En abril de 1924 se exhibió por primera vez al público El Poema del Atlántico, del pintor grancanario Néstor Martín Fernández de la Torre (1887-1938). Tal hito para la pintura simbolista española tenía y tuvo que ser en Madrid, capital del arte en España. Fue gracias a la gestión del Marqués de Montesa y la receptividad del Conde de Casal, secretario de Los Amigos del Arte, entidad patrocinadora. La llevará a efecto en el Museo de Arte Moderno, ubicado en el Palacio de Bibliotecas y Museos, obra del arquitecto Francisco Jareño inaugurado en 1896. Entre sus visitantes destacados se encontraron el rey y varios miembros de la familia real. Según la crónica de Rafael Marquina, había tanto público que se hizo imposible la contemplación de las obras. La serie vulgarmente es conocida como Poema del Mar por un calendario que hizo la Caja de Ahorros de Gran Canaria, en la década de 1970. En su formación artística sólo se conocen, aparte de algunas copias iniciales en el Museo del Prado, como sus maestros a Eliseo Meifrén y a Rafael Hidalgo de Caviedes. Este último retrató a Néstor dedicando el cuadro a su madre D.ª Josefa. Una reciente restauración descubrió la firma de Caviedes con lo cual queda descatalogado de mi tesis firma. En 1904 inició su autoformación visual con el viaje emprendido hacia Londres y París, en 1905 y 1906. En 1907 viaja a Barcelona con la intención de residir allí por tener una atmósfera más acorde con su arte modernista-simbolista. En 1910 nuevo viaje a Inglaterra; mientras su íntimo Mariano Andreu aprende el esmalte con Alexander Fisher. Allí Néstor inicia su corta faceta de grabador.
Su posición económica le permitió ser socio de El Círculo de Bellas Artes. Entre sus directivos se encontraron los autores teatrales: Jacinto Benavente (Premio Nóbel) y Carlos Arniches. Debido a su carácter extrovertido de hombre de mundo y su cultura, Néstor frecuentaba algunas de las famosas tertulias de los cafés madrileños. Es probable que fuera presentado por el pintor Meifrén en la del Café Levante. Allí asistían escritores como Valle-Inclán, Benavente, Melchor Almagro, Ricardo Baroja, Antonio y Manuel Machado, músicos como Amadeo Vives, el escultor Victorio Macho y pintores, además del ya citado Meifrén, Zuloaga, Rusiñol, Romero de Torres, Arteta o Anselmo Miguel Nieto; algunos de ellos de tendencia simbolista.
Néstor también perteneció a otras tertulias famosas como El Gato Negro, El Café Pombo y entró en el círculo de la Residencia de Estudiantes (Dalí. El compositor Gustavo Durán). En Barcelona, una vez más, el pintor Meifrén le introduce en la tertulia del Café Continental en la Plaza de Cataluña, donde acudían los pintores Santiago Ruiseñor y su hija María (también poetisa), Mariano Andreu, Alejandro de Riquer, José María Sert, el escultor y grabador Ismael Smith, los compositores Enrique Granados e Isaac Albéniz y su hija Laura o los literatos y críticos Miguel Utrillo, Adrián Gual, Eugenio d’Ors, Sitjá, José María Roviralta y Pablo Turrull. Sus relaciones con el mundo del teatro le llevaron a conocer otras personalidades como las bailarinas Pastora Imperio, Antonia Mercé La Argentina, Áurea de Sarrá (esposa de José Francés), Tórtola Valencia, La Perla Negra (Dulce María Morales Cervantes, afrocubana, también; pintada por Romero de Torres; el retrato que le hizo Néstor lo regaló el pintor Jesús Arencibia al Museo de Néstor), Anita Delgado (maharaní de Kapurthala), las actrices Irene López de Heredia, Cécile Sorel (Comédie Française) y la grancanaria Paquita Mesa, a los compositores Manuel de Falla, Oscar Esplá, Fernando Arbós y los de música moderna Charles y Johnny (autores de la popular canción La mer-El mar-)-; las sopranos Grace Moore (también actriz de cine) y la malograda grancanaria Isabel Macario (esposa de Saulo Torón), y las mezzosopranos Conchita Supervía y María Kousnezoff. Además, la cupletista María de Zurbarán, el empresario de los ballets rusos Diaghilev, su bailarín y coreógrafo Michel Fokine (eclipsó a Ana Pavlova), el actor Ernesto Vilches y Manuel Azaña (último presidente de la II República española). Perteneció al círculo de admiradores y amigos del poeta Salvador Rueda. Otros grandes poetas amigos fueron Tomás Morales, Saulo Torón, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Armand Godoy (poeta simbolista cubano). Esea ha sido un corto panorama de las relaciones públicas de Néstor.
