¡Ay año 2013!, otro ejercicio anual que pudo traer algo positivo y no lo dio; otro periodo de doce meses en el que las promesas no se cumplieron en su totalidad, y otros 365 días de trabajo en el campo de Canarias llenos de sobresaltos, de síes que luego fueron noes y de dineros públicos que iban a estar y más tarde no llegaron, más las medidas que no se implantaron… Y así, año tras año, el sector primario aporta cada vez menos. En el PIB local y en empleo.
Así, entre promesas incumplidas y dineros o medidas que no llegaron… los agricultores y ganaderos isleños, algunos, que no todos, quedaron con el culo al aire o mirando a los celajes; esto es, con muchas dificultades para atender compromisos y salir adelante. El año 2013 habría sido mejor para el sector agrario local con el sencillo hecho de que los dirigentes políticos de la región y del Estado no le hubieran dado de patadas a sus propias palabras. Claro que la crisis es honda, claro que la recesión se las trae y los recursos públicos escasean, claro que sí: muy claro, muy claro. Clarísimo, pero… las cosas hay que hacerlas bien.
En 2013, como ya ocurre con enorme indecencia desde 2011, el principal problema del campo canario es la nefasta gestión pública de los apoyos directos previstos en el llamado Posei adicional (nacido en 2009), un programa de ayudas de Estado (con dinero de Canarias y España al 50%) que se concibió y autorizó por la Comisión Europea para completar el Posei comunitario (el bueno porque siempre se paga) y que, al menos desde el ejercicio 2010 (para los abonos de ese año), jamás se ha pagado en su totalidad. Esto ha supuesto, y el dato es sólo orientativo, que el sector productor agrario de las Islas, en especial los tomateros de exportación, los productores de uva para la vinificación de calidad y los productores de leche, haya dejado de ingresar por año una cantidad global media en torno a los 25 millones de euros, más si eran años cercanos a 2009 y menos conforme el ejercicio viaja hacia 2014, sobre todo porque la medida ideada para los tomateros de exportación era decreciente.
El caos organizativo y presupuestario de la Comunidad Autónoma de Canarias y del propio Estado, que debían aportar al 50% el presupuesto anual del llamado Posei adicional, lo ha puesto todo patas arriba. Lo que lee: patas arriba y con una polvareda tremenda en la que no faltaron huelgas de hambre de algunas agricultoras de tomate de exportación de La Aldea (Gran Canaria) y movilizaciones y críticas variadas y muy rabiosas, y no sin razón.
Quitando los años 2009 y 2010 (en este año se pagó casi todo del Posei adicional, en torno al 75% de lo convalidado, lo que implicó prorrateo de las ayudas hasta ese nivel), del resto casi mejor es no hablar, que los abonos públicos correspondientes a las medidas incluidas en ese programa han sido un desastre, aún con deudas muy cuantiosas, al menos 20 millones de euros de apoyo público directo sin percibir por beneficiarios de la ganadería local y otro montón de millones para el tomate de exportación, en torno a ocho. Todo esto es por impagos de partes de 2010 a 2013, cerrado ya este año (un cuatrienio).
Pero ese problema, muy gordo y sin duda el peor de todos los apreciados en 2013 en Canarias, no ha sido el único que ha afectado al campo, pues a aquél se han unido varias cuestiones que han restado tanto, tanto… que la aportación del sector primario local a la economía de las Islas (menos del 1% del PIB regional) se ha quedado en el sexenio 2008-2013 como veremos ahora: ha ido para atrás, muy para atrás. El grupo de actividades del campo y la pesca se ha hundido en ese sexenio, siempre según el cálculo del INE a precios constantes. Éste ha producido en 2013 (77,3 puntos) casi un cuarto menos de valor que lo que logró en 2008 (100). Para el sector primario canario, se aporta la siguiente caída en empleo total: de 16.500 personas en 2008 a 14.000 en 2013, con 2.500 menos. Queda claro que a peor va la mejoría.
Las cuestiones negativas que se apuntan son, al menos, las que aquí se detallan:
— La quiebra de numerosas cooperativas agrarias con negocio principal en el tomate y la agricultura con destino al mercado interior.
— Las dificultades de la industria de transformación, en especial la láctea (ahí está el desastroso caso Teisol, factoría ya muerta después de que el Cabildo de Tenerife dejarse por el camino millones y millones de euros).
— Los ERE varios en entidades agrarias, entre ellas la Cooperativa del Campo La Candelaria, radicada en La Laguna.
