Canarias en Europa: desde la periferia atlántica al centro del debate en Bruselas

Aún queda abordar el reto siempre pendiente de la apertura de vías legales y seguras que disuadan a las personas desesperadas de abandonarse en manos de redes de tráfico y explotación: visados humanitarios, visados expedidos en consulados y embajadas, de la UE y sus EEMM

Aunque geográficamente alejadas del continente, las Islas Canarias ocupan un espacio cada vez más visible en el entramado político de la Unión Europea. Su condición de región ultraperiférica no las sitúa al margen, sino que las convierte en un punto estratégico de atención para las instituciones europeas. En el Parlamento Europeo, las particularidades del archipiélago han sido objeto de numerosos informes, resoluciones y debates. Ya sea en comisiones clave o en el pleno, la voz de Canarias se hace oír con claridad, poniendo de manifiesto que la lejanía física no implica irrelevancia política. Además de la creación de un nuevo Intergrupo de Política de Cohesión y Regiones Ultraperiféricas, que tengo el honor de presidir, este año, del 7 al 9 de abril de este año 2025 tuvo lugar la XXIX Conferencia de Regiones Ultraperiféricas (RUP) de la UE en La Reunión (Francia), bajo su presidencia rotatoria, que fue traspasada a la Región de Guadalupe, donde expusimos los nuevos retos que nuestras regiones afrontan.

Estos encuentros responden a una práctica saludable: repasar la agenda compartida, frecuentar el conocimiento y trato recíproco entre los responsables políticos (presidentes regionales) y los representantes en el Parlamento Europeo (miembros del Intergrupo RUP), así como preparar un comunicado que viene a poner por escrito sus prioridades ante los emplazamientos institucionales en la integración supranacional de los tres Estados miembros (EEMM) —Francia, España y Portugal— a que adscriben: la nueva Estrategia UE RUP post 2027 y el Marco Financiero Plurianual (MFF) 2027-2034. Es sabido que la baza más eficaz para la promoción conjunta de estas nueve regiones europeas que pertenecen por entero al acervo comunitario, pese a ubicarse geográficamente en vecindades alejadas e incluso próximas a otros continentes (Atlántico en el caso de la española Canarias y de las portuguesas Madeira y Azores; Caribe e Índico en el de las francesas), reside en la base jurídica —título habilitante decisivo en la política y legislación UE— tan singular como exclusiva que les presta el art. 349 TFUE (componente del Tratado de Lisboa), complementado con el art. 355 TFUE (aplicación territorial del Derecho UE).

La ocasión de actualizar esta especialidad resulta especialmente relevante en el actual contexto claramente endurecido en todos los frentes imaginables (de un lado, la composición del PE, con un crecimiento sin precedentes de las ultraderechas, hasta el punto de que, por primera vez, dos miembros de estas formaciones forman parte del Intergrupo RUP; de otro, las “nuevas prioridades” orientadas a la Seguridad y Defensa). Esta fue aprovechada con gran dosis de energía personal por la presidente saliente de la Conferencia, Huguette Bello. Su organización convocó al ministro francés de Ultramar, Manuel Valls (antiguo primer ministro de Francia, buen conocedor de España), y al vicepresidente de la Comisión Europea a cargo de la cartera de Política Regional y de Cohesión, Raffaele Fitto (elección personal de la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni). En las presentes coordenadas, más hostiles que nunca al sostenimiento de la solidaridad de la UE con sus regiones más remotas, durante la Conferencia de La Reunión cumplimos satisfactoriamente nuestros objetivos.

El vicepresidente Fitto no sólo escuchó en directo —tomando debida nota—, los pedimentos que expresan las aspiraciones legítimas de la RUPs, sino que asumió, razonadamente, un compromiso personal con su atención y satisfacción. De un lado, destacó la oportunidad de combinar fuerzas con el comisario UE de Agricultura (el luxemburgués Christoph Hansen, que es, como el propio Fitto, antiguo miembro del PE) para renovar, al menos en el importe de su cuantía actual, la ficha del POSEI, así como de las ayudas a la Pesca artesanal. De otro lado, la voluntad de incorporar a las RUPs a los grandes Programas y Líneas de Acción del próximo MFP: Interreg, Horizon, Cosme (para Pymes), Erasmus+… El objetivo proclamado es el de la diversificación estratégica que permita que las RUPs desplieguen su potencial de economía azul, verde y circular, y descollar en ámbitos tan punteros como el aeroespacial, la astrofísica y la biología marina.

