El día de la marmota para la TV en Canarias

Con el título escogido, no demasiado original, es fácil imaginar lo ocurrido con las televisiones en Canarias durante el año 2013. La evolución de los índices de audiencia de las principales cadenas que operan a nivel regional nos deja un panorama prácticamente idéntico al del año anterior. Aunque si hablamos de salud, igual el título más conveniente es el de una serie, Hospital Central. O aún otro peor: Urgencias.

Lo peor del panorama televisivo en Canarias no es que apenas haya cambios en los índices de audiencia, sino que la fórmula que hace que estas televisiones triunfen o fracasen en su anhelo por conquistar al espectador canario tampoco ha visto nacer nuevos proyectos o, al menos, propuestas más ilusionantes, novedosas o arriesgadas. Y lo dicho, si seguimos más allá y tratamos de adentrarnos en la salud del sector audiovisual en las Islas, más que con la archinombrada película El día de la marmota, deberíamos asemejarlo a Hospital Central o Urgencias. Tristemente, es una metáfora que podría aplicarse a todo el sector de la comunicación en España y, muy especialmente, a los profesionales que tratan de desarrollar en Canarias todo lo relacionado con los medios.

Volviendo a lo que suponen las cifras que nos facilitan los estudios de audiencias, lo más relevante en cuanto a las preferencias de los canarios es el descenso de Tele 5 en favor de Antena 3 y el incremento del consumo de las llamadas temáticas con concesión TDT. Para entendernos, canales tipo FDF, Clan, Neox, etc… Respecto a la Televisión Canaria, la que debería ser referencia en el Archipiélago, las cuatro décimas de descenso con respecto a 2012 (al pasar de una media de 7,6% a 7,2%) pesan enormemente por el gran esfuerzo que significa para el canal público su lucha anual por ganar un punto o por no perder una décima.

De entre los otros canales de emisión regional que intentan cuidar en mayor o menor medida al espectador de aquí, con un mínimo de programación diferenciada, destaca la continuidad del batacazo de TVE y la ya citada mejoría de Antena 3, aunque en ambos casos el mero intento de valorar la influencia de su programación canaria en esos datos sería difícil e injusto con sus profesionales. En esta era de la globalización, sobre todo digital, hablar de vencedores y vencidos en el panorama televisivo es casi tan complejo como hacerlo en la época de las batallas medievales.

Hace siglos, porque probablemente no existía un instrumento para medir tales resultados y, en la actualidad, porque los instrumentos pueden ser, y lo son, trabajados con tal esmero y de tal manera, que todos encuentran argumentos para declararse vencedores. Y es una verdadera lástima porque si existiera ese elemento calificador y clarificador, quizás se podría acabar con algunos formatos televisivos, creados fuera de Canarias y también aquí, que producen sonrojo.

La creación de los grandes grupos televisivos, divididos básicamente en cinco: RTVE, Mediaset, Atresmedia, Vocento y Unidad Editorial, le vale al grupo de la televisión pública para apuntarse un éxito con el 16,7% de cuota que le dan todos sus canales, cifra que parece digna… pero que esconde un paupérrimo 10,2% de La1 en España, que baja hasta el 6,6% en Canarias, alejadísima de sus rivales e, incluso, por debajo de la televisión autonómica. Con este dato, Televisión Canaria basa su estrategia de venta en ser la televisión pública más vista en las Islas, algo que es cierto pero que no explica su caída de cinco puntos en cinco años, colocándose por debajo de la media de la Forta y acercándose a cifras de 2001 (7,1%).

Bien es verdad que, si atendemos a cómo ha quedado el mapa televisivo nacional después de que en 2010 le fuese arrebatada la publicidad por decreto a RTVE, la tarta publicitaria y también la de las audiencias ha quedado en manos de un duopolio con capital italiano básicamente: Mediaset y Atresmedia. Y eso ha tenido su ramificación también en las Islas. Claro que el gobierno estatal actual, lejos de tratar de arreglar el desaguisado del tándem Zapatero-Fernández de la Vega, lo que ha conseguido es echar más leña al fuego y sembrar más desconcierto en torno al negocio televisivo.

