¿Iguales? (La necesidad de la discriminación positiva)

¿Son necesarios los planes de igualdad? ¿Existe desigualdad porque el trato diferencial viene ya recogido por Ley? Sin regulación, ¿las relaciones laborales estarían abocadas a la igualdad? La respuesta depende de a quién se le pregunte, pero lo que está claro es que, sin las políticas que en las últimas décadas han intentado hacer más atractiva la contratación de mujeres, probablemente no tendríamos las actuales tasas de empleo femenino.

Una vez que las estadísticas confirman que el paro femenino, aunque superior al masculino, tiende a disminuir, hay que preguntarse qué tipo de empleo es el que tienen las mujeres. Las últimas encuestas siguen señalando a las mujeres como las principales protagonistas de los empleos precarios. Mayoritariamente, los contratos indefinidos son para los hombres; y a mismo empleo, no siempre, por desgracia, se establece el mismo sueldo. Pero aunque esto sea una realidad con la que todos los fines de mes se dan de bruces miles de mujeres, también es cierto que, hoy por hoy, la situación es menos mala que hace unos años. No será un consuelo, pero, en fin, por lo menos parece que el final del túnel está cada vez más cerca.

Eso sí, todavía hay empresarios que en plena entrevista laboral preguntan si tienes pensado tener hijos. ¿Se lo preguntarán a ellos? Porque antes, por lo menos, a los aspirantes varones les preguntaban si habían hecho la mili. Pero ahora, ni eso. Pese a todo, cierto es que la situación ya no pinta tan mal como antes. Si dejamos de generalizar con tópicos y nos fijamos en esta profesión, la de periodista, se ofrece una imagen que, con los años ha ido mejorando. Por supuesto, todavía abunda -y demasiado- el contrato en precario (o el no contrato), falta regulación, se multiplica el intrusismo… Pero también hay que reconocerlo, aunque no es un consuelo, el panorama ha pasado del negro al azul marino.

Una tendencia que parece, poco a poco, quizás demasiado lentamente, que está cambiando. De hecho, si uno mira las redacciones de los periódicos de Canarias, el número de redactoras supera al de redactores. Otra cosa son los cuadros directivos: todavía no se ha llegado a la igualdad, pero ya hay un grupo nutrido de mujeres que han ido alcanzando puestos de responsabilidad. En la radio, en los periódicos, en las televisiones… Pequeños pasos que van cambiando una tendencia que venía impuesta, también es verdad, por la realidad del mercado: ascendían quienes llevaban más años y la presencia masiva de mujeres en las redacciones de los medios de comunicación es relativamente nueva.

Aún así, a mí me asalta una duda: ¿es bueno regular por ley la obligada participación de mujeres en determinados ámbitos? ¿Es bueno que, por ley, se compongan las listas electorales alternando nombres de mujeres y hombres? ¿Y si, como ya ha pasado, aunque fuera como mera provocación electoralista, se compone una lista electoral sólo con mujeres, o con mayoría de mujeres? ¿No se corre el riesgo de que se ponga en duda el valor de, por poner un ejemplo, una ejecutiva que compone un consejo de administración? ¿No quedará sobre ella siempre un velo de duda? ¿Estará ahí por cualificación o porque tocaba meter una mujer?

Supongo que esos son riesgos que se deben de correr para ir alcanzando objetivos. Que sin la discriminación positiva no habríamos llegado a donde hemos llegado y que, con el tiempo -¿mi hija?, ¿mi nieta?- este tema se estudiará como ahora nosotros estudiamos la revolución industrial: algo que te suena pero que no te parece ni una revolución ni una industria. Eso sí, lo perfecto, el sueño ideal, no sería preocuparnos por alcanzar la misma situación que los hombres. Lo ideal sería aspirar a sueldos mejores, a mejores contratos, a una mejor regulación de nuestra profesión porque, a quien vamos a engañar, seguimos cubriendo informativamente huelgas por subidas salariales que, para el común de los periodistas, son sueños inalcanzables. Informamos de reivindicaciones salariales que, para la gran mayoría de los integrantes de las plantillas de radio y televisión, son como la promesa de un paraíso inexistente. Y seguimos, año a año, comprobando cómo un poco de labia y una buena imagen se convalidan a la hora de contratar por un título o años de experiencia.

En fin, ya que apostamos por la igualdad, ¿por qué no buscamos igualarnos a los notarios? Total, por intentarlo que no quede.

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