— La reducción de la ayuda al transporte de mercancías por debajo del máximo fijado por el real decreto (se pagó por 2013 el 25%, más o menos) que la regula (aportación del Estado que se financia al 50% con el Feder y medida incluida en el REF), con daño descomunal para el tomate de exportación.
— Los retrasos en el pago de subvenciones para compensar los destrozos de los temporales de hace años en el campo canario, por ejemplo los ocurridos de forma encadenada a principios de 2010 (aún sin abonar ni un euro por esos destrozos, con todos los perjudicados a la espera de dinero público).
— Los fracasos continuos en el ya manido intento de conseguir vender más a empresarios del turismo isleño, donde no ha habido nada nuevo ni de interés (el consumo regional de productos agrarios de las Islas representa el 15% del total).
— La casi nula existencia de plataformas colectivas y solventes de comercialización en los ámbitos insular y regional y la falta de garantías a medio o largo plazo para las actividades agrarias, en lo que se incluye hasta el plátano, que, sin duda, sigue siendo el que sale mejor parado en un espacio en el que prevalece el barro, y lo es gracias a sus ayudas anuales por valor de 141 millones de euros, todos en el Posei bueno (el comunitario), y con pagos de dos veces, por semestres. La verdad es que no está nada mal.
En el plátano canario también se destruye superficie cultivada, cada vez hay menos relevo generacional y las dificultades para vender a precios aceptables en el exterior son gigantes, sobre todo por la fuerte competencia del banano, que poco a poco se come cuota del plátano en su mercado tradicional, la Península, lo que incluye la parte de Portugal, y cada vez deja más en manos de los 141 millones la supervivencia de la principal actividad de exportación agraria en las Islas.
En los escasos logros conseguidos en comercialización, toda la culpa es de Asprocan y de las hoy cinco organizaciones de productores existentes en las Islas (ojo que no todas son iguales), que lo de la reducción paulatina de aranceles de importación de banano ya está descontado. Para contrarrestar este proceso sin fin, que además parece que se va a agudizar con el acuerdo comercial entre Ecuador y la UE, ya la APEB y Asprocan preparan sus influencias en el sector público-político para pedir más ayudas; para que los 141 millones sean más dinero todos los años. Así de claro quedó tras el último cónclave de la APEB en Madrid.
Seguro que el lector avezado ya ha podido percatarse de que falta algo, una cosa que se puede considerar inmaterial, intangible, pero que para muchos, no para los que sostienen el status quo actual, pudo haber sido una esperanza, una opción para dar un giro al sector agrario de las Islas, sobre todo en el mercado interior.
Como se sabe, los que más mandan no quisieron y, por ello, la que pudo ser reforma prematura (y necesaria para muchos canarios) del reglamento del Posei puesto en marcha a principios de 2013 (el del informe Mato, que fue ponente en la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo de este texto jurídico) se quedó en esfuerzo metido en la papelera de reciclado (incluso el entonces comisario de Agricultura, Dacian Ciolos, visitó la isla de Tenerife en septiembre de 2013), gracias, sobre todo, a Asaga-Canarias, Asprocan-APEB y los gobiernos de España y de Canarias, más la mano que echaron algunos eurodiputados. Lo que hay que ver.
Todo esto representa el regalo envenenado de 2013, y además viene a ser lo que 2014 mantiene como herencia. En esta afirmación se eliminan las mejoras apreciadas en los pagos del Posei adicional, logro que se debe apuntar a la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias, que Madrid ni se ha movido en este capítulo, y que se ha ido consolidado siguiendo el esquema del que “no llora no mama”: denuncias, movilizaciones y escandaleras para pedir lo que de verdad corresponde al sector agrario local porque se aprobó así y está en los papeles. O sea, una deuda en toda regla.
Por si han sido poco los desmanes, “… va y pare la perra”, como afirma el dicho. Y con esto se quiere dar cuenta de que en 2014, por sólo poner un ejemplo, la situación del tomate de exportación es más preocupante. Un único dato: en el mes de agosto trascendió que Aceto, la asociación de los tomateros en la provincia tinerfeña, perdió en el Tribunal Superior de Justicia de Canarias su disputa por la compensación al transporte de mercancías del año 2002, con la condena del pago de 8,5 millones de euros, reintegro de las ayudas percibidas y pago de intereses de demora. Esta decisión se prevé recurrir ante instancia superior: el Tribunal Supremo, lo mismo que ya hizo la organización Fedex, en la provincia de Las Palmas, contra la que antes también se falló en contra y en cantidad superior, por encima de los doce millones de euros.