Soberanismo de baja intensidad

Todo partido nacionalista es, por definición, soberanista. Conceptos como ése –básico, casi de párvulos– no se discuten en el País Vasco, Cataluña o Galicia. Sin embargo, en Canarias muchos se rasgan las vestiduras cuando oyen términos como soberanismo o independencia que forman parte desde hace siglos del diccionario político sin que se haya producido un cataclismo y sin que su defensa por parte de algunos partidos haya acarreado el diluvio universal.

Desde que el mundo moderno es mundo, han existido organizaciones que han defendido que su pueblo sea soberano para decidir por sí mismo, sin atender a fronteras estatales marcadas tras luchas de poder cuya resolución no tiene nada que ver con el idioma, la cultura o las tradiciones. Esos partidos políticos han sacado pecho cada vez que la libertad les ha dado margen para hacerlo, aunque fuera un espacio muy pequeñito en el que moverse conllevaba peligro de muerte. El nacionalismo siempre ha estado latente en el corazón de aquellos que entendían que su destino debe marcarse sin presiones externas y atendiendo únicamente a los intereses de su terruño.

Si siempre ha sido así, ¿por qué el drama en Canarias y con CC? Quizás la sorpresa en el Archipiélago no se produzca por los términos en si mismos. A lo mejor lo que deja pasmado a más de uno es que sea Coalición Canaria la formación política que abra un debate sobre un asunto al que los demás nacionalistas del país no dedican hace años ni un solo segundo. Seguramente porque, pese a gobernar durante 15 años, CC no ha logrado quitarse la etiqueta de “amalgama de partidos unida por puro interés mercantilista” que le ha colocado el líder de la oposición, Juan Fernando López Aguilar.

Pero ahora resulta que los nacionalistas canarios también quieren tener ideología. Y la buscan donde otros –PNV o CiU– la encontraron antes de nacer, porque el soberanismo –entendido como el pueblo que quiere decidir por si mismo– nunca ha sido algo artificial sino natural para los partidos que lo predican. En cambio, en el caso de CC, se mira hacia esa luz cuando los problemas electorales se han convertido en un drama al que son incapaces de poner fin con esquemas anteriores. Coalición se agarra ahora a un soberanismo de baja intensidad como al único flotador que puede librarla del naufragio absoluto.

Lo más llamativo no es esta nueva estrategia de consumo interno. Lo realmente sorprendente es la reacción del PP ante la nueva pseudoideología de CC. Los nacionalistas se ponen un disfraz y Mariano Rajoy se piensa realmente que van a estar de carnaval todo el año. El contundente comunicado emitido por Génova tras el congreso de Coalición Canaria dejó a más de uno boquiabierto por su desmesura: visto desde Madrid, el afán soberanista de los nacionalistas parecía realmente peligroso; contemplado desde Canarias, la radicalización de CC daba algo de risa. Y es que en la capital del Reino, a 2.000 kilómetros del Archipiélago, todo se desvirtúa hasta el punto de que el PSOE no tardó dos segundos en salir al ruedo y seguir el trapo rojo con José Blanco como toro bravo. Sólo la dinámica que sigue la política nacional explica tanto disparate.

Tuvo que salir a la palestra el presidente Paulino Rivero para dejar claro que CC es un partido nacionalista, “pero dentro de la Constitución”, una manera elegante de no decir nada más allá de los tópicos y de intentar apaciguar una polémica que durante 24 horas estuvo totalmente fuera de control. Un comunicado de CC contribuía también a despejar las dudas aclarando que la ponencia ideológica aprobada no hablaba de soberanismo, término que fue incluido “sólo” en un anexo de propuestas que se pondrán sobre el tapete “más adelante”.

Porque se entienda o no desde la visión estatal, Coalición Canaria sigue siendo lo mismo que ha sido desde su nacimiento: una fusión de querencias que se une cuando las urnas responden y se separa más cuando el horizonte luce oscuro. Ver más allá es pura ilusión y lo del soberanismo una gran quimera. La mejor prueba será el tiempo en que los nacionalistas tardarán en celebrar ese “congreso ideológico” en que debatirán “a fondo” las propuestas que salieron a la luz durante su congreso. No será en seis meses ni en un año. No habrá nada que hablar hasta que se acerquen las elecciones y haya que tirar de nuevo el anzuelo nacionalista a ver cuántos electores pican. ¿La carnada será entonces el soberanismo de baja intensidad que pregonan algunos?

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