Canarias entre el crecimiento y el decrecimiento económico

Nadie en su sano juicio pondrá objeción alguna a que en las Islas se localicen nuevas actividades que cumplan con criterios exigentes de sostenibilidad económica, ambiental y social

La crisis económica que se inició a finales del 2007 y continuó hasta el 2012, seguida de la pandemia y los años de inflación, siguen marcando las tendencias a corto plazo de las economías, y también la de Canarias. Las tasas de crecimiento real del PIB anuales en Canarias han sido muy altas en los últimos años (8,5% en el 2021, 9,7% en el 2022, según la Contabilidad Regional de España, INE; y 4% en el 2023 y 3,5% en el 2024, según FUNCAS; 4,3% en el tercer trimestre de 2024, la fuente es la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal). Tales tasas de crecimiento son superiores a las de la economía mundial y española. Estas tasas indican que la economía de Canarias ha recuperado el importante efecto negativo de la pandemia (caída del 19,1% en 2020, INE).

Vista de esta forma la actividad económica, no cabe duda de que la recuperación respecto a los resultados pre-pandemia es un hecho. Una impresión semejante pudimos tener cuando se produjo la recuperación tras la crisis financiera. Sin embargo, una visión de largo plazo nos pone en una senda diferente.

Si tomamos la serie larga de la economía de Canarias que se inicia en 1955 y calculamos el crecimiento medio acumulado de cada década, la conclusión es que la actividad económica de cada década ha ido decreciendo desde 1971, con un extenso periodo de estabilidad entre 1982 y 2006, ciertamente, con tasas de variación relativamente altas durante este período.

Conviene, para tener una idea más cabal, acercarse a las tasas de crecimiento medio acumulado desde la crisis de 2007. Entonces tendremos la certeza de que la actividad económica en Canarias ha entrado en un proceso de crecimiento que oscila, según los años, entre -0,2% y 1,3%. Esto es, se mueve en el umbral del estancamiento. Generalizando, puede decirse que la transformación de la economía de Canarias que se inició con el Plan de Estabilización de 1958, ha ido reduciendo su potencial de crecimiento.

Otra forma de ver el proceso es a través del PIB per cápita. Como se ha destacado frecuentemente en los últimos años, la convergencia de la economía de Canarias respecto a la economía de la Unión Europea se ha ido transformando en divergencia desde 2003. Se ha dicho que la caída del nivel de convergencia se debe al crecimiento de la población. Es cierto, pero no es el único factor que contribuye a la divergencia. El proceso de crecimiento económico antes descrito ha precipitado la caída de 27 puntos porcentuales de convergencia con la media europea, desde 2003 hasta 2022 (Eurostat).
La descripción hasta aquí hecha del crecimiento económico sugiere algunas cuestiones de suma importancia para el futuro. La cuestión clave es: ¿perseguir el crecimiento económico y la convergencia es tan importante?

Pensemos en algunas cuestiones que llevan a perseguir el objetivo del crecimiento económico y la convergencia. Una parte muy extensa de la población se manifiesta a favor del crecimiento y la convergencia porque el empleo y las rentas se asocian con este objetivo. No sólo las rentas directas obtenidas, como salarios y beneficios, sino también los ingresos que financian los servicios públicos dependen del crecimiento de la actividad económica. De hecho, la renta disponible bruta per cápita se ha incrementado un 37,19% entre 2000 y 2021, aunque el porcentaje de participación de los asalariados en la renta disponible bruta ajustada ha caído entre 2000 y 2021 (del 62,3% en el 2000 al 55,6% en el 2021, según INE). Por otra parte, está el empleo. El crecimiento económico es consecuencia del empleo.
Sin embargo, pueden plantearse objeciones. Tales objeciones proceden de un tercer objetivo de la población, un conjunto de bienes y servicios de los que depende el bienestar o la calidad de vida. Canarias en comparación con otras comunidades autónomas no sale bien parada en los indicadores que miden la calidad de vida (el INE elabora un índice multidimensional destinado a medir la calidad de vida).

Pero, en especial, la objeción principal procede de la introducción en el análisis de las cuestiones medioambientales ligadas al crecimiento económico. Desde hace muchos años sabemos que El PIB no es un indicador de bienestar. Cuando incorporamos al análisis económico la cuestión de los recursos ambientales necesarios, aparecen dudas sobre la racionalidad de las decisiones. Los cambios de paisaje que se producen como consecuencia de la actividad económica son evidentes. Los problemas derivados de la administración de recursos limitados pasan a ser fundamentales para una parte de la población. No es el objeto de este texto entrar en este tema. Sabemos de lo que estamos hablando.
Así pues, estamos creciendo poco y nuestro nivel de bienestar comparativo no es bueno. Eso sí, la población ocupada crece considerablemente, ya ronda el millón de ocupados.

A cuenta del cambio de modelo

¿Qué hacer? La respuesta que se oye con frecuencia es: hay que cambiar el modelo productivo. Tengo algunas dudas sobre tal estrategia. En primer lugar, una cuestión es cambiar el modelo productivo y otra cambiar la producción real de bienes y servicios de las Islas. Los modelos son versiones estilizadas de la realidad, no la realidad, que siempre es más compleja. Cambiar el modelo se puede hacer en una pizarra o ante un folio en blanco. Sustituir parcialmente las actividades económicas concretas por otras al gusto de cada uno, sin perdedores entre la clase trabajadora, es una mera ilusión puesto que se ignora la extremada complejidad de las decisiones y las preferencias individuales y colectivas.

En segundo término, se ignora la diversidad existente en las ocho realidades insulares. Cuando agregamos bajo la denominación de Canarias las ocho islas estamos cometiendo un error de apreciación relevante. Gran Canaria y Tenerife pueden ser consideradas islas con economías diversificadas y complejas. La Palma, La Gomera y El Hierro fundamentan su actividad en los recursos privados y públicos externos, y una presencia destacada de los servicios públicos. Lanzarote y Fuerteventura tienen predominio de las actividades relacionadas con el turismo ¿Cuál es el modelo que hay que cambiar?

Y por último, cada vez se oye más la respuesta que se refiere a cambiar el modelo diversificando la economía. Les expongo brevemente algunas dudas al respecto. Las economías pequeñas, fundamentalmente, aquellas alejadas de los grandes mercados, si quieren obtener algún nivel significativo de bienestar, se especializan. Si no me creen, pueden comparar las economías insulares de pequeña dimensión del mundo. Esta especialización se fundamenta en la explotación de ventajas absolutas puestas en el mercado a partir de ciertas ventajas compensadoras. Por ejemplo, de tipo fiscal. Creo que nadie en su sano juicio pondrá objeción alguna a que en las Islas se localicen nuevas actividades, que cumplan con criterios exigentes de sostenibilidad económica, ambiental y social. El problema está en encontrar a los inversores necesarios.

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