Sin noticias de la tele

Tras los cambios fraguados en las televisiones más importantes de Canarias en 2014, muchos esperaban noticias de alguna de las televisiones públicas de las islas que, para desgracia del sector y del gremio, son de las pocas empresas de comunicación capaces de proporcionar salidas profesionales dignas y ofrecer negocio a los que han sobrevivido a la crisis. Pero no hay noticias de la tele.

Las televisiones públicas son de las pocas empresas que aún apuestan por desarrollar ideas que tienen que ver con la industria y el espectador medio de televisión canario —el ciudadano necesitado de un servicio público a la altura que cumpla con unas funciones mínimas más allá de las meramente informativas— también espera algo que le ilusione. Pero este artículo no va sobre eso, ni las noticias a las que me refiero tienen que ver con las preocupaciones personales de unos y otros, aunque sí con el futuro común de una industria que debería aportar mucho más a esta bendita profesión y a un público que sabe lo quiere; aunque no lo parezca, lo sabe. La televisión ejerce de locomotora en muchos lugares del mundo y en muchos ámbitos de la sociedad. Aquí, no. ¿Por qué?

Tengo la sensación, y a la vez el convencimiento, de que en lo que se refiere a la tele y a todo lo que la rodea —sus estructuras, funcionamiento, la profesionalidad que en ella se debe imponer, el objetivo de los diferentes tipos de canales que existen, etc— siempre hemos estado esperando a que algo sucediera. Pasan los años y nada ha cambiado o, al menos, es la conclusión que saco hablando con unos y con otros. Casi todas esas conversaciones acaban con frases como: “Tendremos que esperar… Debe pasar esto o aquello… Alguien le tiene que meter mano al problema… Algún día se impondrá el criterio profesional…”. Lugares comunes a los que todos hemos acudido en demasiadas ocasiones.

¿No pasa nada en el sector de le televisión en Canarias? Mírenlo ustedes mismos. Seguimos esperando noticias de la televisión o de decisiones políticas o empresariales que afectan a las teles no se ya ni cuánto tiempo. Rumores hay para dar y regalar, como siempre. Pero los hechos. ¿Dónde están los hechos? Y hablo de los reales, los que deben traer soluciones auténticas que despierten al medio, dignifiquen a sus profesionales y creen tejido en torno a ellas. Decisiones acordes con el tiempo en el que vivimos: transparentes, serias y tomadas con criterios profesionales y no políticos o económicos. Ya sé que habrá quien rápidamente apele a la modificación de la Ley de la RTVC o a la apuesta de cambio con la llegada de una persona impoluta al frente de RTVE en Canarias. Ambas decisiones, con sus matices, son positivas; suficientes, ni de lejos.

En el caso de la primera, las formas y el resultado del texto ha sido una chapuza en toda regla, aunque pocas voces se hayan levantado para advertirlo. Cambiar una ley a toda prisa, a las puertas de las elecciones, corriendo, dando la espalda a la nueva representación política que trajo la cita del 24M y con su correspondiente dosis de polémica alrededor… ¿para qué? ¿Cambiarlo todo para que todo siga igual? Siempre ha sido una buena estrategia para quien la promueve, lo que nos lleva a pensar que en el fondo puede que nada vaya a cambiar. Y cuidado, nada tiene que ver con la decisión de darle la oportunidad de dirigir el Ente a un profesional de recorrido, que conoce la casa y que, al menos, ha comenzado haciendo las cosas bien confeccionando él mismo su equipo de dirección, evitando que se conociera su staff a través de una nota del gabinete político de turno.

En todo este proceso, la elección del nuevo director —ahora presidente— probablemente haya sido la única decisión defendible y con criterio para los que la tomaron. En la tele canaria se abre una ventana que ojalá sirva para que entren ideas, proyectos y personas nuevas, en lugar de que se escape por ella el aire fresco. Habrá que esperar. Pero nada tendrá que ver que al nuevo presidente del Ente le salgan las cosas bien —y la Televisión Canaria al fin camine— con el cambio de la Ley. Que nadie se equivoque.

En TVE de poco servirá el más que acertado cambio de timonel si económica y estructuralmente sigue soportando el mismo encorsetamiento. Avanzar arrastrando los lastres de un modelo algo oxidado que nadie se atreve a cambiar es muy difícil. Lo está intentando con las herramientas que tiene, pero ¿qué le pasaría a un ingeniero aeronáutico si en pleno siglo XXI le dan una escuadra y un cartabón en lugar de un Mac? Saldrá más bien un Fokker que un Boeing 787.

TVE está haciendo grandes esfuerzos por llegar a la audiencia, pero no acaba de arrancar. No parece que la mezcla de fórmulas de hace 10 ó 15 años con esfuerzos por ofrecer un producto que atraiga a espectadores jóvenes, sin perder a los de toda la vida más los pocos que le aporta su cadena nacional, vaya a dar resultados rápidos. El tiempo y las informaciones que nos vayan llegando darán o quitarán razones pero, de nuevo, habrá que esperar noticias de las teles.

Y donde también seguimos esperando es en el panorama de las locales y van… Sinceramente no recuerdo cuánto tiempo hace ya que el concurso se resolvió ¿o no? No, en 2014 tampoco se aclaró y hay que aguardar para saber si lo que hay es legal. Entre tanto, surgen pocos productos dignos, serios y con estructura. Muy pocos. Es doloroso encender la tele y ver como aún sucede aquello de engancharse a Globovisión o al canal hispano-americano de turno. Eso cuando no están en negro.

Algunos, más allá de su línea o estilo, han logrado mantenerse y dar apariencia a su apuesta, independientemente de pufos, y eso no deja de tener mérito. Quizás esos tengan algo que aportar al modelo general. Algo bueno tendrán y alguien debería contar con ellos; eso sí, si llegan al fin noticias de qué ocurrirá con las frecuencias, sus ocupaciones y el ámbito legal que las debe amparar. Las locales, regularizadas, en su marco legal, con sus obligaciones y sus controles deben ser parte de la solución de una vez por todas.

Otro frente en el que seguimos esperando es en el de las nuevas licencias nacionales y su posible influencia en Canarias. Quizás a finales de 2015 se resuelva un suculento concurso que, en el territorio nacional, tiene importantes novias. Que se resuelva puede servir aquí, en la Islas, no sólo por las nuevas salidas profesionales para todo el sector, sino por el campo de negocio que podría abrir. A lo mejor, esa es la vía para que alguna privada nacional vuelva a fijarse en Canarias como lo hizo en su día Antena 3, siendo referencia absoluta en el Archipiélago. Al menos de aquellos éxitos aún resiste en las Islas un centro de producción digno y solvente que supone una alternativa informativa de calidad que es la que han sabido defender los profesionales de esa casa.

Probablemente se eche en falta en este artículo las habituales referencias a las audiencias en las Islas. Pero créanme, 2014 no trajo novedades que destacar. Las cosas no cambian. Nuestras teles se siguen viendo poco. Sin embargo, me atrevo a afirmar con rotundidad que si llegan noticias en los otros frentes, los de los hechos reales que citaba antes, en las audiencias también puede haber novedades dignas de mencionar. Esa sería la gran noticia: que al fin apostemos por el producto como fin, porque si es así, ese producto traerá las ansiadas audiencias. Lo contrario, luchar sólo por las audiencias, nos va a traer más de lo mismo: disgustos y una televisión mediocre.

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