Del día de la marmota a ‘Matrix’

Las entidades financieras prosiguen su transformación en el desafiante camino que conduce hacia una nueva era virtual.

Hubo un tiempo en el que los bancos y cajas de ahorros de este país se comportaban como marmotas: en cuanto lograban los objetivos de negocio entraban en hibernación y esperaban a la primavera para despertar y aprobar sus cuentas anuales y sus líneas estratégicas para el nuevo ejercicio. Este era su ciclo natural y su ecosistema era un mercado intervenido o escasamente competitivo, con una inflación galopante que rara vez bajaba del 10 por ciento anual, lo que les permitía ofrecer créditos a un tipo de interés del 18 por ciento, mientras que remuneraban los depósitos de sus clientes al 2 ó 3 por ciento y si a alguno le parecía poco, se le ofrecían bonos, letras u obligaciones del Tesoro Público con una rentabilidad algo superior.

Los clientes no pagaban comisiones por sus cuentas, los sistemas informáticos aún se encontraban en fase de desarrollo, y todos estaban contentos, incluso los ahorradores, que veían como les ingresaban puntualmente los intereses y no eran conscientes de que estaban perdiendo dinero a causa del descenso de su poder adquisitivo y de la devaluación de la moneda, la entonces denostada y ahora injustificadamente añorada peseta.

Si alguien se hubiera quedado dormido en aquel momento y se despertara ahora no entendería nada de lo que está sucediendo dentro del mundo financiero. Los tipos de interés de referencia, como el Euribor, son negativos desde 2016, aunque la inflación se encuentra en niveles positivos, pero cercanos a cero, que es lo que se paga por los depósitos de los clientes, que si quieren rentabilidad tampoco pueden acudir a la deuda del Tesoro Público, que es negativa a corto y medio plazo y tan sólo llega a ofrecer poco más del tres por ciento si se compran Obligaciones a 50 años.

La rentabilidad se ha asociado al riesgo y a los proyectos de las grandes corporaciones internacionales, que son, con sus beneficios y sus perspectivas de crecimiento, quienes contribuyen a retribuir el capital de los modestos ahorradores, que se invierte dentro de planes de ahorro y de pensiones, porque la nueva regulación contra el blanqueo de capitales y en defensa del consumidor limita a la mayoría de la población el acceso a fondos de inversión y otros instrumentos financieros con volatilidad moderada o alta.

Cambio de paradigma

La persona que acude a la oficina bancaria a cobrar un cheque, pagar un recibo, retirar o ingresar efectivo o hacer una transferencia puede que no tenga los días contados, pero sí los meses y los años. Las nuevas oficinas presentan un diseño vanguardista, en ocasiones parecido al de una nave futurista de una película de ciencia-ficción, y no incluyen puesto de caja o lo tienen sólo en activo entre dos y tres horas al día. Al igual que los consumidores de a pie cogen los productos del hipermercado, los pesan, los pasan por el lector de código de barras y los embolsan, para luego pagar en efectivo o con tarjeta en la misma máquina, los usuarios de banca ya pueden utilizar una nueva generación de cajeros automáticos que les permite hacer las mismas funciones que en un puesto personalizado de caja, pero durante las 24 horas del día, aunque la principal herramienta financiera actual son los teléfonos y tabletas inteligentes, en espera de que salgan pulseras también inteligentes con las que se podrá controlar todo lo que queramos (la casa, el coche, los teléfonos, los ordenadores, las cuentas…) y no sólo pagar en establecimientos comerciales o sacar dinero sin necesidad de tarjeta, como las actuales que parecen de lo más innovador.

Los empleados del sector viven un continuo proceso de actualización de conocimientos jurídicos, tecnológicos y de estrategia empresarial, para compaginar adecuadamente una legislación cada vez más estricta y compleja con funciones que incluyen tanto la venta de productos y servicios como las de asesoramiento, que incluso podrá llegar a ser independiente, lo que les permitirá ofrecer productos de otras entidades, si así lo demanda el cliente. Para ello han comenzado a recibir formación cualificada por parte de prestigiosas universidades y centros de estudios avanzados, ya que van a precisar de varias titulaciones especializadas, a nivel de máster o similar, para trabajar dentro de este nuevo entorno y cumplir con los requisitos de la nueva regulación financiera, tanto la correspondiente a la Directiva Europea MiFiD II, que entró en vigor el 1 de enero de 2018, como la acordada para 2022 dentro del marco conocido como Basilea III, dirigido a preparar a los bancos a afrontar con las máximas garantías una futura crisis financiera como la acaecida entre los años 2007 y 2008.

Canarias no permanece ajena a toda esta realidad y los cambios en el trato personal y en la fisonomía de algunas oficinas de los grandes bancos son fácilmente apreciables por los clientes, que cuando atraviesan por primera vez el umbral de los nuevo decorados parecen sufrir el jet lag propio de un largo viaje en el tiempo, en el que han desaparecido algunas referencias que formaban parte de la identidad insular, símbolos que la internacionalización económica ha cubierto con un luminoso e hipnotizador diseño de apariencia robótica, utilizada con mayor o menor acierto, como si sus inspiradores trataran de emular los escenarios surgidos de la fantasía del visionario escritor George Orwell.

La función esencial de la banca

En lo esencial, la banca minorista radicada en estas islas, y la que ofrece sus servicios de manera virtual, siguen cumpliendo su misión de financiar a las familias y pymes canarias, apreciándose un importante repunte en la concesión de hipotecas, préstamos personales, tarjetas de crédito y en un mayor impulso de los proyectos empresariales, aunque todavía sin llegar a las cifras previas al estallido de la burbuja inmobiliaria, principalmente debido a dos causas: el número de entidades que compiten en el mercado se ha reducido a menos de la mitad que entonces, por lo que nadie se lanza de forma alocada a tratar de ganar cuota de mercado, y a un mayor rigor en el análisis de las operaciones, ya que aunque los índices de morosidad son cada vez más bajos, todavía permanecen en el recuerdo y en las cuentas de resultados algunos apuntes relacionados con los excesos del pasado.

La banca sigue transformándose en el desafiante camino que conduce hacia una nueva era virtual, en la que las divisas que nos sirven de referencia, como el euro o el dólar estadounidense, no dejan de ser criptomonedas oficiales, que en pocos años no necesitarán ser impresas sobre el papel o acuñadas sobre el metal, y que tendrán un valor igual de ficticio que el actual, resultado de una combinación de variables controladas por algoritmos, en los que la incidencia del ser humano común será mínima, como si vivieran y compitieran dentro de una especie de Matrix de los mercados globales. De su colapso o de su éxito dependerá buena parte del progreso social y económico de las nuevas generaciones, en caso de que fuera posible disfrutar de ciertos niveles de bienestar en las condiciones ambientales en las que se encuentre entonces el planeta, un factor que cada vez influye más en la toma de decisiones de los inversores contemporáneos, tanto para lo bueno como para lo malo.

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