Canarias, este lugar donde conviven los turistas con la desigualdad

Fondos europeos, del Estado o de las “próximas generaciones” pierden el vuelo cada día

El matrimonio precoz entre Europa y Canarias, entre la Unión Europea y este Archipiélago que lidera a las RUP (Regiones Ultraperiféricas) no acaba de cuajar. De colonia, granero de papas, plátanos, cebollas y flores, cárcel a veces, o punto militar estratégico y de triste recuerdo con el levantamiento de Franco (roles que subsisten en pequeñas porciones) pasamos a vender nuestro territorio y nuestros paisajes al peor postor: el turismo.

Un turismo masivo que alcanza más del 30% del PIB y ocupa una parte muy significativa del empleo. Un turismo masivo que nos ha llevado a una economía sometida a crisis externas (como la pandemia, guerras o encarecimiento de vuelos). Y también nos ha llevado a una escasa diversificación productiva, en industria, agricultura y desarrollo tecnológico .

Cuando Europa era un conglomerado menos organizado, el intercambio parecía más simple: venían de vez en cuando y se encontraban con una tierra atrasada y necesitada de infraestructuras y mejoras. Cuando se gestó la UE en torno a 6, 9, 15…y 27,  decidimos tener voz propia y tratarlos de tú a tú.

Así, con un discurso pretendidamente identitario, hemos mejorado en muchos aspectos, pero al mismo tiempo hemos regalado nuestros escasos privilegios, como el clima y la naturaleza.

El dinero va llegando, desde Madrid, Bruselas o el REF, pero pocos son capaces de convertirlo en realidades eficaces a corto o medio plazo y todas las estrategias pierden el vuelo cada día.

En Canarias se trabaja. Y mucho. Pero todos los esfuerzos que se vienen realizando en este intercambio económico y político, ofrecen unos resultados claramente insuficientes para la población de las Islas. Lo que falla no es sólo el diagnóstico sino una acción consecuente.

Canarias recibe recursos significativos tanto del Estado como de la Unión Europea, gracias a su condición especial y a los programas de recuperación e inversión. Pero no termina de aprovecharlos para que las cosas mejoren de forma sustancial. Las razones son variadas y dan muestras de lo alejada que está la legislación de la realidad.

Dicen los técnicos que los ayuntamientos y cabildos de Canarias son actores fundamentales en la captación y ejecución de fondos europeos porque ayudan a que el dinero europeo llegue al territorio, y a la vez gestionan obras, servicios y planes sociales con esos recursos.
Pero su capacidad de planificación y gestión, que es el principal factor para saber cuánto se aprovecha, no alcanza.

Canarias recibe en 2025 más recursos que nunca, con casi 7.500 millones del Estado y más de 2.600 del Plan de Recuperación Next Generación (RTR), con áreas de gasto claves como transporte, energía y agua, sanidad y digitalización, vivienda y políticas sociales.

De los fondos estructurales de la Unión Europea 2021-2027, con cofinanciación nacional y el POSEI agrícola y otras ayudas, los fondos Next Generation de energías renovables, destinados a transición energética, cohesión social y empleo, economía digital y agricultura sostenible el total acumulado estimado entre 2025 y 2027 ascendería a más de 13.000 millones. Los objetivos de estos fondos no están mal encaminados porque vendrían a reducir la dependencia del turismo, mejorar el transporte y la conectividad, impulsar energías limpias, apoyar empleo y formación y proteger el medio ambiente y la biodiversidad.

¿Donde está la trampa en la que caemos?

La trampa está en las reglas de descompromiso de los fondos estructurales, puesto que por normativa europea hay un plazo máximo de gasto y la regla establece que los fondos no gastados en el plazo anual, pasan a ser fondos devueltos.

Como consecuencia, en varios ejercicios, “Canarias ha tenido dificultades para materializar a tiempo todos los proyectos inscritos (obras, convocatorias de ayudas, etc.), de modo que parte de lo presupuestado no llegó a ejecutarse dentro de los plazos, activando el mecanismo de devolución”.

Por otro lado, el Plan de Recuperación español —y sus subplanes por comunidades— está sujeto al cumplimiento de una serie de hitos (aprobación de leyes, licitación de obras, puesta en marcha de programas, etc.) antes de recibir cada tramo de desembolso.

Todo ello supone que si no se alcanzan estos hitos en la fecha acordada, el Gobierno central no recibe el siguiente pago de Bruselas, o bien debe devolver parte de lo ya transferido.