Para guardar y exhibir su arte, Néstor había soñado con su Palacio del Atlántico. Pero, tras la cabalgata de las regiones, celebrada en Madrid (1934) en el período tumultuoso de la Segunda República, se centró en hacer una labor para buscar una identidad popular y folclórica a la isla de Gran Canaria, recreando un traje que fuera típico para la isla y una arquitectura turística; en esta última una creación real fue el comercio Fataga (1935) Parque Santa Catalina de la capital de Gran Canaria, botón de muestra para los futuros proyectos el Albergue de la Cruz de Tejeda y el pabellón Pueblo Canario, en cuya ermita instalaría su museo ¡Demasiada obra para tan poco espacio! La construcción empezó en 1939, la última fase fue la correspondiente al Museo Néstor. El 9 de octubre de 1948 se firmó la escritura de donación otorgada por Miguel Martín Fernández de la Torre al Ayuntamiento y Cabildo Insular de Gran Canaria, siendo sus respectivos presidentes, Francisco Hernández González y Matías Vega Guerra. Para sufragar las aportaciones cada una de las partes aportó 250.000 pesetas y la Junta Provincial de Turismo 100.000 pesetas.
En 1950 comenzó la segunda fase, que se demoró por cuestiones económicas y la oposición del obispo Pildain a instalar parte del museo de Néstor en la Ermita de Santa Catalina. Pero ¡más hay! El binomio Cabildo-Ayuntamiento dejó de funcionar (aunque el fondo museístico, durante las obras, se custodiaba en la zona de la azotea del cabildo grancanario). El ayuntamiento se quedó solo. Al final don Miguel logró crear el palacio de Néstor y su pagana logia masónica en la sala dedicada al Poema del Atlántico, donde se rinde devoción y admiración artística al autor, cuya cabeza, obra del escultor gallego Santiago Bonome, preside la hornacina central de esta capilla atlántica.
El museo abrió sus puertas en la celebrada fecha franquista el 18 de julio de 1956. ¿Fue esta su maldición? Según Isabel Torón Macario le comentó a Miguel, hermano de Néstor, haberse equivocado al semi donar la familia (menos Sofía, que vendió) la obra y mobiliario de Néstor al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y no al Cabildo Insular de Gran Canaria. El tiempo le ha dado la razón. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, en octubre del 2017, cierra al público el Museo Néstor sin aclaraciones hacia la ciudadanía, ni reunión del patronato, ni proyecto de obras a realizar (éste llegara unos años después del cierre). La desinformación hacia el público y la mala ubicación ha sido la losa de la tumba para acrecentar la ignorancia acerca de Néstor. En febrero del 2023 aún el ayuntamiento está “cerrando” el proyecto de obras. En abril del 2024 comunica que las obras se empezarán este año tiene, según la prensa canaria, asignado un presupuesto superior a 300.000 euros. Estamos en noviembre y aún no se ha iniciado nada.
Parte de la obra del artista se ha trasladado al castillo de Mata y sus prisiones, sus visitantes son escasos por la casi inaccesibilidad del lugar y la falta de información en la sede de El Pueblo Canario, en el Parque Doramas de la capital grancanaria. Personalmente, dado que el museo tiene asignado dos bedeles en su presupuesto, hubiera acondicionado el Salón Saint-Saëns del Teatro Pérez Galdós para El Poema del Atlántico y el Poema de la Tierra. Junto con las pinturas del coliseo, hubiera impactado al público de forma inolvidable y, por supuesto, el número de visitantes y los ingresos económicos se superarían por estar en el corazón de la ciudad ¿hasta el 2026? (cuando se consuma el presupuesto) si el museo se reinaugura.
Esperemos que en ese futuro museo exista el desaparecido departamento didáctico por jubilación de la profesora. En 1994, 3.132 alumnos trabajaron en el museo bajo la dirección del taller didáctico. Los jueves y domingos los visitantes que venían a los bailes folklóricos en el Pueblo que visitaban el Museo Néstor sumaban más de 100. Desde que desaparecieron los talleres un cálculo simple de diez años nos indica que para más de 30.000 alumnos y 5.200 adultos, incluidos extranjeros, es decir, alrededor de 35.200 personas desconocen involuntariamente el Museo Néstor. Un nuevo fenómeno social: pérdida de la memoria cultural. Olvido lamentable de un gran artista y patriota grancanario: Néstor Martín-Fernández de la Torre y su museo.