Con todo, el gran desafío en que conjuntar esfuerzos desde tan distantes latitudes de la geografía europea continúa residiendo en la compensación de la dificultad estructural de la RUPs para incorporar las normativas UE que vertebran el Brussels Effect, esto es, la articulación de un espacio común intensamente regulado por sus Agendas Verde (la Transición Verde Justa hacia la descarbonización ante la aceleración del cambio climático global), Digital (los servicios en la Red) y, cómo no, migratoria. No sorprende que mis intervenciones, como copresidente del Intergrupo RUP, basculen continuamente sobre la necesidad de atender esa dimensión de las RUP que las cualifica como fronteras exteriores expuestas como ninguna otra al impacto en primera línea ante el hecho migratorio en la globalización. En este ámbito, resulta llamativo recordar que, durante la anterior legislatura, el PE consiguió aprobar el Pacto UE de Migraciones y Asilo compuesto por ocho Reglamentos (Leyes europeas obligatorias para los 27 EEMM) vinculados entre sí. Los retornos (y su eventual refuerzo) no son parte del Pacto, cuya operatividad deberá estar asegurada en junio de 2026. De hecho, la Comisión Europea que preside Von der Leyen en la actual Legislatura 2024/2029 ha adelantado ya una iniciativa respecto de los retornos, ante la que muchos en el PE nos disponemos a exigir su conformidad con la Carta de Derechos Fundamentales de la UE: retornos dignos, incentivados, acordados con los países de origen y tránsito, y respetuosos de los derechos humanos.

Pero aún queda abordar el reto siempre pendiente de la apertura de vías legales y seguras que disuadan a las personas desesperadas de abandonarse en manos de redes de tráfico y explotación: visados humanitarios, visados expedidos en consulados y embajadas, de la UE y sus EEMM. Y un Marco europeo conjunto de Salvamento y Rescate que prevenga y evite tragedias penosísimas como naufragios evitables, o el espanto de una barca que vuelca arrojando al fondo del mar a seres humanos tan inermes, con miembros entumecidos y tan heridos que, sin poder nadar ni moverse siquiera, mueren en la misma orilla por la que lo arriesgaron todo.

Paralelamente, hay todavía otro frente compartido para nuestras regiones, cada una en su propia mismidad y especificidad, y sin embargo todas ellas sensibles ante él: los fenómenos climáticos, con una intensidad cada vez más dramática y recurrente. Este ámbito demanda un incremento sustantivo de recursos destinados a la prevención, contención y reparación de daños ante catástrofes diseminadas en los mares aledaños y en la ultraperiferia: volcanes en erupción (las RUP comparten origen volcánico cuando no una falla sismológica), ciclones (Reunión, Mayotte), huracanes caribeños (las RUP francesas), borrascas antes impensables y ahora cada vez más frecuentes. La UE no puede permitirse —so pena de despeñarse en su deslegitimación allí donde es más necesaria— un MFP que mantenga cotas raquíticas y manifiestamente infradotadas como mecanismos de respuesta ante emergencias y protección civil en sus actuales Fondos de Solidaridad Interior.

Los objetivos de esta importante Conferencia deben coordinarse hacia un concierto coral de voluntades: del Consejo Europeo (su presidente, António Costa, portugués, es aliado natural por su conocimiento directo de la problemática de estas regiones), de la Comisión Europea (pasando de las palabras del Vicepresidente Fitto a los hechos y a las cifras) y del PE (coordinando enmiendas comunes a los presupuestos europeos y a los procedimientos legislativos con alcance relevante sobre los intereses de las RUP). Pero, sobre todo, exigen que ninguno de los nuevos objetivos delineados por la UE para este tiempo turbulento, sacudido por el desorden global (Autonomía estratégica, Política Exterior Común, Seguridad y Defensa, e incremento en dotaciones nacionales y europeas para poder financiarlas), sea acometido a costa de la Solidaridad interregional y de la Cohesión.

Canarias, al igual que el resto de las Regiones Ultraperiféricas, constituye una expresión viva de la diversidad y complejidad del proyecto europeo. Su lejanía geográfica contrasta con la intensidad de su compromiso político y su centralidad en algunos de los debates más decisivos de nuestro tiempo: desde la gestión ordenada y humana de los flujos migratorios hasta la adaptación al cambio climático, pasando por la participación activa en la economía del conocimiento y las grandes transiciones verde y digital. Lo que está en juego no es sólo el reconocimiento de sus singularidades, sino la afirmación de un modelo de integración que no margine a los territorios más remotos, sino que los considere aliados estratégicos en la construcción de una Europa más cohesionada, más justa y más preparada para los desafíos del futuro. En ese empeño, el Parlamento Europeo, con la fuerza de sus alianzas y la claridad de sus convicciones, seguirá siendo un instrumento clave para que la voz de Canarias, y de todas las RUP, no sólo se escuche, sino que sea escuchada con efecto.

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