Esto tiene más consecuencias negativas para Canarias pues al haber planes autonómicos que no cumplieron los ritmos de implementación esperados (por retrasos administrativos, licitaciones bloqueadas o falta de personal de gestión), algunos importes han quedado retenidos o sujetos a devolución.

Esto ha pasado con los Fondos FEDER/FSE 2014-2020, donde Canarias tuvo que reintegrar parte de los fondos no gastados. También ocurrió con proyectos estratégicos de 2021-2023, destinados a transición ecológica y digitalización. 

Agilizar trámites: simplificación administrativa y refuerzo de la gestión

Los técnicos dicen que la única manera de evitar semejantes desatinos pasaría por la planificación adecuada; el refuerzo de la asistencia técnica con Ayuntamientos y Cabildos y la buena coordinación Estado-Autonomía, definiendo un estrecho seguimiento.

En resumen, dicen las fuentes europeas, la necesidad de devolver fondos no es un castigo arbitrario, sino la aplicación mecánica de las reglas de la UE y del propio Plan de Recuperación: si no se gasta o no se cumple un hito en plazo, la partida se retira y debe reintegrarse.

Habría que preguntarse si todos los condicionantes previos y un punto de partida tan desigual en el PIB no incide en un mayor incumplimiento, y si ello no sería un argumento suficiente para demandar mayores prórrogas en los tiempos de ejecución.

Porque  los principales problemas que aquejan a las Islas siguen en pie: ni la condición de RUP, junto a otras ocho regiones francesas y portuguesas repartidas por el mundo, ni la consideración del PIB (Producto Interior Bruto), que sube unas milésimas, ni el dinero que llega, permiten que nuestras Islas Canarias salgan de la pobreza y desigualdad, la dependencia del turismo, el desempleo (especialmente entre los jóvenes y las mujeres), la presión territorial, la falta de vivienda, y dramáticamente, sobre la inmigración, al ser paso o destino de las rutas africanas, teniendo el triste récord de ser considerada la ruta más letal del mundo.

Por más empeño que se ponga, y por más razones estructurales que nos asistan, como la lejanía, la insularidad, los costes de transporte, y la fragilidad ambiental agudizada por la emergencia climática, parece que nadie encuentra la salida.

Y la excusa de que no hay personal capacitado suficiente para gestionar esos fondos desespera. Las instituciones canarias, el Gobierno autonómico en su descomunal dimensión, los 88 Ayuntamientos, los siete cabildos, los 1.380 concejales pueden y deben encontrar la fórmula para que el dinero se gaste en tiempo y forma para alcanzar una solución o bien cambiar las reglas de esta desigual partida.

Falta de liderazgo en Canarias e instituciones europeas que viven en una nube de celebraciones

También hay otras causas internas: mucha gente capacitada se paraliza en la maraña de leyes y opta por cuidar más la silla que por discutir la resolución de los problemas. Hay tantos jefes a los que contentar que nadie quiere mover un dedo sin su autorización. Y a su vez, falta liderazgo en la gestión.

Las otras grandilocuentes instituciones europeas, la Comisión Europea, el Parlamento, el Consejo, los comisarios, las direcciones generales…viven en una nube de celebraciones.

Son los reyes del diagnóstico. Las prioridades de la Comisión para 2024-2029, pasan por la defensa y la seguridad, la prosperidad sostenible, la democracia y la justicia social.

Dicen ellos que Europa se enfrenta a importantes desafíos, desde el aumento del coste de la vida y la escasez de vivienda hasta la gestión empresarial y migratoria. Divagan en la necesidad de una unión que apoye a sus ciudadanos y empresas, actúe con decisión donde pueda tener el mayor impacto y promueva ambiciones compartidas.

Pero callan ante la guerra y la muerte, mientras apuestan por el rearme para complacer a algunos del otro lado del Atlántico. No se puede concebir un palabrerío tan vacío en un mundo europeo tan hipócrita e insolidario.

En este panorama, Canarias sólo merece la visita ocasional de unos comisarios o diputados para ver lo mal que lo pasan los seres humanos que llegan en patera y la desgarradora solidaridad de esta tierra canaria en la etapa que le ha tocado enfrentar.

Canarias no encuentra soluciones, ni ante Madrid ni ante Bruselas. Será la hora de probar otras alternativas, como decidir el modelo, tener en cuenta a la gente, mejorar la gestión y dejarnos de pamplinas. Por cuenta propia. Y por la cuenta que nos trae.

Dejemos ya de chapucear, en el sentido de nadar de cualquier manera —que le dan en algunos países de Latinoamérica—, y a ver si acabamos nadando en serio, que para eso estamos rodeados de mar.

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