Veo a Manolo Viera en TV Canaria con motivo de los veinticinco años de la puesta en marcha de la televisión pública y, sin duda, emociona su imagen, sus palabras, sus gestos y su arte. Nadie como Manolo, con esa capacidad que le caracterizaba para hacer un humor único y nuestro desarrollando un mundo repleto de historias y personajes que amaba y que pronto se colaron en la vida de los canarios. ¡Cuánto nos reímos con las ocurrencias de Carmelito, de Fefa o de Maruquita! Desde que conocimos al humorista de La Isleta comenzamos a admirarlo. Manolo nos ayudó a ser felices en una época que no lo era tanto. Siendo un hombre de carácter, era a su vez cariñoso y cercano aunque siempre sospeché que la popularidad y la fama le desbordaron en más de una ocasión, especialmente cuando los admiradores resultaban ser insaciables en su admiración y le agobiaban con un exceso de cariño, de admiración.
Siempre nos entendimos bien. Y no fueron pocas las confidencias que nos hicimos casi siempre en la barra del Misin, el bar de copas que abrimos Sindo Saavedra, Fran Rivero y yo en la capital grancanaria. Daba mucha importancia a su imagen. En una ocasión, un periódico canario publicó un episodio feo sobre una actuación personal suya. Estaba tan enfadado que se vino a casa y hablamos durante horas tratando de buscar una rectificación creíble. Estaba angustiado. Entonces decidió ir a la redacción del diario que contó aquella noticia que tanto le preocupó y allí lo aclaró todo. Aquello le tranquilizó. Era un mal momento y siempre me lo agradeció.
En la primavera de 1949, en La Isleta, por aquel entonces un barrio marginal de Las Palmas de Gran Canaria, nació el humorista, quizá el más representativo de Canarias. Sus espectáculos El último que apague la luz, Sal de ahí, Bolero, Manolo Vieira y yo, Manolo Vieira se escribe con ‘b’ chica, Risas y Hoy no es lunes fueron, de todos los que se han representado en las Islas, los que más público convocaron.
El fenómeno Manolo Vieira no fue fruto del marketing ni de grandes estrategias de mercado; responde simplemente a la demanda de un pueblo que se identificó con un estilo de hacer reír basado principalmente en lo cotidiano y en la descripción en clave de humor de todo lo que le ocurre o ha vivido cualquier ciudadano isleño alguna vez en su vida. Una excursión con la familia al campo, la compra en un hipermercado, la primera comunión o un día en el médico son historias que Manolo Vieira desarrolló para contar una visión –a veces bondadosa, otras crítica– de situaciones habituales.
La incorporación de Manolo Vieira al mundo artístico arrancó hace casi 40 años. Fue en 1985 cuando decidió compatibilizar, en el mismo bar donde trabajaba de noche, las labores de camarero con las de humorista. “Decidí dejar la empresa en la que curraba por la mañana para dedicarme de lleno al humor y, poco a poco, lo conseguí”, me contaba. Así nació el Manolo humorista.
Dotado de gran talento, consigue con solo catorce años el premio regional de escultura y se preocupa de aprender a tocar varios instrumentos musicales como guitarra, piano, armónica…
En 1986 abre en Las Palmas de Gran Canaria su sala propia, un paso decisivo en su carrera. En El Chistera, donde actuaba siempre que su agenda se lo permitía, le permitió hacer largas temporadas aunque fue en el madrileño Florida Park donde la figura de Manolo Vieira alcanza un cariz totalmente diferente. En 1988 se traslada a un espacio un poco más grande, que también llamó El Chistera, un lugar convertido en referente de la ciudad que le vio nacer, donde realizaba dos pases diarios con un éxito inaudito en Canarias hasta que en septiembre de 1990 se traslada con su familia a Madrid y comienza a residir en un barrio tan castizo como Las Ventas. Vivió entonces a caballo entre Madrid y Canarias, unas islas a las cuales regresaba cuando su agenda se lo permitía.
