No puede haber tregua a lomos de una sociedad vibrante como la nuestra

Ha llegado el momento de añadir e impulsar nuevas fórmulas para que la ciudadanía pueda entrelazar, con mayor cercanía y efectividad, las demandas, necesidades y anhelos a la capacidad con que la Fundación CajaCanarias cuenta para hacerlos realidad

A efectos prácticos, los años naturales transitan, en entidades como la nuestra y tantas otras, de la mano de aquello que denominamos “planes de actuación”, esto es, un conjunto de proyectos e iniciativas, con tu consiguiente ficha presupuestaria, que emergen desde la cosmovisión de los planes estratégicos plurianuales, se asientan en las decisiones de los órganos de gobierno y quedan perfilados en la labor diaria, constante, del capital humano que conforma, en este caso, la Fundación CajaCanarias, a la que tengo el colosal honor, tras más de veinte años de hoja de servicio, de dirigir desde comienzos del curso 2023. No ha sido, por lo tanto, un “año natural” cualquiera para mí.

En el recorrido que esta institución, gestada en 1910, ha desarrollado hasta el presente, nos encontramos afrontando la primera década en nuestra actual naturaleza jurídica fundacional, con el compromiso heredado del espíritu de acción efectivo que la Obra Social y Cultural CajaCanarias irradiaba a multitud de demandas, necesidades y anhelos de la sociedad insular, de la que emergió y a la que sirve. Esa función está enraizada en el ADN profesional de la entidad y el personal trabajador que materializa su razón de ser, pero ha llegado el momento de añadir e impulsar nuevas fórmulas para que la ciudadanía pueda entrelazar, con mayor cercanía y efectividad, dichas demandas, necesidades y anhelos a la capacidad con que la Fundación CajaCanarias cuenta para hacerlos realidad.

En efecto, estoy convencido que no hay otro éxito respecto a la eficaz gestión de los recursos con los que nuestra entidad cuenta que saber moldearlos con la astucia del buen oyente y del mejor artesano sociocultural. Aquello que ocurre en cada rincón del Archipiélago merece nuestra atención, así sea desde la tarima de la celebración del espíritu creativo como desde el esfuerzo de superación de los deportistas canarios; cultivando la simiente del patrimonio que se recupera, conserva y transmite hasta repartir con precisión el abono económico que resulte asidero, ojalá que excepcionalmente transitorio, ante tantas necesidades de urgente respuesta.

Tallando desde los bordes de la raíz humanista, considero que se construye el punto de partida que tiene mayores posibilidades de precisión para dar respuesta a lo que acontece, a lo que nos ocupa. A todo aquello que requiere cobertura para que brote, despliegue su flora o, en no pocas ocasiones, aplaque su inflamación social. Así, la Fundación CajaCanarias ha elevado a la máxima potencia de su energía vital y profesional la ejecución del plan de actuación 2023, reorganizando las diferentes áreas de actuación, además de precisar al detalle los procedimientos de análisis y ejecución para una mejor ejecución presupuestaria, elemento clave en una entidad de carácter fundacional, más aún en nuestro caso debido al notable radio de alcance de la actividad que generamos y al importante número de personas beneficiarias de la misma.

No hay lienzo en blanco cuando se trata de abordar todas estas realidades, ejercicio tras ejercicio, día tras día. Enfrentamos de manera permanente la doma de un tren en marcha que, en algunos tramos del trayecto, transita apaciblemente y, en otros, amenaza con descarrilar sin previo aviso. No hay tregua, no puede haberla a lomos de una sociedad vibrante como la nuestra, que nos presenta retos de impulso o cobertura de máxima exigencia. El prisma a través del cual se apunte la mirada, el enfoque, es el elemento clave para ser y no solo estar. De eso se trata, a mi juicio, porque estoy convencido que está en el espíritu del cuestionamiento al que se enfrentaron los fundadores y bienhechores de esta entidad, a comienzos del pasado siglo XX, cuando tomaron la determinación de fundar la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Santa Cruz de Tenerife como acción vertebradora de un proyecto de amplio corte social para los habitantes de esta tierra.

De aquí en adelante, la tarea continúa y el empeño, el compromiso absoluto, permanece. La clave estriba en tener la capacidad de escudriñar, con la máxima antelación posible, aquellos cambios de orientación o ritmo en nuestro entorno para poder resultar más eficaces en la elaboración de respuestas y soluciones. Escucha activa, así suele denominarse, pero en la Fundación CajaCanarias sabemos que hay que tocar a rebato al resto de sentidos para estar a la altura de la misión que nos corresponde, a la altura de la sociedad canaria a la que servimos.

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