Salud mental: la nueva preocupación de la sociedad

Hablar de ansiedad, depresión o insomnio ya no pertenece únicamente al ámbito clínico, sino que forma parte de nuestras conversaciones diarias

Durante los últimos años hemos asistido a un crecimiento evidente en los discursos públicos sobre salud mental. La pandemia de COVID-19, el estrés colectivo, la precariedad vital y la soledad han sacado a la superficie un malestar que venía gestándose desde hacía tiempo. Hoy, hablar de ansiedad, depresión o insomnio ya no pertenece únicamente al ámbito clínico; es parte de nuestras conversaciones diarias. Pero, ¿estamos realmente ante un repunte en los trastornos mentales? ¿O estamos, más bien, empezando a mirar hacia un problema que siempre estuvo ahí, ahora desde una sociedad más individualista?

¿Están aumentando los trastornos mentales?

Diversos estudios epidemiológicos respaldan la idea de un incremento real, no solo de la visibilidad. Según el Global Burden of Disease (GBD, 2022), los trastornos mentales representaban 125 millones de años de vida ajustados por discapacidad en 2019, frente a los 80 millones de 1990. Además, durante la pandemia se registró un aumento del 25% en los casos de ansiedad y depresión (OMS, 2022). Es decir, el malestar psíquico no solo se ha hecho más presente en el discurso social: también se ha agravado en términos clínicos.

Entre adolescentes y jóvenes adultos, este aumento es especialmente alarmante. Weinberger et al. (2022) encontraron que uno de cada seis adolescentes estadounidenses reportó episodios depresivos mayores entre 2015 y 2020. En paralelo, Rhee et al. (2023) documentaron un crecimiento acelerado de visitas a urgencias pediátricas por causas de salud mental. Se multiplicaron por cinco los casos relacionados con ideación suicida. Y lo más preocupante es que, según Lee et al. (2024), tras una leve mejora inicial durante la pandemia, la salud emocional de los adolescentes empeoró en los años siguientes.

La situación no es exclusiva de EE. UU. En España, según datos del Ministerio de Sanidad (2020), uno de cada diez adultos ha sido diagnosticado con algún trastorno mental en el último año. El consumo de ansiolíticos y antidepresivos ha aumentado más del 40% en la última década, especialmente en mujeres mayores de 45 años. Además, la Fundación IDIS (2023) estima que la demanda de atención psicológica ha crecido un 30% desde 2020, mientras que los recursos humanos disponibles no se han incrementado en la misma proporción.

La respuesta institucional, sin embargo, sigue siendo insuficiente. En muchos países, como España, la cobertura pública en salud mental es limitada, y el acceso a atención psicológica de calidad suele estar condicionado por el poder adquisitivo. En paralelo, crece el uso de psicofármacos como primera opción, especialmente entre menores, según ha documentado Glick et al. (2023). Es una forma de respuesta rápida a un malestar que es mucho más profundo y estructural.

¿Y si el problema también fuera la sociedad en la que vivimos?

Detrás del incremento de los diagnósticos no solo hay crisis sanitarias o falta de recursos. También hay una sociedad que ha cambiado radicalmente. Las estructuras comunitarias se han debilitado. Vivimos más conectados que nunca, pero también más solos, más aislados, más egoístas. Se ha impuesto un modelo de vida en el que se premia la autosuficiencia, un falso empoderamiento, la productividad constante y el éxito individual. Pero, ¿qué pasa con el cuidado, la vulnerabilidad, el acompañamiento?

La hiperconexión digital ha transformado la forma en la que nos relacionamos. Lo que parecía una herramienta para acercarnos, muchas veces nos expone a una comparación permanente, a una presión estética y emocional que termina por desgastarnos. Las redes sociales, especialmente en adolescentes, pueden actuar como amplificadoras del malestar (Lee et al., 2024). Y no porque el medio sea el problema en sí mismo, sino porque refuerza la lógica individualista que ya arrastramos.

A esto se suma el deterioro de las condiciones laborales, la falta de acceso a vivienda digna, la sensación de precariedad constante. Vivimos en una sociedad que exige rendimiento pero no garantiza cuidado. Esto genera una sensación de inseguridad crónica que impacta directamente en nuestro equilibrio emocional. No es casual que los países más desiguales presenten también mayores índices de malestar psicológico.

No podemos pensar la salud mental únicamente en términos individuales. Necesitamos abordarla desde lo relacional, lo colectivo, lo social. La ansiedad de muchos no es un fallo personal, sino una respuesta adaptativa a una sociedad que nos exige más de lo que podemos dar.

Cuando las figuras públicas rompen el silencio

En este clima, que figuras públicas compartan su sufrimiento psicológico no es solo un acto de valentía, sino también de responsabilidad. Ayuda a romper el silencio y a que otras personas se animen a pedir ayuda sin vergüenza. Pero también nos interpela: si quienes tienen recursos y reconocimiento sufren así, ¿qué queda para el resto?

Melody, tras su participación en Eurovisión 2025, fue clara: “Por encima de todo está la salud mental”. No hablaba desde el victimismo, sino desde la firmeza de alguien que sabe lo que cuesta sostenerse cuando las cámaras se apagan (HuffPost, 2025).

