Conviene no olvidar que apenas un pequeño porcentaje de países, los desarrollados, acumulan casi el 70% de las dosis de vacunas producidas. Esto, además de consolidar una situación injusta y aumentar la brecha terrible de separación entre los países ricos y pobres, es una estupidez
Nadie se la esperaba, pero llegó, ya lo creo que llegó. Y de qué manera. El eurocentrismo simplón y vacío, el pensar que con el nivel de desarrollo que teníamos en Europa era difícil la explosión de una enfermedad transmisble, el creer que estábamos ante un problema que no traspasaría las fronteras de China fueron circunstancias que dificultaron el que se atisbara la importancia del problema y se desarrollar mecanismos de intervención. Además, la información que llegaba de China no era, digamos, que muy fiable. Según la misma, parecía que estábamos ante un proceso similar a una gripe. Pero de repente, confinan la región de Wuhan y comienzan a construir hospitales de un día para otro. Y nos empezamos a preocupar. Y ya era tarde, e Italia comenzaba a sentir en carne propia el drama. Y a partir de aquí, a surfear olas y más olas, cada una de las cuales tenía sus propias características. Y logicamente, los profersionales sanitarios y la ciudadanía estamos cada vez más agotados, más desesperados.
Pero, afortunadamente, ya disponemos de elementos que nos permiten vislumbrar un horizonte más cargado de optimismo. Y esos elementos son fundamentalmente las medidas activas, es decir las vacunas (ya vamos a por el virus), que debemos acompañar de las medidas pasivas que nos han permitido hasta ahora convivir con el microorganismo, es decir la conveniencia de que por parte de las administraciones sanitarias se tomen las medidas oportunas en función del peso de la pandemia, favorecer el tratamiento del aire en los espacios cerrados y reforzar en la ciudadanía la necesidad de seguir realizando un ejercicio de responsabilidad individual, incluso si se está vacunado.
Esta crisis, además, nos situó en la agenda un aspecto clave: cómo introducir en sanidad aquellas innovaciones que ofrecen valor terapéutico añadido, que son capaces de tener un impacto positivo en la salud de la ciudadanía y que al mismo tiempo garantizan la sostenibilidad de los sistemas de salud. En esta idea, las políticas de salud pública se presentan como una de las intervenciones más coste-efectivas que existen. Y en este contexto parece conveniente subrayar la necesidad de reforzar las políticas sanitarias que más han sufrido el rigor de los recortes, las políticas globales de salud pública.
Cambio de perspectiva
Afortunadamente, hoy el horizonte es otro. El escenario actual marca distancia con el pasado más reciente. Y son principalmente las vacunas las que determinan esas diferencias. Sobre todo el diponer de ellas. Y no deja de resultar curioso que en pleno periodo de avance tecnológico, y de cierta expansión del conocimiento, ciudadanos de diversos países rechazen la vacunación y decidan retrotraerse a siglos pasados desoyendo la evidencia científica y sintiéndose más cómodos arrullados por los susurros de las creencias.
Además, conviene no olvidar que apenas un pequeño porcentaje de países, los desarrollados, acumulan casi el 70% de las dosis producidas, llegando el resto a los países en vías de desarrollo. Y esto, además de consolidar una situación injusta y aumentar la brecha terrible de separación entre los países ricos y pobres, es una estupidez desde el punto de vista epidemiológico, ya que si dejamos espacios geográficos sin posibilidad de vacunar, allí seguirá circulando el virus, habrán nuevos casos, y la posibilidad por tanto de nuevas mutaciones y de aparición de nuevas variantes. En este sentido, también podemos destacar cómo España es uno de los países que lidera el proceso de donación de vacunas a los países en vías de desarrollo.
Recordemos, por tanto, que esto es una pandemia, un problema global que requiere respuestas globales, y no solamente recetas locales. El problema no solo hay que solucionarlo, en España, Reino Unido, Francia o Canadá. También hay que arreglarlo en Uganda o Camerún. Porque de ésta, o salimos todos o no salimos ninguno.