Las crisis son una oportunidad para salir adelante con fortaleza. Ahora no es el momento de parar licitaciones o contrataciones públicas
Las mayores cotas de crecimiento y desarrollo en Canarias han venido de la mano del binomio construcción-turismo, creando riqueza social, empleo y dinamismo económico. Es una realidad incuestionable, otra cosa es que no se quiera aceptar por cuestiones ideológicas y se repita constantemente que hay que cambiar el modelo económico o acabar con el monocultivo del turismo; por cierto, poniendo como alternativas más disquisiciones teóricas que posibles recambios factibles. Esa demagogia, basada en consignas ideológicas, no sirve para la reactivación, sólo permite un estancamiento más prolongado y doloroso.
Hay que recordar que la actual crisis que padecemos no es por una quiebra del modelo económico canario en concreto, debido a deficiencias estructurales o defectos internos, sino que es consecuencia de una crisis sanitaria a nivel global, pandemia que está afectando a todos los territorios, países o sistemas productivos. Desde Nueva York, pasando por Londres, París o Roma sufren también la contracción del turismo, debido a la Covid-19, que está cambiando absolutamente la vida, personal, económica y social en todos sitios y a toda la gente. Por lo tanto, lo que pasa en Canarias no es novedoso ni mucho menos endógeno, es igual a lo que acontece en otros lugares.
Ahora toca reinventarse y ser proactivos, para ofertar seguridad sanitaria, también personal, modernización de la planta alojativa e incentivos atractivos, para seguir siendo un destino turístico de primer orden mundial. Porque el turismo no desaparecerá; cambiará en su forma, pero permanecerá como fenómeno mundial. La diversificación económica es atrayente y siempre es positiva, también es obvio que hay que potenciar el sector primario y desde nuestra realidad física archipielágica en el Atlántico Medio, ser esa plataforma intercontinental, de la que tanto siempre se ha hablado y poco se ha ejecutado.
Un reto para conquistar es resolver el acceso a la vivienda de los jóvenes y crear un parque de alquiler asequible, para solucionar la emergencia habitacional, tan dramática como injusta
Pero no se puede contraponer o despreciar sin más a lo que ha traído bienestar social y crecimiento económico a Canarias, como ha sido la combinación construcción-turismo. Por lo tanto, ahora toca mejorar su proyección futura todo lo que se pueda, con los pies en la tierra, aportando propuestas viables que lleven a una mayor calidad de vida generaliza, a través del trabajo y el empleo.
El papel de la Agenda 2030
Las crisis son una oportunidad para salir adelante. Ahora no es el momento de parar licitaciones o contrataciones públicas, sería un error que se pagaría con más recesión y desempleo, lo conveniente es invertir en infraestructuras y vivienda lo más pronto posible, porque la construcción tiene una incidencia relevante en el empleo y un efecto arrastre en la economía, siendo un verdadero motor y la garantía de una recuperación duradera. Hay que asegurarse de que se puedan ejecutar proyectos que ya estaban en marcha antes de la Covid-19, más los que se puedan incorporar.
La reactivación tiene que pasar por cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que favorezca una red de carreteras seguras, eficientes, en simbiosis con el territorio; también, mejorar las dotaciones o equipamientos en salud o bienestar, ahora más que nunca debido a la pandemia que sufrimos, e implementar las obras de tratamiento del agua y saneamiento oportunas. Además, hay que posibilitar ciudades sostenibles, a través de una ola de regeneración inmobiliaria, con la potenciación de la rehabilitación, que impulse la eficiencia energética, la accesibilidad universal y la digitalización.
Un reto es resolver el acceso a la vivienda de los jóvenes y crear un parque de alquiler asequible, para solucionar la emergencia habitacional, tan dramática e injusta. Porque no se recuperará suficientemente el empleo sin la construcción de vivienda nueva o la rehabilitación del envejecido parque actual. Para eso es crucial la colaboración público-privada.
La conservación de nuestras infraestructuras y especialmente de las carreteras, tiene que ponerse en marcha rápidamente, porque uno de cada diez kilómetros presenta una situación deficiente e incompatible con una movilidad segura y sostenible.
El tejido empresarial de la construcción tiene potencialidad suficiente para hacer frente a la crisis, por su diversidad, agilidad, flexibilidad, versatilidad y adaptabilidad a la coyuntura económica del entorno. Hay que aprovecharlo para que impulse la actividad económica.
La reforma y la rehabilitación edificatoria tienen que servir de impulso mejorando las condiciones vivenciales. El estado de conservación de nuestro parque de edificios exige un relanzamiento de la rehabilitación con el objetivo de mejorar su eficiencia energética, sus condiciones de accesibilidad y su estado de conservación. Sin olvidarnos que este tipo de actuaciones mejoran la seguridad e incrementan el valor patrimonial del inmueble, con viviendas más confortables y revalorización de los activos inmobiliarios y sobre todo, la calidad de vida de los ciudadanos. También es imprescindible, porque la incorporación de la digitalización a nuestra vida ordinaria exige que se facilite el acceso de las infraestructuras de comunicaciones, para hacer posible edificios digitalizados.
Además, tenemos en el mercado un porcentaje de edificaciones que necesitan urgentemente acometer obras de conservación por su estado ruinoso o deficiente, principalmente por falta de mantenimiento a lo largo del tiempo de uso, aprovechando la renovación para eliminar sustancias peligrosas en los edificios.
Colaboración público-privada
Precisamente por la situación económica que padecemos, como consecuencia de la crisis sanitaria, ahora es el momento también de proceder a un mantenimiento integral de las zonas públicas y de los equipamientos comunitarios e infraestructuras, para incrementar el bienestar social. La colaboración público-privada tiene que ser efectiva, por eso, se hace necesarios planes de renovación del parque edificatorio público, como también, potenciar y facilitar la rehabilitación privada.
La Unión Europea, con el fin de superar la crisis económica derivada de la Covid-19, ha llevado a cabo una fusión de los planes previos a la pandemia (Pacto Verde o Green Deal y Agenda Digital), cuya consecuencia es un Plan de Recuperación, cuyo principal objetivo es concretar la inversión en sectores y actividades de proyección futura para lograr los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030, señalando como actividades preferentes, la construcción, la digitalización de servicios y una ola de renovación inmobiliaria.
La construcción es vida, significa progreso y es generadora de actividad económica y empleo. Construyendo avanzamos, recuperamos y aseguramos el futuro y eso es desarrollo sostenible.