El futbolista Álvaro Morata relató su experiencia con los ataques de pánico antes de una Eurocopa. No lo hizo por estrategia mediática. Lo hizo porque sabe lo que implica rendir cuando por dentro todo se tambalea (Los40, 2025).

El actor Dwayne The Rock….. Johnson, ejemplo de fortaleza física, confesó sus episodios de depresión, recordándonos que el sufrimiento emocional no entiende de apariencia ni éxito (Rolling Stone, 2023).

Joe Jonas habló abiertamente sobre cómo la terapia le ayudó a superar uno de los momentos más oscuros de su vida (People, 2024). Y Dani Martín reivindicó su paso por terapia como un gesto de humanidad y autocuidado (RTVE, 2023).

También podríamos citar a figuras como Lady Gaga, quien ha hablado de su diagnóstico de trastorno de estrés postraumático, o a Selena Gomez, que en su documental My Mind & Me narra en primera persona los efectos del trastorno bipolar y la fama sobre su salud emocional. Estos testimonios, cuando son honestos y profundos, pueden ser una herramienta poderosa para cambiar el relato social.

Estos relatos ayudan. No solo por lo que dicen, sino por lo que representan: la posibilidad de que hablar sea parte de la solución, no un síntoma de debilidad.

Cuidar(nos): una propuesta ética y política

La salud mental ya no puede reducirse a lo clínico. Es un asunto político, social y ético. Exige mirar el mundo en el que vivimos y preguntarnos si es un entorno saludable o un escenario que enferma.

Por eso necesitamos transformar nuestras prioridades. Hacer de la salud mental una inversión colectiva, no una carga individual. Eso implica reforzar los servicios públicos, garantizar la atención psicológica accesible, fomentar la educación emocional desde la infancia, y generar comunidades donde el cuidado no sea la excepción, sino la norma.

También exige una revisión profunda de nuestros valores. Menos culto al rendimiento, más espacio para la pausa. Menos exigencia de perfección, más permiso para equivocarnos. Menos aislamiento, más vínculos reales.

En última instancia, se trata de recuperar una idea que quizá habíamos olvidado: que el bienestar emocional no es una meta individual, sino una construcción social. Y que cuidar(nos) no es un acto de debilidad, sino de dignidad y resistencia.

Porque al final, la salud mental no es solo un problema que sufre cada persona. Es un espejo de lo que somos como sociedad. Y como tal, también podemos cambiarlo.

Referencias

GBD 2019, Mental Disorders Collaborators. (2022). Global, regional, and national burden of 12 mental disorders in 204 countries and territories, 1990–2019: a systematic analysis. The Lancet Psychiatry, 9(2), 137–150. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(21)00395-3

Glick, I. D., Shmulewitz, D., Bamberger, E., & Lev-Ran, S. (2023). Trends in antipsychotic treatment of children and adolescents in Israel from 2015 to 2023. Journal of Child and Adolescent Psychopharmacology, 33(2), 123–130. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40185971/

HuffPost. (2025, mayo 28). Melody: “Por encima de todo está la salud mental”. https://www.huffingtonpost.es/life/cultura/melody-por-encima-esta-salud-mental-habido-programa-television-reido-mi.html

Kessler, R. C., Chiu, W. T., Hwang, I., Petukhova, M., Sampson, N. A., et al. (2024). Prevalence of past-year mental and substance use disorders in the United States: Results from the Mental and Substance Use Disorders Prevalence Study. Psychiatric Services. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40395079/

Lee, S., Kim, H., & Ryu, J. (2024). Adolescent mental health trends during the COVID-19 pandemic: An interrupted time series analysis from 2015 to 2022. Journal of Adolescent Health, 74(4), 580–587. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39365232/

Los40. (2025, mayo 28). Álvaro Morata se sincera sobre su salud mental. https://los40.com/2025/05/28/alice-campello-se-sincera-sobre-el-momento-mas-duro-de-alvaro-morata-separarnos-fue-un-gran-error/

People. (2024). Joe Jonas reveals how therapy helped him during his darkest time. https://people.com/joe-jonas-reveals-emotional-reason-he-shifted-his-attitude-toward-therapy-worked-through-darkest-time-of-his-life-11740409

Rolling Stone. (2023). Artistas que se han abierto sobre la salud mental. https://es.rollingstone.com/artistas-que-se-han-abierto-sobre-la-salud-mental/

Rhee, T. G., Lee, H. Y., Olfson, M., & Blanco, C. (2023). National trends in mental health–related emergency department visits among children and adolescents, 2011–2020. JAMA Psychiatry, 80(5), 475–483. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37129655/

RTVE. (2023). Dani Martín habla sobre su experiencia con la salud mental. https://www.rtve.es/television/20221010/bella-hadid-depresion-llorando-fotos-famosos-visibilidad-salud-mental/2226120.shtml

Weinberger, A. H., Gbedemah, M., Martinez, A. M., Nash, D., Galea, S., & Goodwin, R. D. (2022). Trends in depression prevalence in the USA from 2015 to 2020: The widening treatment gap. American Journal of Preventive Medicine, 63(5), 726–733. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36272761/

World Health Organization. (2022). COVID-19 pandemic triggers 25% increase in prevalence of anxiety and depression worldwide. https://www.who.int/news/item/02-03-2022-covid-19-pandemic-triggers-25-increase-in-prevalence-of-anxiety-and-depression-worldwide

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