Siempre que refresco todo lo acontecido en la pandemia, lo primero que me viene a la cabeza son estos versos del gran Benedetti, aunque hay quien dice que los copió de un grafiti: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuesta, nos cambiaron todas las preguntas”. Y eso es ciencia, el ser consciente de que lo que hoy es A, mañana puede ser B, y que para detectar ese cambio hay que estar bien armado de recursos.
Llegó. Casi nadie pensaba que podía pasar, pero ocurrió. -Oye, parece que en China están teniendo un problema con un nuevo Coronavirus- decían. – Bueno pero es en China-, aquí no tiene por que llegar. En un país desarrollado, esas cosas no pasan Y claro que pasó, como no iba a llegar, en un mundo globalizado, una enfermedad transmisible nueva, que se transmite como se transmite, Como si se le pudieran poner puertas al campo Esa manía perversa de creer que determinados gérmenes tiene un componente racial en su genoma, y no colocar a la pobreza como eje vertebral de su desarrollo. Y mira que existían indicadores que hacían pensar en el estallido de una pandemia: El calentamiento global y el consiguiente cambio en el ecosistema de los microorganismos, la cada vez más desesperante diferencia entre países ricos y países pobres, es decir la pobreza y todo lo que la acompaña, hacinamiento, malnutrición etc, el no entender que la salud humana no podemos entenderla al margen de la salud animal o ambiental. Esta crisis, además, nos situó en la agenda un aspecto clave, cómo introducir en sanidad aquellas innovaciones que ofrecen valor terapéutico añadido, que son capaces de tener un impacto positivo en la salud de la ciudadanía y que al mismo tiempo garantizan la sostenibilidad de los sistemas de salud. En esta idea, las políticas de salud pública se presentan como una de las intervenciones más coste-efectivas que existen. Y en este contexto parece conveniente subrayar la necesidad de reforzar las políticas sanitarias que más han sufrido el rigor de los recortes, las políticas globales de salud pública.
Bueno, pero aquí tenemos un sólido sistema sanitario. Sí, es cierto que nuestro sistema sanitario es universal y casi gratuito, pero el que se ha enfrentado a la Covid-19 procedía de una severa política de recortes que dejó en una situación de profunda debilidad a la estructura de salud pública y de atención primaria, fundamentalmente, para abordar ese problema. Afortunadamente de lo que si disponíamos es de profesionales absolutamente entregados, por vocación, responsabilidad y compromiso Que, incluso, en muchas ocasiones trabajaron sin la debida protección. Cuán necesario es reforzar y darle recursos suficientes a nuestra sanidad.
Cuando todo cambió
Y llegó la pandemia y nos encontramos con un escenario caracterizado por ausencia de tratamientos específicos, de vacunas y un sistema sanitario enflaquecido por los recortes. Y hay que romper la cadena de transmisión, y para conseguir esto se tiene que pedir a la ciudadanía un esfuerzo prodigioso, quedarse en casa. Es la única vacuna que teníamos para evitar la expansión. Y la población respondió con altas dosis de responsabilidad y solidaridad. Y afortunadamente llegaron las vacunas y fuimos conociendo más al virus. Y gracias al esfuerzo de todos, el problema se fue amaestrando Pero hay que tener claro que pueden surgir nuevas pandemias en el futuro, porque los condicionantes que generaron ésta siguen ahí.
Y ojalá se entienda que el sistema sanitario, como una de las piezas angulares del estado de bienestar junto a la educación y los servicios sociales, nunca debe ser objeto de recortes, más bien de todo lo contrario, de cariño, cuidado, estímulo. Ojalá, ojalá. Calma, paciencia: + prudencia.