Hay ciertas cosas que se deben observar con distancia. Aunque parezca contradictorio, solo cuando nos alejamos lo suficiente podemos apreciar detalles que la proximidad nos impide ver. La observación espacial es uno de esos casos. Mirar la Tierra desde el espacio no es nada nuevo, pero sigue sorprendiéndonos. Desde la década de 1950, el ser humano ha enviado instrumentos al espacio con diversas intenciones, no siempre dignas de mención. Sea cual sea la motivación, 67 años después del lanzamiento del primer satélite, mucho ha cambiado este sector.
La influencia del espacio en nuestras vidas es más importante de lo que imaginamos. Usamos satélites todos los días sin darnos cuenta. ¡Vaya lujo! Una constelación de satélites está a nuestra disposición como si fueran grandes mandatarios. Hagamos un repaso: comenzamos el día mirando el pronóstico del tiempo, para lo cual las aplicaciones del móvil utilizan datos de satélites. Encendemos la televisión, que llega vía satélite. Nos tomamos un café, un cultivo cuya salud es vigilada por satélites que detectan plagas. Luego, al entrar en el coche, ponemos el navegador, que funciona, ¿gracias a qué? Exacto, a los satélites.
El Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) se ha sumado a la fiebre espacial que ha reavivado el interés por la astronáutica. Un entusiasmo que no se veía desde la carrera espacial de los años 60. Impulsada por la llegada de empresas privadas, la exploración espacial vive una nueva edad de oro. Misiones a Marte y la Luna, rovers explorando su superficie, cohetes reutilizables y el sueño de llegar al planeta rojo son algunos de los hitos que han reactivado esta carrera.
El IAC cuenta con una larga trayectoria en el ámbito espacial. Durante décadas ha trabajado en la construcción de instrumentos científicos para satélites de observación astronómica, como su notable contribución al satélite de observación solar SOHO. Sin embargo, el IAC no se conformó con crear instrumentos para satélites ajenos. Su ambición era lanzar sus propios instrumentos y satélites.
Para llevar a cabo este ambicioso plan, necesitaban espacio, pero no el que hay en el cielo, sino en la Tierra. Con el apoyo del Cabildo de Tenerife y la Universidad de La Laguna, se creó una nueva sede en la zona de La Cuesta, en La Laguna. Así nació IACTec, un centro diseñado para desarrollar, construir y ensamblar esta nueva tecnología. Allí, un equipo de investigadores e ingenieros se puso manos a la obra, creando una cámara de infrarrojos llamada Drago (acrónimo forzado de Demonstrator for Remote Analysis of Ground Observations). La cámara fue lanzada al espacio en 2021, y en 2023 le siguió una versión mejorada, DRAGO2, que aumentó considerablemente la resolución de su predecesora. Tras estos éxitos, el siguiente reto era claro: lanzar el primer microsatélite canario.
El paso de fabricar una cámara de menos de un kilo a construir un microsatélite completo fue un gran desafío, incluso para un equipo experimentado. El microsatélite debía integrar una cámara Drago, paneles solares y un sistema de comunicación láser, todo ello en un tamaño similar al de una caja de zapatos. Finalmente, el 1 de diciembre de 2023, el microsatélite fue lanzado al espacio, en colaboración con las empresas Deimos, Open Cosmos y D-Orbit. Desde entonces, orbita la Tierra, enviando imágenes infrarrojas del planeta. Vigilar la vegetación, controlar incendios y fotografiar erupciones volcánicas son algunas de sus tareas diarias. Los datos proporcionados por los satélites del IAC son cruciales para la gestión sostenible de nuestros recursos naturales. Al monitorear la salud de los cultivos, detectar plagas y sequías, y evaluar el impacto de la deforestación, los científicos pueden desarrollar estrategias para optimizar la producción agrícola, proteger los ecosistemas y garantizar la seguridad alimentaria. Además, los datos de los satélites del IAC contribuyen a comprender mejor los procesos climáticos y a evaluar los efectos del cambio climático en nuestro planeta, lo que es fundamental para tomar decisiones informadas y desarrollar políticas públicas eficaces. Este satélite, Made in Canarias, ha abierto el camino a nuevos proyectos espaciales en las islas.
Tras estos logros, el IAC ya trabaja en nuevos instrumentos espaciales. Vinis, un dispositivo más avanzado, combinará observaciones en el espectro visible y el infrarrojo, con una resolución de hasta 5 metros por píxel. Además, el IAC lanzará IACSAT Astro 1, el primer observatorio astronómico espacial del instituto, que se usará para la confirmación de exoplanetas terrestres y el estudio de asteroides cercanos a la Tierra. Este telescopio de 22 cm operará en el visible y el infrarrojo.
¿Una cámara más? ¿Un telescopio espacial más? No es menos cierto que las altas capas de nuestra atmósfera y cercanías planetarias están repletos de satélites, más aún desde que Elon Musk decidiera poner en marcha el proyecto StarLink, un sistema de acceso a internet universal a través de satélites. Claro, para que toda la superficie terrestre tenga cobertura de internet de alta velocidad y te puedas conectar a tu Instagram desde el corazón del Amazonas, necesitas lanzar una constelación de satélites enorme para que siempre tengas sobre ti un puñado de ellos. Unos 6.000 lanzará solo esta empresa. Sin embargo, la gran ventaja del desarrollo espacial no está en lanzarlos sino en hacerlos. La capacitación que se adquiere en el diseño y construcción de estas máquinas pone en la vanguardia tecnológica a cualquier entidad, capaz con estos mimbres de abordar cualquier proyecto. Y por no hablar de la transferencia tecnológica que este proceso va destilando durante el camino.
Así como el telescopio IAC 80 preparó al IAC para abordar el Gran Telescopio Canarias, estos pequeños proyectos espaciales están allanando el camino para el desarrollo de tecnología espacial en Canarias, algo que hace no mucho tiempo parecía impensable. Aunque no podemos compararlos con gigantes como la NASA o el Jet Propulsion Laboratory, pocos centros tecnológicos en España pueden decir que han lanzado satélites, aunque sean pequeños, por ahora.