2013: de la crisis al nuevo horizonte periodístico

El 2013 no fue un buen año para el Periodismo. Está claro. Cuando parecía que se frenaba la caída de empleo se cerró la Radio Televisión Pública Valenciana. Desde que comenzó la crisis se han perdido más de 11.000 puestos de trabajo periodístico y se han cerrado cien medios, según el Observatorio de la Crisis de la FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España). No son buenas cifras. Todo lo contrario.

El pasado año 2013 se destruyeron 4.434 de esos puestos de trabajo, según el Informe Anual de la Profesión. Pero esta memoria, que edita la Asociación de la Prensa de Madrid, consolida una tendencia que dibuja la radiografía de un sector diferente que ya apuntaba maneras en ediciones anteriores. El porcentaje de autónomos, tanto en periodistas como en profesionales de la comunicación, sigue creciendo, hasta alcanzar el 15%. Y en ese nuevo esquema aparece una lista de trescientos medios y otros proyectos informativos creados por periodistas a partir de 2008. Es un horizonte que se abre en plena crisis, que puede generar más empleo si la situación económica española resulta favorable.

Lo que no crece es el salario. Para la mitad de los profesionales se sitúa entre 1.000 y 2.000 euros mensuales. Es decir, ésta es una profesión cuyo trabajo no está debidamente valorado desde el punto de vista económico. Seguramente, las últimas décadas no constituyeron una edad de oro para muchos, pero, en la actualidad, el periodismo está especialmente mal pagado. A pesar de ello, en 2012, es el último dato facilitado, se licenciaron 2.909 periodistas y 2.107 comunicadores audiovisuales; es decir, 5.016 nuevos profesionales en busca de empleo.

No corren buenos tiempos para la prensa, de eso no hay duda. El paro y la precariedad, además, provocan mayor dependencia. Los medios son hoy más vulnerables a las presiones del poder político o empresarial. Gran parte de las empresas periodísticas que han sobrevivido están endeudadas. Han cambiado los hábitos de los ciudadanos para informarse, han caído en picado los ingresos publicitarios y no podemos olvidar esas gestiones equivocadas que han conducido al endeudamiento de los grandes medios. Las redacciones se han reducido y los EREs han modificado el escenario mediático. Nuevos soportes para un periodismo que posee los mismos principios: tratar de desvelar aquello que se nos quiere ocultar y contarlo con rigor y profesionalidad.

La cadena de aprendizaje también se ha debilitado. Han salido muchos periodistas expertos, con agenda, de los que marcan la calidad, la investigación y la primicia en los medios. En el área internacional ha menguado, asimismo, el número de corresponsales, que ahora apenas cuentan con el paraguas de la empresa. Los freelancers son legión. Cobran a la pieza cantidades escasas y, en ocasiones, gracias a sus informaciones no se apaga la luz en zonas de conflicto. Ellos saben bien que el periodismo es algo más que puro romanticismo. Y en este escenario de dificultades, los medios tradiciones ven crecer la audiencia en su versión online mientras decrece la de papel. Al mismo tiempo, las plataformas de información nativas digitales se multiplican. No obstante, los soportes digitales siguen sin hallar un modelo de negocio estable y potente.

El problema económico no es el único. Nos enfrentamos, además, a gigantes de la comunicación que pueden confundirse con medios informativos. Las redes sociales son, desde luego, fuentes imprescindibles para el periodismo, pero no son medios informativos. Y sólo éstos aportan confirmación y responsabilidad profesional, el valor añadido del periodismo. La Nueva Sociedad de la Información posee otra configuración y unos mismos principios éticos. Los que proporcionan credibilidad, la clave de un medio periodístico. En esa empresa, los profesionales no podemos estar solos. El ciudadano tiene que apostar por esa garantía. Los medios informativos miden el grado de libertad y de justicia de un país.

El receptor ya no es un agente pasivo en nuestra sociedad y su respaldo es fundamental en esta operación que puede debilitar la democracia. No somos los únicos guardianes de la libertad, pero sí poseemos una responsabilidad importante que debemos asumir. Sin periodismo no hay democracia. En la actualidad, la tecnología facilita el nacimiento de nuevos medios de comunicación, una iniciativa, no demasiado costosa, que abre oportunidades laborales a los periodistas y aporta pluralidad a la sociedad. Gran parte de ellos han sido creados por periodistas especializados. Una apuesta de futuro que ofrece rigor y calidad en la información. Desde luego, una garantía para reforzar la credibilidad y la misión de servicio público, a veces, tan olvidada en el periodismo.

Desde la FAPE hemos trabajado intensamente durante estos últimos años en el terreno deontológico. La Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo ha emitido un centenar de resoluciones que sientan jurisprudencia en materia periodística. Una iniciativa valiente de autorregulación que ha partido de nuestra profesión y que implica a las empresas. La independencia y el rigor van ligados a la ética, de la que no está exenta la parcela de opinión. El análisis y la reflexión constituyen un área esencial en la información que ayuda a formar criterio para descubrir las claves de lo que sucede en nuestro alrededor y en el mundo.

La banalización teatralizada de algunas tertulias invitan a perder crédito entre la ciudadanía. Y algo seguramente, más grave, a malgastar la dignidad de una profesión esencial en la sociedad española actual. Desde luego, no nos faltan dificultades, pero los periodistas estamos habituados a lidiar con ellas. Nos sobran problemas e incertidumbres, pero entre las certezas está la nueva arquitectura del modelo mediático. La estamos construyendo entre todos, aunque nosotros tenemos un papel protagonista. Protagonizamos un momento histórico. Será nuestro futuro, en el que hemos entrado ya.

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