El año del alquiler vacacional

Casi un 10% de los 16 millones de turistas que llegaron a Canarias en 2017 optó por alejarse en una vivienda fuera de la oferta reglada.

Si de algo ha servido la crisis económica de la última década es para cambiar nuestra forma de pensar y de ver nuevas oportunidades. Prueba de ello es la economía colaborativa, que ha hecho temblar los cimientos de la economía tradicional con la irrupción, además, de las nuevas tecnologías. En este contexto, el negocio del alquiler vacacional ha entrado con fuerza y más en Canarias que, sólo el año pasado, recibió a casi 16 millones de turistas. De hecho, según datos del propio Gobierno regional, de los 15,9 millones de turistas que visitaron el Archipiélago en 2017, el 9,19%, es decir, 1,4 millones, se alojaron en viviendas turísticas. Unos datos que demuestran que no se le puede dar la espalda a una nueva modalidad que el propio turista demanda.

Sin embargo, aún hay muchas incógnitas sobre el alquiler vacacional que están determinando el actual devenir de este negocio. En Canarias, por ejemplo, el Gobierno se ha puesto manos a la obra y ha elaborado un decreto que alberga muchas reticencias. El principal escollo está, precisamente en su ámbito de actuación. El Gobierno plantea la exclusión de esta actividad en zonas de alta concentración hotelera y extrahotelera, ya que la ley entiende que la vivienda vacacional es un “uso complementario” del residencial y, por tanto, la habrá donde se pueda dar ese uso residencial. Donde no hay uso residencial, se niega.

Los municipios turísticos y la propia asociación de alquiler vacacional rechazan esta prohibición. Los primeros, porque ven en esta modalidad otra nueva fuente de negocio y de incrementar el número de turistas, al tiempo que opinan que no es buena idea que los visitantes se alejen de las zonas turísticas. Los segundos entienden que no tiene sentido habilitar las zonas residenciales para el turismo y se oponen a que sean los ayuntamientos los que tomen las riendas en este asunto, puesto que pueden darse situaciones aleatorias, como que permitan el alquiler vacacional en un edificio y en el de al lado no.

Efectos perniciosos

Por otro lado, el traslado del alquiler vacacional a zonas residenciales puede provocar, como ya está ocurriendo, un encarecimiento en los precios del alquiler de la vivienda de larga duración. Según el índice inmobiliario de Fotocasa, en Canarias el precio de la vivienda en alquiler experimentó en enero un ascenso del 5,1%, situándose en 7,55 euros el metro cuadrado al mes.

Canarias ocupa la quinta posición en el ranking de comunidades con los precios de alquiler más elevados. De las dos provincias canarias, Santa Cruz de Tenerife es la que más incrementó el precio. Entre los municipios donde más creció el precio de la vivienda están Adeje, con el 8,8% y una media de 11,16 euros el metro cuadrado; Santa Cruz, con un incremento del 8,5% con respecto al mes anterior y 6,64 euros el metro cuadrado, y La Laguna, con un crecimiento del 3,1% y un precio medio de 6,49 euros el metro cuadrado. Y es que la cara más oscura de este fenómeno es el encarecimiento del precio del alquiler residencial, unido a la difícil convivencia entre los vecinos y la aparición de la turismofobia.

Problemas de convivencia

Precisamente los problemas que están surgiendo en las comunidades de vecinos donde los propietarios ven como semanalmente entran y salen del edificio turistas que se pasan las llaves unos a otros, así como los ruidos y las fiestas propias de quien está de vacaciones, están provocando verdaderos problemas en ciudades como Madrid o Barcelona. París, Londres o Ámsterdam, por ejemplo, han optado por limitar el tiempo que se pueden alquilar viviendas turísticas, y Berlín ha prohibido directamente los alojamientos turísticos, para evitar tanto el encarecimiento de las viviendas para uso residencial como los problemas vecinales.

Sin embargo, tampoco se puede satanizar al alquiler vacacional. No es el causante de todos males. Los empresarios turísticos critican que se trata de un negocio que no cumple con la mismas condiciones que los complejos hoteleros, a los que se les exige el pago de determinados impuestos que, en muchas ocasiones, las viviendas turísticas no tienen que abonar, pero también es cierto que a éstas la Agencia Tributaria las tiene bien localizadas. Desde el año pasado, Hacienda está haciendo un exhaustivo seguimiento de todas y cada una de las viviendas que se anuncian en las plataformas y las está avisando de que tienen que pagar por los ingresos generados por esa actividad, eso sí, sólo cuando la vivienda ha estado alquilada.

Desde luego, está claro que el alquiler vacacional es un fenómeno que ha venido para quedarse y, por tanto, hay que empezar a verlo como una oportunidad para generar actividad económica, ya que no solo beneficia al turismo cuyos usuarios demandan esta opción para irse de vacaciones, sino que ha abierto un nuevo campo que es de la reforma y rehabilitación y da salida a muchos inmuebles que estaban abandonados. Eso sí, hay que buscar la fórmula idónea para que tanto residentes como turistas convivan sin provocar desequilibrios ni desventajas con quien quiere alquilar una vivienda de larga temporada.

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