Independencia y profesionalidad

Manuel Martínez-Pardo Sosa, licenciado en Ciencias de la Información (rama de Imagen), nació el 23 de enero de 1952 y falleció en La Laguna el 11 de enero de 2010. A finales de los setenta se incorporó a RNE en Canarias, donde permaneció hasta 2007, con pequeños paréntesis como director de Radiocadena Española en Canarias (87-89) y jefe de los servicios informativos de TVE-Canarias (91-93).

Se hace raro tener que escribir de nuevo un Obituario para el Anuario de la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife. Pensé dos años atrás que el de mi querido compañero Antonio Manuel Pérez sería el último durante un largo tiempo. Pero, no. El destino está golpeando con duras enfermedades a muchos seres cercanos, sean o no periodistas. El lunes, 11 de enero de este mismo año 2010 nos dejaba Manuel Martínez-Pardo Sosa. Ni siquiera la vida le dio la oportunidad de cumplir ese mismo mes 58 años.

Lo más seguro es que si los hubiera cumplido, hubiera dicho: “Estoy viejito y mimoso”. Yo le hubiera dicho: “Manolo, déjate de boberías; y mariconadas, las justas”. Manolo me hubiera respondido: “Mira que eres hocicuda”. Y yo le hubiera contestado: “¡Qué pesadito te pones. Si sigues así, en plan pitopáusico, no vengo más a verte”. Se supone que este diálogo tendría como escenario su querida casa de Guamasa, con Luna a sus pies. La misma compañera fiel que le acompañó durante su enfermedad, en sus últimos momentos y en su velatorio. Hay que vivir la escena que vimos unos cuantos la noche del 11 al 12 de enero para entender lo que aquí escribo. A Manolo lo despedimos en su casa de Guamasa y allí estaba Luna a sus pies y debajo del féretro mientras permaneció en el salón de su casa.

Manolo era una de las mejores voces que ha dado el panorama canario en cuanto a locución se refiere. Le gustó siempre el teatro, el doblaje, una buena interpretación y una buena puesta en escena, incluido un buen informativo. Y ahí quería llegar en este comentario sobre un profesional del periodismo que pensaba que la independencia y la libertad eran el mejor patrimonio de los periodistas. Y estos dos factores llevaban a la profesionalidad. Lo repetía siempre que podía y así se lo hacía ver a los chavales que llegan de prácticas a RNE en Canarias. Vivió con intensidad su etapa de redactor de la radio pública. También, su pase por Radiocadena Española como director. Se arrepintió toda su vida de aceptar el cargo de Director de Informativos de TVE-C entre 1991 y 1993, pese a los consejos que le dimos muchos amigos de que no fuera. El tiempo demostró que los consejos eran acertados, pero Manolo quiso probar la experiencia de la tele y excepto que hizo buenos amigos en la Casa que le acompañaron en su despedida, siempre decía que aquello había sido un error.

Nunca olvidaré su organización de un programa radiofónico en RNE llamado La noche en blanco, emitido desde el Valle Ucanca para toda España, en directo. Cualquier previsión se vio desbordada por la afluencia de público, pero las risas que nos echamos después a lo largo de los años, compensaban los sudores de Manolo aquel día. Las mismas risas que provocaba cuando estaba ingenioso y le daba por decir disparates. Eran esos días en que Manolo estaba feliz, positivo y disfrutaba viendo un buen ambiente en la Radio. Eso sí, discusiones aparte cuando quería poner el aire acondicionado a toda pastilla. Él y otro compañero ya desaparecido, Chueca, eran los hombres del pañuelo en la frente. Siempre, sudando.

Manolo tenía una carcajada sonora. Contagiaba su buen humor, sus ganas de hacer cosas y su afición culinaria. Es verdad que en los últimos tiempos le dio por cuidarse y recomendar que no cenáramos abundantemente. Algunos amigos esperaban que se repusiera de su enfermedad para celebrarlo en la parte de atrás de su casa guamasera, con él de chef haciendo su famoso y cacareado arroz negro. No pudo ser. Sin embargo, sí puede ser que los que le hemos sobrevivido sigamos aplicando su teoría de que la libertad y la independencia llevan a ser un buen profesional. Creo, incluso, que es moralmente exigible. Siempre se sintió un privilegiado por haber trabajo con entera libertad en RNE, sin recibir ni dar consignas. El Expediente de Regulación de Empleo de RTVE lo consideraba “un regalo demasiado valioso” para los tiempos que corren y no se equivocó. Pudo disfrutar casi tres años de este regalo. Los otros regalos que tenía en vida eran su familia, sus dos hijos, David e Isabel, su perra Luna, su casa de Guamasa, sus amigos y amigas de todas las edades y así un largo etcétera tuvo el privilegio de disfrutarlos durante muchos años.

Con este artículo que me pide la APT sólo pretendo que los que conocieron a Manolo lo recuerden largo tiempo. Y aquellos que no trabajaron con él o le conocieron poco sepan algo más de un profesional del periodismo que dio buenos consejos, que hizo reír a mucha gente y que tuvo el privilegio de estar dotado de una voz inconfundible. ¡Lástima que el destino lo haya dejado en este mundo tan poco tiempo! Nos queda su independencia, su libertad y su profesionalidad. Descansa en paz, Manolo, en tu querida Guamasa.

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