Mismos males, mismo remedio

Los aficionados al fútbol somos generosos. En el fondo lo perdonamos todo y acabamos encontrando explicación para todo. Cuando una persona que no sufre de esta suerte de enamoramiento nos pregunta por las razones de nuestro encantamiento, utilizamos argumentos como que se trata en el fondo de una actividad económica, que es un espectáculo como cualquier otro, que las emociones venden…

Repito: los aficionados al fútbol somos generosos. Porque si hacemos un repaso de los últimos 25 años del fútbol en España, resulta vergonzosa la chapuza constante en la que vive este circo. Hagamos memoria. Antes de la vigente Ley del Deporte de 15 de octubre de 1990 los clubes de fútbol en España eran asociaciones privadas sin ánimo de lucro. Como su fin era fomentar el deporte, los directivos y los socios no respondían de las deudas. En caso de desaparición, los bienes de la entidad no eran para sus socios, sino para la Administración pública.

La Ley de 1990 nació para sacar al fútbol español de su quiebra. Los clubes debían entonces 210 millones de euros. La Ley del Deporte pretendía sanear el fútbol y dotarlo de los instrumentos necesarios para evitar caer nuevamente en una situación de crisis. Suena a nuevo, pero les aseguro que es viejo, muy viejo. Entonces se pactó que la Liga de Fútbol Profesional (LFP) se haría cargo de la deuda con Hacienda, la Seguridad Social y el Banco Hipotecario; con este último, por la remodelación de los estadios para el Mundial de 1982. La LFP iría pagando la deuda con los ingresos por televisión y quinielas.

La deuda privada, la que tenían los clubes con el resto de sus deudores, se pagaría recapitalizando las entidades. Por eso se obligó a los clubes a convertirse en sociedades anónimas. En clave local habría que significar que en 1986, cuando Javier Pérez llegó a la presidencia, la deuda del CD Tenerife era de 300 millones de pesetas (casi dos millones de euros). Las nuevas sociedades anónimas deportivas nacieron sin deudas al vender acciones por valor de 91 millones de euros(1). El resultado fue que el mundo del fútbol profesional se saneó.

El CD Tenerife logró reunir 14.000 accionistas, que aportaron 370 millones de pesetas (2,2 millones de euros). En Gran Canaria, la UD Las Palmas afrontó su conversión en SAD tras su caída a Segunda División B arrastrando una deuda de 600 millones de pesetas. En 1996, el accionista mayoritario era el Cabildo, que tras el retorno a Segunda División logró que un grupo de accionistas entrase en la sociedad. Los nuevos dueños pusieron como condición recibir el club sin deudas, lo que obligó a la primera institución insular a invertir 400 millones de pesetas, déficit que se había acumulado tras cuatro años en la categoría de bronce.

Volviendo al panorama nacional se decidió, con la nueva norma en la mano, que los clubes que en el futuro incumpliesen las reglas del juego serían severamente castigados. Así, el 1 de agosto de 1995, la LFP hizo público un comunicado en el que anunciaba el descenso administrativo a Segunda División B del Celta de Vigo y del Sevilla. El motivo de la pérdida de categoría se debía a los retrasos al presentar una transferencia económica, que hacía de aval y que representaba el cinco por ciento del presupuesto de cada club, sirviendo como una futura provisión de deudas, como exigía la Ley del Deporte. Estos dos avales ascendían a 85 millones de pesetas en el caso del Sevilla y a 45 millones en el del Celta. Sus plazas iban a ser ocupadas por dos equipos que habían bajado esa temporada: el Albacete y el Valladolid.

Pero las reacciones no se hicieron esperar. Los aficionados de Sevilla y Celta salieron a las calles para protestar ante una decisión que, a su juicio, era completamente injusta. Por otro lado, los dos conjuntos que se habían salvado del descenso en los despachos no querían ni oír hablar de volver a bajar. Ante la presión de unos y de otros, la LFP se vio obligada a tomar una decisión que contentase a ambas partes y por ello optó, el 16 de agosto de 1995, por readmitir al Sevilla y al Celta en una asamblea extraordinaria. Finalmente se mantuvieron los cuatro equipos en la máxima categoría y, de este modo, la competición tuvo veintidós equipos en la temporada 1995-96 y también durante la siguiente.

El maná televisivo

Por aquel entonces, otros acontecimientos siguieron desviando a los clubes de las buenas intenciones de comienzos de los 90. La entrada en el mercado futbolístico de Antena 3 Televisión propició una inflación de los precios de las retransmisiones sin precedentes y una guerra de ofertas cuyas consecuencias aún estamos viviendo. Por cierto, ¿quién se acuerda de Vía Digital? ¿Y de la Ley de Interés General de 1997? Lo que sí se recuerda es que muchos clubes cogieron el dinero fresco, pidiendo incluso adelantos de cantidades de las futuras temporadas. En otras palabras, los equipos se gastaron los cuartos que no tenían.

