Recuperación. ¿Para bien o para mal?

Durante el año 2010 se ha concretado la recuperación de la actividad turística en el marco de la economía mundial. Tras un año 2009 nefasto, el año pasado se caracterizó por unas cifras de crecimiento positivas en el número de llegadas turísticas en todo el mundo. Las cifras de la Organización Mundial de Turismo (OMT) indican un incremento del 6,7 por ciento, aunque el reparto geográfico es heterogéneo, en función de las diferentes regiones.

El crecimiento turístico en la zona mediterránea, en donde se integra Canarias, ha sido mucho más moderado con relación a otras zonas como Asia. Eso sí, la recuperación mundial ha contagiado al turismo canario, donde se ha producido también una clara recuperación en términos de llegada de visitantes, aunque, lamentablemente, de una forma algo más moderada que en otros territorios cercanos competidores como Croacia y Turquía. La recuperación reciente, si bien es positiva, no debe esconder ni llevar a una cierta autocomplacencia, puesto que hay importantes amenazas a la sostenibilidad de estos resultados.

Para ello, en las siguientes líneas trataremos de poner en perspectiva el crecimiento actual en una tendencia más de largo plazo. Desde este punto de vista, la reflexión fundamental es que los problemas de la actividad turística en el archipiélago son en gran medida problemas estructurales, mientras que la recuperación actual es tan solo coyuntural. Este hecho pone en peligro la valoración sensata de la verdadera situación de fondo que afecta al sector y, por tanto, de la adopción de las medidas necesarias para revertir las preocupantes tendencias.

Así, si comparamos la evolución de la llegada de turistas extranjeros en Canarias y en España a partir de los datos de los movimientos turísticos en fronteras (Frontur), podemos apreciar que en las islas se viene produciendo un constante y continuo descenso en el número de visitantes, al menos, desde el año 2001. Imagen que contrasta con la evolución observada en el conjunto de España, que había seguido una tendencia creciente hasta 2008.

De ello se derivan una serie de conclusiones de interés. En primer lugar, la crisis actual no ha hecho sino llevar al extremo una tendencia que se viene apreciando desde hace mucho tiempo. Por tanto, los problemas no son recientes, ni consecuencia de la crisis económica que ha atravesado la economía mundial. En segundo lugar, la recuperación de 2010 es relevante y notoria, pero insuficiente para recuperar los niveles alcanzados en el año 2008. En tercer lugar, el diagnóstico canario no es común al conjunto del mercado turístico español, somos una excepción a la regla general y, por tanto, las explicaciones comunes no son válidas.

El problema turístico canario tiene sus propias causas y, conociendo la relevancia que tiene esta actividad en nuestra estructura productiva, puede resultar sencillo entender que en su deterioro resida el germen de los problemas de convergencia que presenta el archipiélago en cuanto a sus niveles de vida con relación a la media nacional. Junto a la problemática que plantea la continua caída del número de visitantes que llegan a las islas desde 2001, hay que destacar que se ha producido una tendencia paralela aún más preocupante, en la medida que se ha venido observando un constante deterioro del ingreso turístico. Así, entre 2006 y 2010 se cayeron los ingresos turísticos en, aproximadamente, unos 600 millones de euros reales al año.

Esta reducción es un reflejo del descenso del número de turistas como ya hemos indicado, pero también han influido otros elementos. Por una parte, la estancia media de los turistas ha ido descendiendo, lenta pero continuamente, en estos últimos cinco años. Pero el elemento que resulta más preocupante es la caída que viene experimentando el ingreso medio que genera cada turista que nos visita al día. En estos cinco años se ha reducido en algo más de 5,5 euros reales al día por turista; o dicho en otros términos, una caída de un 15 por ciento. Este es el reflejo más claro del predominio de una estrategia competitiva de moderación de precios en el sector turístico canario.

La sostenibilidad de la estrategia competitiva que sigue la actividad turística en las islas es muy cuestionable. El mercado turístico canario es un mercado maduro especializado en un producto maduro. Canarias ha alcanzado un punto de desarrollo económico en el sector turístico bastante avanzado en el panorama mundial, podríamos afirmar sin ningún tipo de rubor que nos encontramos en la frontera tecnológica mundial en lo que se refiere a un producto turístico muy concreto, el turismo de sol y playa. Las claves para lograr este éxito fueron muy claras: la realización de las inversiones necesarias y la imitación de las tecnologías más avanzadas.

Una vez se completó este proceso acelerado de imitación, han empezado a surgir problemas para seguir progresando en la creación de valor a través de esta estrategia. Si a esto añadimos que han ido apareciendo nuevos competidores, que han sabido incorporar con gran habilidad un proceso de imitación de las tecnologías más avanzadas en materia turística dentro del sector de sol y playa, podemos entender las crecientes tensiones competitivas a la que se ha visto sometida la actividad turística canaria.

Las posibles respuestas a esta situación eran dos. El archipiélago ha apostado por el sostenimiento del segmento de sol y playa a costa de ir reduciendo los precios para seguir manteniendo su presencia en el mercado internacional. A pesar de ello, ha sido incapaz de contrarrestar la creciente competencia de países del entorno y, lo peor de todo, está conduciendo a un callejón sin salida porque ¿cuánto más pueden bajar los precios?

La otra respuesta consistía en realizar un cambio progresivo hacia otros segmentos de actividad turística en las que el precio fuera menos relevante como elemento competitivo, y en el que fuera fundamental la calidad y la diferenciación. En definitiva, un cambio desde un modelo de imitación, como el que se ha seguido hasta ahora para lograr un mercado maduro, hacia otro de innovación, en el que surjan con fuerza nuevos productos y nichos de negocio.

El factor humano

Para impulsar este cambio se requieren de ciertos elementos básicos entre los que destaca el factor humano, su nivel de formación. Es aquí donde reside, precisamente, la principal carencia del sector en las islas, tal y como pone de relieve el informe Monitur 2009 (elaborado por Exceltur), en donde se estudia la competitividad del ramo en las 17 comunidades autónomas españolas. De acuerdo con esta publicación, Canarias se posiciona como la región española con peores registros en este indicador.

En definitiva, la actividad turística se ha recuperado en 2010 y esto es una noticia muy positiva. Sin embargo, esto no debe ocultar el hecho de que los problemas del sector turístico canario son de fondo, de naturaleza estructural. Requieren de la inclusión y la puesta en marcha de nuevas estrategias competitivas, en las que la innovación dentro del sector turístico se torna fundamental. Esta sí que resulta una estrategia competitiva sostenible, porque permite atacar nichos de actividad de mayor valor que no requieren de la continua y sostenida reducción de precios como elemento determinante del éxito en el mercado. Por eso alertamos: que el presente no nos ciegue y que el futuro siga siendo nuestra referencia.

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