En septiembre de 2014 se supone que el ministro Soria y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría —qué manía tienen las vicepresidentas de meterse a trastear con lo audiovisual— deciden la asignación del nuevo mapa de la TDT. Se han cerrado algunos canales residuales y han conseguido cabrear a los operadores para, ahora, volver a repartir otros nueve: el dividendo digital. Veremos en manos de quiénes quedan estos canales y si se amplía el duopolio o se suma algún poderoso local a formar parte de la batalla televisiva. Lo veremos en breve pero, sigamos con lo que nos pasa por las Islas.

No es mi intención atiborrar de datos y números estas líneas aunque, a veces, intentar conocer cifras diferentes, compararlas o detenerse a mirar otras estadísticas nos puede ayudar a comprender, o no, ciertas tendencias. Ha quedado claro que Tele 5 sigue dominando en Canarias, que Antena 3 mejora y que las públicas no dan con la tecla para llegar al espectador y se pelean por los restos de la audiencia. Pero existen otros titulares llamativos y, quizás, sorprendentes. Por ejemplo, llama la atención, al menos la mía, que Canarias sea la segunda comunidad donde menos se consume televisión cada día: vemos la tele 227 minutos diarios y sólo Galicia (221) está por debajo.

La media española se sitúa en 243 minutos y la comunidad que más consume televisión es Andalucía, con 260. Esta estadística se enmarca en un año, el 2013, que fue el segundo de la historia en el que más televisión se vio en España. Uno más: Canarias es una de las comunidades donde más se ve televisión vía satélite y a través de ADSL. No sé si por casualidad o no, pero estos últimos enunciados acerca de lo poco que se ve la televisión en Canarias, comparada con el resto del país, caen de una fuente digna y de confianza —eso sí, vía Google— justo cuando mi intención era aportar algo, muy poco, sobre la eterna ecuación sin resolver en que se ha convertido el panorama audiovisual canario, más concretamente el televisivo.

No sé si la realidad un tanto desoladora del sector en el Archipiélago es fruto de que aquí se ve poco la tele, o que eso sucede, precisamente, porque lo que se hace no gusta y no es bueno, salvo excepciones. En lo que creo que sí deberíamos estar casi todos de acuerdo es en que Canarias sigue sin estar a la altura de sus profesionales en materia de televisión, comunicación, periodismo o de creación audiovisual con destino la tele. Del por qué en 15 años nuestra televisión pública no ha podido, no ha sabido o no la han dejado consolidarse, ni alcanzar su mayoría de edad; por qué es uno de los sectores con más paro en las Islas, por qué muchos de los mejores se han tenido que ir a ejercer fuera o a trabajar en asuntos que nada tienen que ver con lo que mejor saben hacer.

Las cuestiones que me surgen son innumerables pero, en el fondo, una idea única: no podemos hablar de un mercado televisivo canario porque hacer televisión, buena televisión, ha sido el objetivo último de muy pocos de los múltiples proyectos, públicos o privados, que nos ha tocado ver nacer, desarrollarse y, en un gran número de ocasiones, morir. Alguien echará de menos que después de hablar del sector, de la televisión y siendo éste un artículo que será leído por muchos periodistas —seguro que al menos cada uno se leerá a sí mismo— no me anime a hablar de personas. Dios me libre.

Pero he de decir que ya se están produciendo cambios esperanzadores, por ejemplo, en RTVE y aparentemente también en el modelo de la Televisión Autonómica de Canarias. Es cierto que las instituciones deben estar por encima de los personalismos pero no nos olvidemos de que, como ocurre con los animales de compañía y sus amos, unos y otros tienden a parecerse. Por el bien de todos, que se empiece a aplicar un poco de sentido común, al margen del politiqueo y de los intereses de unos y otros, en todo un sector audiovisual canario que debería ser más competitivo y generar más empleo. Garantizo que hay profesionales, ganas… y profesionales con ganas.

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