Casado por segunda vez después de haber enviudado, Manolo Vieira fue padre de tres hijas que fueron su gran amor.
Durante el año 1998 hace sus primeras incursiones en el mercado americano y latinoamericano actuando con éxito en salas y televisiones en Miami hasta que al año siguiente empieza a colaborar en el programa de radio de máxima audiencia en España: Protagonistas, presentado por Luis del Olmo en Onda Cero.
Todo ello refleja la indudable calidad y el éxito de este artista isleño que puede presumir de tener en su haber siete espectáculos grabados en disco; otro recopilatorio con sus mejores momentos así como dos shows comercializados en video. Por si no fuera suficiente, Manolo es uno de los artistas que más CDs vendió en Canarias superando las 300.000 copias.
En 2002 afronta el isletero otro nuevo reto: un programa en un mercado tan competitivo como la televisión. Esta noche pago yo, título del espacio de humor, fue líder absoluto durante sus trece semanas de emisión batiendo desde Canarias a todas las cadenas nacionales en horario de máxima audiencia. También realizó diversos especiales de fin de año para TV Canaria, formato que se posicionó como el espacio más visto de todas las televisiones autonómicas de España, un éxito sin precedentes en las Islas. Las galas de fin de año sin nuestro gran humorista, tan grande como gamberro, ya no son lo mismo. Inolvidable.
En 2010 fue galardonado con el Can de Plata en Artes por el Cabildo de Gran Canaria y en 2023 fue declarado Hijo Predilecto de Gran Canaria.
Precursor de los monologuistas
En la actualidad su legado artístico tiene continuidad en los humoristas canarios de la nueva generación como Aarón Gómez, Kike Pérez, Omayra Cazorla, Darío López o Ignatius Farray, entre otros. Ellos no dudan en apuntar a Manolo como la principal referencia. Todos y cada uno han manifestado a través de sus redes sociales que sus primeros recuerdos relacionados con el humor están inevitablemente ligados a la figura del isletero.
Algo tan en auge durante la última década como los monólogos o stand up comedy como se ha dado a conocer en los últimos tiempos, es algo que como se suele decir ya estaba inventado. Pese a que no haya un reconocimiento formal, son muchos los actuales artistas que han bebido de la fórmula de Manolo Vieira, que no era más que un precursor en esta forma de hacer humor.
Su herencia no se ciñe única y exclusivamente a su trayectoria profesional. Manolo siempre hizo gala de ese orgullo isletero, que distingue a los de este pintoresco barrio de la capital grancanaria. De hecho, la propia corporación palmense ha querido plasmar a través de un mural su pequeño homenaje. Se encuentra en la Plaza de Nuestra Señora de La Luz –en torno a la calle Gordillo y frente al Parque del Castillo de la Luz–, y ha sido obra de los artistas urbanos Nagni69, DanklaBara y PedroSantos_74.
En el mural se recogen la frase La Última Foto y nos Vamos, con la que se ha querido hacer un guiño al último espectáculo que ofreció Manolo bajo el título La Última y Nos Vamos, que supuso la despedida de forma definitiva definitivamente de los escenarios tras toda una vida dedicada a hacer reír a su público.
La sonrisa expansiva que generaba en cada una de sus actuaciones no tenía límites. Como muestra y curiosidad, nuestra aerolínea de referencia (al final pocas cosas hay más canarias que la chocolatina Tirma, el Clipper y un avión de Binter) decidió ponerle el nombre a una de sus aeronaves. Así que no se extrañen si en alguna ocasión van a volar entre islas y se dan cuenta de que van a surcar los aires a bordo de un Manolo Vieira, ya que su talento traspasó los límites de lo terrestre, para asomarse a los cielos.
Ahora que no está entre nosotros parece sencillo afirmar que aún no ha nacido en el Archipiélago un humorista o contador de historias capaz de alcanzar mínimamente su brillante carrera. Nadie lo duda y para mí y el resto de canarios siempre permanecerá en nuestro recuerdo.
Por todo, por tanto, gracias, Manolo.