La Ley del Deporte de 1990 se basaba en un planteamiento irreprochable. Sin embargo, lo que sucedió después fue que los clubes que se convirtieron en SAD acabaron en la ruina. Y todo ello sin olvidar que por el camino hubo recalificaciones, subvenciones, ayudas públicas, aplazamientos tributarios o laborales y otras prebendas inalcanzables para las empresas normales y corrientes. El poder mediático y político de los clubes españoles ha justificado todo este agravio comparativo, que se produjo en tiempo de bonanza económica, con la burbuja inmobiliaria creciendo y creciendo.

Florentino Pérez en 2000 consiguió que la administración municipal convirtiera los terrenos de la Ciudad Deportiva del Real Madrid en edificables. Se levantaron cuatro rascacielos de 250 metros de altura. En la operación, el Real Madrid obtuvo un beneficio de 500 millones de euros, según reconoció en sus cuentas. Por aquel entonces el club blanco pudo fichar cada verano a un jugador de talla mundial: Figo, Zidane, Beckham y Ronaldo. En 2009, cuando Pérez volvió a la presidencia del Real Madrid, logró ayuda financiera de entidades como CajaMadrid –hoy dentro de Bankia–, para frenar al Barcelona de Guardiola y el triplete. Con ese dinero de todos, en un verano fichó a Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema, Albiol y Xavi Alonso.

No era un caso aislado. Así, TV3, la televisión autonómica de Cataluña, llegó a pagar hasta 25 millones de euros de patrocinio a FC Barcelona (15 millones) y Espanyol (10 millones) temporadas atrás. Un medio de comunicación público patrocinó clubes de fútbol. Los ciudadanos pagando 5.000 millones de pesetas para que el logotipo de una televisión pública aparezca en una camiseta.

La Ley Concursal

En Canarias, en 2006 el CD Tenerife llegó a una situación límite. Cuando Miguel Concepción accedió a la presidencia la entidad se debían 55 millones de euros. Tras años de estrecheces, se ha logrado rebajar esa cantidad por debajo de los 17. Sin embargo, la casa blanquiazul ha terminado ocupando un papel secundario en el fútbol nacional, alejado de su protagonismo de la última década del siglo pasado. En el caso de la UD Las Palmas, en 2004 hizo historia al ser la primera SAD que se acogía en la Ley Concursal. La entidad de Pío XII debía 60 millones de euros y tardaría más de diez años en cerrar el concurso. Al igual que el CD Tenerife viviría alejando de la élite, casi siempre en Segunda División.

Volvamos al panorama nacional. En septiembre de 2014 los equipos de fútbol debían casi 500 millones de euros a Hacienda. Las mismas sociedades anónimas nacidas 20 años antes se habían endeudo hasta las trancas. ¿Cómo es posible que la eficaz Agencia Tributaria permitiese que una entidad como el Atlético de Madrid le llegase a deber 107 millones de euros? Ahora la nueva tabla de salvación se llama Real Decreto Ley 5/2015, que marca el escenario del reparto de derechos televisivos desde una óptica de venta centralizada. Aunque no ha contentando a todos y muchos clubes se han quejado con la boca chiquita, lo cierto es que aumentan las cantidades, cosa que permitirá afrontar los dichosos pagos pendientes con Hacienda.

En el fondo una normativa con mucha letra pequeña, un pastel más grande que el anterior pero no equitativamente repartido y un nuevo escenario con muchos interrogantes deportivos y que, en teoría, afectará negativamente a aquellos clubes cuya deuda con la Administración Pública sea más elevada, lo que implicará, supuestamente, el mantenimiento de los presupuestos deportivos, que por el contrario aumentarán en aquellos que no se hallen tan endeudados con el fisco. Divinas palabras, una vez más. ¿Se cumplirá? Viendo el asunto con perspectiva, creo que no. En este punto de la historia, la LFP ha jugado a ser generoso con los fuertes y cruel con los débiles. En los últimos años ha enviado aviso a navegantes descendiendo de categorías a Guadalajara, Murcia y Elche.

Mientras, la LFP mantiene un férreo control sobre clubes como el CD Tenerife, al que técnicamente tiene intervenido. Se trata de la misma LFP que no parece haberse dado cuenta que en buena medida por su culpa ha cambiado el panorama del fútbol nacional. Hoy ciudades como Salamanca, Burgos, Logroño, Alicante, Santander, Huelva o Cádiz ven a sus equipos competir en una Segunda División B llena de entidades de pueblo y que en el fondo es una Tercera División encubierta. Un pozo con todas las de la ley. La misma LFP que ha puesto una seria de reglas del juego que ha permitido que equipos como el Getafe o el Rayo se hayan instalado cómodamente en Primera División. La misma LFP que permite a clubes de pueblo como Ponferradina, Mirandés, Alcorcón, Leganés o Llagostera disfrutar de un tope salarial muy cercano al del CD Tenerife.

Y por cierto, tras la compra de Canal Plus por parte de Telefónica, la TDT de pago y Gol TV ya también son historia.

(1) La Voz de Galicia, 23/11/2008. José Manuel Otero Lastres, catedrático de Derecho Mercantil en la Universidad de Alcalá de Henares

Facebook
Twitter
LinkedIn
COrreo-e
Imprimir

Patrocinadores

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad