La Educación, prioridad absoluta

La pandemia por el Covid-19 ha marcado la gestión educativa de los dos últimos cursos, al igual que lo ha hecho sobre el resto de circunstancias del día a día en Canarias. Pero si hablamos del ámbito de la Educación, no cabe duda de que la importancia de la respuesta de la Administración cobra tintes extraordinarios. No en vano el futuro y las oportunidades de generaciones de menores, adolescentes y jóvenes se forja en este contexto.

La escuela es el espacio de la socialización, del aprendizaje de la convivencia y de los valores de respeto a la otredad sobre los que se construye el edificio democrático. Por tal motivo, el primer elemento definitorio del trabajo de la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes en este periodo ha sido la defensa de la presencialidad estudiantil. Como ninguna otra comunidad española o europea, en las islas hemos promovido la enseñanza en el aula como fórmula de protección de la salud física y psíquica del alumnado, a través de la implantación de estrictos protocolos de seguridad.

La vuelta a clase ha sido posible en primer lugar gracias al compromiso y a la grandeza del profesorado canario y del liderazgo de sus equipos directivos, que desde los primeros compases de la crisis dieron un paso adelante para facilitar la normalidad de las jornadas educativas. Quienes en estos meses complejos han ejercido la docencia, pese al riesgo y pese al miedo, se han hecho acreedores de nuestro reconocimiento y agradecimiento eternos.

Junto a ellos, el resto de la comunidad educativa ha colaborado en el éxito de la tarea. El alumnado, por su responsabilidad en el seguimiento de las normas; las familias, por su complicidad y confianza; las plantillas no docentes, por el trabajo complementario, eficaz y generoso. Y la Administración, debo decirlo, por la inmediatez con que canalizó el esfuerzo económico en aras de la presencialidad, la seguridad y la calidad educativas en tiempo incierto.

La vuelta a clase ha sido posible en primer lugar gracias al compromiso y a la grandeza del profesorado canario y del liderazgo de sus equipos directivos

Los resultados se corresponden con esta voluntad común de resiliencia, al obtenerse las cifras de impacto del virus en las aulas más bajas de España, entre un 0,2 y un 0,4 % de grupos confinados a lo largo del periodo lectivo.

Veamos otros datos. El correspondiente al año 2021 es el mayor presupuesto destinado a Educación de la historia de la Autonomía y representa un 4.55 % del PIB, lo que nos sitúa muy cerca ya del objetivo del 5 % planteado por la Ley de Educación de Canarias. 1.980.000 de euros que no incluyen los gastos extraordinarios derivados de la protección anti Covid y que hasta la fecha han supuesto una cantidad en torno a los 148 millones de euros.

La pandemia ha sido también un revulsivo para el proceso de digitalización de la sociedad canaria en general y del modelo educativo en particular. La necesidad de disponer de herramientas alternativas o complementarias al sistema basado en la presencialidad se ha impuesto en un escenario inédito en los tiempos modernos pero que podría repetirse en el futuro.

Por tal motivo, la Consejería ha diseñado un Plan para la Educación Digital de Canarias en el siglo XXI, cuyo desarrollo abarca los ejercicios 2020 al 2023 y que dedica cerca de 50 millones y medio de euros a mejorar los servidores informáticos, dotar de terminales y conectividad a centros, profesorado y alumnado, a formación y a la implantación de programas y proyectos relacionados con las TIC. No cabe duda de que la vuelta a la normalidad va a encontrar a una comunidad educativa más flexible, más moderna e incorporada de lleno en el uso de las herramientas del siglo XXI.

Los avances en este campo nos han dado ya oportunidades maravillosas, como la puesta en marcha del Aula Canaria de Enseñanza en Línea para alumnado vulnerable, que ha ido incrementando el número de estudiantes y sorprende cada día por sus benéficos resultados.

Las universidades públicas han seguido su ritmo en paralelo, respaldadas por la Administración con el diseño de los protocolos de seguridad y el incremento de las becas y ayudas al estudiantado; si algo nos ha demostrado la crisis es que la relación entre la situación socioeconómica de las familias y el alcance de los objetivos académicos y formativos es directamente proporcional.

La gestión de la Educación en este periodo ha sido prioridad de la agenda gubernamental y de la Consejería, pero no por ello se ha desatendido el resto de departamentos, cuyo desarrollo y función social se han visto ralentizados, pero en ningún caso detenidos.

Pausado el calendario competitivo, que afortunadamente vuelve de nuevo a las vidas de deportistas y afición, la gestión pública se ha centrado en la revisión de los procedimientos de financiación, de forma que, una vez de regreso a la normalidad, los trámites burocráticos sean más ágiles y eficaces.

Respecto a la Cultura, cerradas las salas, galerías y teatros, la respuesta no se hizo esperar: los espectáculos y propuestas de naturaleza artística y creadora colonizaron la red, se hicieron dígitos para viajar por el cableado y llegar a los hogares a través de las pantallas, demostrando su capacidad de reinvención y su importancia como alimento del espíritu. En todo caso, el vector socializador indispensable nos llevará de vuelta a los espacios culturales, al encuentro, la conversación y el placer compartido.

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