El fútbol profesional (y su industria) durante la pandemia

LaLiga tuvo un papel decisivo para mantener a flote una competición que mueve en nuestras islas, a través del CD Tenerife y la UD Las Palmas, el 1,2 % de su PIB

El fútbol profesional no ha sido una excepción y la Covid-19 se convirtió en la gran protagonista de, posiblemente, la temporada más rara de su historia. Sin embargo, a diferencia de otros sectores, los actores canarios en este sector (CD Tenerife y UD Las Palmas) han visto amortiguado parte del duro golpe sufrido por la fortaleza y liderazgo de su patronal, LaLiga.

A mucha gente le sigue chocando el término industria para hablar del fútbol profesional. Algunos lo usan, incluso, intentando imprimirle un cariz peyorativo a esa palabra que solo viene a atestiguar que el fútbol profesional (1ª y 2ª División A) supone más del 1,2% del PIB de Canarias, factura por encima de 500 millones de euros anuales y genera más de 6.000 empleos.

Con estas cifras, no se le puede escapar a nadie que detrás (siempre detrás) de los gritos, abrazos y explosiones de sentimientos que traen cada gol y cada punto de amarillos, blanquiazules y del resto de equipos de LaLiga se sostienen cada vez más empresas, puestos de trabajo y familias canarias.

Todo el mundo es consciente de que los dos clubes canarios tuvieron que adaptar su estructura de forma súbita, como todas las organizaciones del archipiélago. Hacer un ejercicio de responsabilidad en la toma de decisiones con la adopción de medidas difíciles, y hasta dolorosas, sobre todo en el ámbito laboral. Replantear las relaciones pendientes y presentes con acreedores, proveedores, clientes y, lo más importante, con la importante masa de abonados y aficionados con la que cuentan ambos equipos. Pero también es cierto que este fue el pan nuestro de cada día para todas las entidades de la región. Lo que quizá no sepa todo el mundo es la dimensión del papel que jugó LaLiga para mantener a flote la industria de nuestro fútbol profesional. Por ejemplo, fue desde España desde donde un exjugador del CD Tenerife, Luis Gil, y el presidente de la organización, Javier Tebas, fabricaban calendarios internacionales que sirvieran para todos y cada uno de los supuestos en los que pudieran verse inmersas decenas de países al aceptar la UEFA aplazar su Eurocopa prevista para el verano de 2020.

LaLiga conformó un equipo multidisciplinar para preparar las bases de un protocolo sanitario que luego se convirtió, casi sin modificaciones, en el que el Consejo Superior de Deportes oficializó para autorizar el regreso de las competiciones profesionales

LaLiga conformó un equipo multidisciplinar para preparar las bases de un protocolo sanitario que luego se convirtió, casi sin modificaciones, en el que el Consejo Superior de Deportes oficializó para autorizar el regreso de las competiciones profesionales. Desde la patronal se consiguió proveer a los 42 clubes del material médico necesario para que la seguridad primara por encima de cualquier otro factor.

Por supuesto, también fue necesario alinear en la misma estrategia de salvaguarda del sector a los operadores audiovisuales nacionales e internacionales, lógicamente claves y necesarios en tal encrucijada. Tras el clima inicial de incertidumbre generalizado, la tozuda realidad de los hechos ha dado la razón al modelo español, alemán o inglés, que buscaba un escenario que hiciera posible la conclusión de las competiciones deportivas, frente al adoptado por otros países, como Francia, Países Bajos o Bélgica. Y eso, a pesar del ejército de agoreros que presagiaba un río de lesiones.

No se puede pasar por alto la imprescindible necesidad de acuerdos políticos en una etapa tan convulsa. Ante la cerrazón de los que, aparentemente, solo pretendían boicotear el posible regreso de las competiciones, se alcanzó un acuerdo en el Consejo Superior de Deportes para dar luz verde al regreso de la competición. No se debe olvidar, que, como consecuencia de esos acuerdos, UD Las Palmas y CD Tenerife (como parte de los 42 clubes profesionales) incrementan su dotación a las federaciones olímpicas, no olímpicas y paralímpicas en más de 50 millones de euros anuales, además de duplicar los importes ya existentes para el fútbol femenino y el no profesional.

La realidad deportiva.- Tanto en los despachos como en los terrenos de juego, los dos equipos canarios vivieron la pandemia con mucha más tranquilidad que otras plazas históricas del fútbol español. A los blanquiazules, de la mano de Rubén Baraja, parecía que todas las dificultades sufridas los habían convertido en un conjunto más rocoso y difícil de batir. Así, estuvieron a tiro de las eliminatorias de ascenso hasta que, en Alcorcón, una noche aciaga del VAR evitó que se ocupara el sexto puesto a falta de dos jornadas.

Por su lado, Pepe Mel siguió sacando petróleo a la que posiblemente sea la plantilla con peor suerte en cuanto a cantidad de visitas al quirófano en muchos años. Perdiendo solo dos de los últimos once envites finales, la UD cerró el curso en la novena posición. Como en el resto de la nación, el Gran Canaria y el Rodríguez López no pudieron albergar aficionados en este tramo final de temporada y cada partido se vivió bajo un estricto protocolo en el que poco más de 200 personas (incluidos futbolistas) trabajaban para que las ilusiones de decenas de miles pudieran estar, aunque fuera por un de par de horas, en el fútbol.

Si bien no afectó directamente a los equipos canarios, el fútbol del postconfinamiento también trajo un airado conflicto, fruto de varios positivos en uno de los equipos de LaLiga Smartbank en la última jornada. Y como parte de este juego, de este deporte y de esta industria, a río revuelto no solo aparecieron nuevos pescadores, sino también ruido. Mucho ruido en forma de polémica, descalificaciones y la creación de realidades paralelas para defender intereses que nada tienen que ver con el inicio del conflicto.

Y aunque termine una temporada y comience otra, el fútbol profesional de la pandemia no se ha ido. Sigue adaptándose día a día, al mismo ritmo que la realidad económica, sanitaria y deportiva del país.

Desgraciadamente, en el momento de redactar estas líneas, aun las gradas de nuestros estadios siguen mudas. Eso sí, afortunadamente, tanto UD Las Palmas como CD Tenerife continúan formando parte del fútbol profesional español, de este deporte que también es capaz de llevar, sin complejos, el traje de ser industria. Y que, alimentada por los sentimientos de muchos, muchísimos, sirve para que una parte relevante de nuestro PIB se mantenga a flote. En los tiempos que vivimos, eso hay que celebrarlo.

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