triste año, afirmo.

Veníamos de un 2006 totalmente glorioso en lo que a impacto extracanario se refiere, desde Raquel del Rosario acunando a Frenando Alonso con su insoportable soniquete (el de Raquel, la chica está en un grupo, El sueño de Morfeo, que hace honor a su nombre: te deja dormir) hasta el más allá. En 2007, sin embargo, hubo muy poca tela que cortar en ese frente. Quizá porque no hubo Operación Triunfo (aunque sí ¡Quiero ser como Pepe!, y las comparaciones son odiosas porque curiosamente gana el programa de Pepe Benavente, asunto que resolvemos al final de este paliquito), quizá porque fue año electoral y en Canarias toda la energía se nos fue por la boca. El año electoral supone que también es año preelectoral y postelectoral. La época preelectoral es esplendorosa: nunca se harán tantos conciertos, tantas chorradas, tantas inauguraciones, legales o no, y tanto montaje de baratillo. El momento postelectoral es tétrico: no hay perras para nada porque, obvio, todo se gastó en la orgía preelectoral. Ustedes dirán ahora: “Uf, qué rollo, otro análisis electoral y tal y tal”, pero tranquis, porque el asunto tiene su cosa graciosa.

A riesgo de meternos en otras secciones de este peasor anuario sersuarrr, podemos decir que si algo definió 2007 en el frente político fue por una parte el desembarco del trinque madrileño en la reposada canariedad y por otra parte, la llegada del absurdo como herramienta política isleña. La primera aportación se la debemos a Juan Fernando López Aguilar, bautizado como Léxico Aguilar por aqueste comentarista por la apabullante variedad de vocabulario que luce, no se sabe muy bien para qué, el candidato del mentón afilado. Con López y contra López llegó el escándalo.

El tema de la tontería convertida en arma propagandística tiene varios padres por culpa sencillamente de los asesores. Sí, los asesores electorales, que van a cursillos y se leen libros sobre las elecciones en los Estados Unidos donde se dice que Kennedy salió elegido presidente porque en un debate electoral ante Nixon aparecido bien afeitado y con la piel morena, algo tremendo que viene a decir que los votantes somos todos unos gilis… que a lo mejor los somos. Con esas lecturas, imagínense sus asesorías.

El resultado fue que vivimos primero una precampaña que duró cosa de un año, a lo que había que sumar la rumbosa alegría con la que se entregaban al absurdo diversas formaciones políticas. Para no hacerles publicidad gratis a ningún partido y/o coalición y/o lo que sea, porque entonces sus triquiñuelas serían un éxito, les ruego que apelen a su memoria para recuperar aquella colección de propuestas imposibles, cuando no directamente tontainas, e ideas de presunto impacto que lograban justo eso, del impacto te proponías no votarle a ese sujeto ni en pleno subidón de potaje de trigo.

Lo mejor de la chorripolitique es que sigue en activo en el sombrío periodo postelectoral, para alegría de nosotros, espectadores críticos, que nos los pasamos muy bien viendo y escribiendo el ridículo de los demás. Y en las elecciones, como siempre, ganaron unos pero gobernaron otros diciendo que en realidad a ellos les habían votado más. Un lío con gracia o no según el sistema electoral desde el que se mire.

Canarias y la TV

En cuanto a los canarios y la televisión, de todos es sabido que las Islas sienten una predilección rarísima por ver realities, esos programas donde se encierra a varios sujetos sin oficio ni beneficio con la sana intención de que la audiencia los vea y juzgue; monitos de parque pero con un poco de vocabulario más, pero solo un poco. ¿Por qué ese rollo por meter canarios en todos los realities que se monten? Vamos a ver, es normal que metan canarios porque, hasta que Cubillo se salga con la suya, si es que se sale, Canarias forma parte de ese país llamado España. Así que los canarios tenemos nuestra cuota en todo, incluidos los realities de turno. Pero resulta que la representación chacho chachi está por encima de esa cuota. Unos dicen que por la simpatía natural y olé del canario medio (medio tonto o medio listo, vaya usted a saber). Otros que por la afición del canario a enviar mensajes de móviles en apoyo de sus congéneres. La expulsión a las primeras de cambio de Amor, la concursante majorera del enésimo Gran Hermano, desmonta la teoría.

Hay que buscar otra razón, y entonces se disparan las señales de peligro porque, y aquí llega la reflexión más brillante de este tocho: los canarios estamos a un paso de convertirnos en lo más saleroso del estado español desmembrado, que tiemble Andalucía. Hay un problema con todo esto. Los andaluces, como se creen que son muy simpáticos, y a veces lo son, están constantemente haciendo chistes y comparaciones a voz en grito para que no caiga la fama. A un andaluz no se le reconoce por el físico sino que simplemente se le oye desde veinte kilómetros de distancia, aquí y en la China de Carod. Los canarios, que según una de las últimas encuestas encargadas por Adán Martín no estamos tanto en ese rollo expansivo sino que preferimos otras interioridades, ¿podremos llevar adelante la nueva fama como la comunidad más graciosa, extrovertida y supermegaguay de España? Difícil y duro. Sobre todo porque el gracioso sabe que no necesita de un chiste en cada frase para demostrar que es gracioso. Los más graciosos suelen ser los más serios. Así que, por ese camino de un humor reflexivo puede que lleguemos a algo, no se sabe muy bien a qué.

Por si queda alguna duda, ahí tenemos a El Supositorio desentrañando las verdades de la canariedad a través del humor, que es la mejor manera de reflexionar sobre algo porque uno puede decir las mayores burradas con disimulo. Lo de El Supositorio y su programa de televisión Chigüesque TV fue tan bueno que, tras fracasar en La Nuehtra triunfó en el YouTube. Lo más moderno de lo moderno. Lo mejor del año hasta que llegó Pepe Benavente para demostrar que es cierto: es una estrella sin parecer en absoluto una estrella. Pepe triunfa cantando junto con los músicos que componen su trío con canciones mexicanas, cumbias y piezas para mover el cuerpessito, de baile en verbena. Alguien pensó que la idea podría funcionar en televisión y se inventó la versión canaria de Factor X como un espacio de relleno para el verano. El éxito de ¡Quiero ser como Pepe! sorprendió a todo el mundo. Lo mejor fue comprobar que ante tanta chorrada moderna, ante tanto famoso de relleno, ante tanto vacío, un cincuentón que fue soldador gusta
simplemente porque hace bailar. La televisión ayudó a corroborar ese cariño que se le tiene a Pepe, un señor que además desconfía de la política; nuestro ídolo, en definitiva. Sí, fue el año de Pepe, y debemos alegrarnos porque es el triunfo de la honradez y la destrucción del montaje.

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