Un año difícil

Hace sólo 15 años todos los sentados en el Salón de Plenos teníamos la certeza de que no había escollo que no se pudiera solventar con diálogo. Ahora ya no. Las cosas han cambiado y vivimos tiempos en los que las discrepancias se dirimen en los juzgados con una política anclada el cortoplacismo.

Escribo estas líneas con la certeza de que cuando se publique este Anuario habrá acabado una importante etapa de mi vida. El mes de junio termina mi labor al frente del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, una etapa llena de buenos momentos, de tensión, de dolor, de ilusión y de trabajo. No es motivo de este artículo hacer un repaso a 16 años de gestión, pues la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife me pide una reflexión de lo ocurrido durante 2010. Sin embargo, no puedo hacer balance de un solo año cuando tengo tan presente mi salida definitiva de la Casa de los Dragos.

Desde que entré en 1995 hasta ahora he visto cambiar muchas cosas. No solo en la ciudad; una ciudad que ha incorporado a su trama urbana lo que antes era una refinería y que ha crecido enormemente en el suroeste. No me refiero a los cambios físicos o estéticos de la ciudad, a la que recuerdo todavía cuando los coches aparcaban frente a la plaza del Príncipe y cuando la única calle peatonal era la del Castillo. No, me refiero a otras muchas cosas. Me refiero a una forma de entender la política y de querer a la ciudad.

No me remonto a 1978, cuando se dio aquel singular Gobierno de concentración que tanto bien le hizo a Santa Cruz. No, me remonto a hace tan solo 15 años, cuando teníamos la certeza, todos los sentados en el Salón de Plenos, que no había escollo, diferencia o problema que no se pudiera solventar con diálogo. Ahora ya no. Las cosas han cambiado. Ahora vivimos tiempos en los que las discrepancias se dirimen en los juzgados y esa forma de entender la gestión, anclada en un cortoplacismo preocupante, es una de las causas que han llevado a la defenestración de la política.

La búsqueda efectista de un titular de prensa se ha impuesto como fin en sí mismo. Para algunos, por suerte no para todos, es más importante lograr el titular que resolver el problema. Es mejor lograr unos minutos de gloria anunciando y presentando querellas que hacer el esfuerzo de sentarse con su adversario político para proponer y plantear soluciones. Ya no se buscan lugares de encuentro y de consenso. No hay interés por desarrollar acciones que redunden en una mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. No, lo que se buscan son los espacios en prensa, radio y televisión. Y cuanto más gordos sean los titulares, mucho mejor. Y el ciudadano, que lo que quiere y nos exige es que solventemos sus problemas y que nuestras horas de trabajo estén a su servicio, asiste impasible, entre indignado y atónito, a este espectáculo lamentable.

Esta reflexión viene al caso de una de las cosas (no la más importante para mí, ni mucho menos, pero sí quizás la más mediática) sucedida en 2010. Me refiero a la aprobación del PGO. Un planeamiento que había iniciado en 2005 un periplo de exposiciones públicas que llevó incluso a los redactores del mismo a ir, barrio a barrio, exponiendo y escuchando sugerencias. Aún así, en 2010 los vecinos de Santa Cruz asistieron a una continua sucesión de informaciones, contrainformaciones, disparates, amenazas y denuncias que se quedaban en la superficie del plan.

Nada se comentó de las infraestructuras paradas y pendientes de aprobación. Nada se decía de la necesidad de contar con una herramienta legal que diera amparo a los empresarios de la construcción que necesitan ese marco para invertir en la ciudad; nada de los cientos de parados que, a buen seguro, podrían encontrar trabajo en ese sector si lo dejáramos reactivarse…nada de nada. Frente a esa información que no recibía eco en los medios nos encontramos con otros mensajes que, sin apoyo veraz, sí lograron calar. Y así, un instrumento de planeamiento necesario se convirtió -no solo en Santa Cruz, lamentablemente el problema es común a casi todos los municipios canarios- en una herramienta puesta al servicio de la polémica.

En cualquier caso, más allá de esta reflexión pública poco más cabe añadir. El resultado de ese caso está a la vista: el PGO sigue pendiente de aprobación. Y mientras, la ciudad, sigue condenada a no remontar esta crisis. Y ese es otro de los temas que más marcó la ciudad en 2010. La coyuntura económica se ha cebado en una capital y especialmente -además de la construcción- en uno de sus sectores más emblemáticos: el comercio. Asimismo, la creación del IMAS buscaba dar una mejor y más eficaz respuesta a las demandas de los ciudadanos más necesitados. Un camino que hemos abierto y que estoy seguro seguirán en el futuro más inmediato otras administraciones locales.

Y hubo más…mucho más. Pero la memoria es selectiva y, por suerte, con el paso de los meses y de los años uno se acuerda de lo bueno y no de lo malo (para eso están las hemerotecas) y con lo bueno de 2010 y de los 15 años anteriores es con lo que me quiero quedar; con el cariño y el respaldo de los vecinos de Santa Cruz a los que he tenido el honor de servir y quienes me permitieron pasar a formar parte de la pequeña, pero gran historia de nuestra capital.

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