Compromiso colectivo ante la recesión

El año de las crisis, el año de las pérdidas, el año del capitalismo devorado por sí mismo, el año de las incertidumbres… El año también de la esperanza Obama, del crecimiento galopante del desempleo, de nuevas víctimas del terrorismo, de los éxitos del deporte, de nuevas y resurgidas controversias en Canarias…

Frenazo y oportunidades. Hacía muchísimo tiempo que no se hablaba tanto de economía y de finanzas como en 2008. Los municipalistas, cada quien con sus responsabilidades y peculiaridades de gran ciudad o de población mediana o pequeña, cada quien con sus servicios, en la modalidad que hayan escogido, hemos tenido que afrontar la recesión. Que la economía real no se viera desbordada por la virtual, era el gran objetivo. Permitan que insista: lo que está ocurriendo, con sus paradojas en la práctica cotidiana, debe servir de enseñanza para todos. La magnitud de esta recesión económica, que ha tambaleado los cimientos de buena parte de los sistemas productivos, obliga a replantearse muchas cosas una vez contrastado que el mercado no lo resuelve todo y que sus oscilaciones tienen unas repercusiones que ya no se despachan con medidas coyunturales o cortoplacistas.

En lo que a nuestro país respecta, fue determinante la iniciativa del Gobierno para infundir tranquilidad ante la creciente zozobra. Que se diera garantía a las familias y a los ciudadanos de que los ahorros en bancos y cajas están seguros, resulta positivo. Y para quienes ejercemos responsabilidades públicas en los ayuntamientos, para quienes sabemos de las dificultades para concretar fórmulas de financiación estables y plenamente satisfactorias, la aprobación por el Consejo de Ministros del denominado Fondo de Inversión Municipal, en diciembre pasado, representó una oportunidad para generar empleo que, a su vez, habría de ser decisivo en la materialización de actuaciones tendentes a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Así, al menos teóricamente, ha de percibirse. Lo importante es que las empresas, de la naturaleza que sean, sigan desarrollando sus actividades y que la productividad no se vea menguada. El crédito hace que una economía pueda funcionar. Sin crédito no hay inversión. Y sin inversión no hay actividad económica hoy ni habrá crecimiento y generación de empleo mañana.

Un capital ético y social. Con este título resumimos la filosofía de uno de los principales logros de la vida municipal de Las Palmas de Gran Canaria durante 2008: la constitución del primer Consejo Social de la ciudad. Se trata de incentivar la integración del ciudadano en el proceso de adopción de decisiones en contraposición a los modelos tradicionales que conciben al gobierno local como un mero ente prestador de servicios, en definitiva, como una simple Administración. El Consejo es un paso firme de un proceso irreversible: gobernar y tomar las decisiones contando con la participación más amplia posible. Y es que las iniciativas de ampliación de la participación social han de contribuir a una profundización de socrática en dos aspectos: por una parte, mejorando los esquemas de representación y deliberación; y por otra, desarrollando mecanismos de información, participación y control de los cargos públicos. El órgano ya sabe que le aguarda una asignatura en la que estamos comprometidos: la aprobación del Plan General. Es la ciudad del futuro la que exige una aportación constructiva de todos.

Sangre y lágrimas. Han sido duros momentos y la memoria almacena recuerdos de un 2008 que se cobró vidas canarias en el desgraciado accidente de Barajas. Fue un impacto brutal, lo confieso. El dolor de los supervivientes, la impotencia y el temple de los familiares de las víctimas, la solidaridad y el afecto de Sus Majestades, del presidente, de ministros, de los alcaldes de toda España, de amigos, de periodistas, de tantos y tantos anónimos… personas que se acercaron para un abrazo que lo decía todo. Fue un mazazo del que tardamos semanas en reponernos. Algunas escenas se reviven en nuestro interior: es el dolor que no se ha ido del todo.

Se fue también Rafael Nebot, el factótum del Festival de Música de Canarias. La noche después de su fallecimiento, en la íntima soledad, escribí, en su memoria, que es en ese trance cuando uno se da cuenta de la trágica veracidad que significa la crueldad de los dioses en las óperas barrocas. Nebot dedicó a la convocatoria buena parte de su vida, lo hizo con voluntad perfeccionista, la que está reservada a los eximios directores. Se fue el maestro pero nos queda su obra, la que consolidó un festival nacido en 1984 y que enorgullece a todos los canarios.

Viví de cerca otras lágrimas, de alegría, eso sí. Las de Enhamed Yahdih, un grancanario invidente de veintiún años que en Pekín, en los Juegos Paralímpicos, nadó como nadie, hasta emocionarnos con la sonrisa que sucedía al ritmo de sus brazadas, de sus medallas y de sus plusmarcas. Enhamed es un ejemplo de tenacidad y de superación. En este año recién estrenado, cuando todos estamos llamados a esforzarnos para superar adversidades, cuando la recesión permite espacios para las oportunidades y el compromiso colectivo, tengamos presente su dedicación y su ejecutoria.

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