El reto de habitar y mejorar las islas

En 2024 decidimos dedicar buena parte de la actividad de Ashotel a escuchar propuestas de colectivos activistas, con quienes nos reunimos durante el año

2024 tuvo para el sector turístico una doble lectura: fue un año muy bueno en lo comercial, pero también fue el año del debate social en torno a un modelo económico que, con mayor incidencia en Canarias, pero no exclusivamente, condujo a diversos movimientos organizados y a parte de la sociedad a manifestar su descontento en la calle. La suma de varios déficits en infraestructuras públicas de diversa índole, como la vivienda, que no ha evolucionado acorde al incremento notable de la población residente en las Islas —450.000 en lo que va de siglo, con una población total de 2,2 millones— entre otras causas, supusieron un cóctel perfecto de malestar que disparó en sus inicios casi exclusivamente contra el sector hotelero.

Desde Ashotel manifestamos entonces, y seguimos pensando ahora, que varias de las demandas y argumentos esgrimidos por algunos de los colectivos activistas tenían y tienen mucha razón de ser y que no son competencia de la hotelería. De hecho, uno de los principales problemas esgrimidos en los manifiestos del 20 de abril y del 20 de octubre fue precisamente la escasez y carestía de la vivienda, un asunto que nos preocupa desde hace bastante tiempo, una década al menos, cuando ya alertábamos públicamente de que la ausencia de regulación y control de modalidades alojativas como la vivienda vacacional iba a generar ese malestar social que finalmente vimos.

Temimos que esa mezcla de usos residencial y turístico podría estallar, como así ha sido. El hecho de que no existan casas en el mercado a precio razonable para un número importante de residentes, y si lo circunscribimos a mi sector, 84.000 profesionales que integran las plantillas de los establecimientos alojativos de Canarias, según el Istac, es un hándicap que influye en el bienestar social y dificulta la búsqueda de los perfiles profesionales que necesitamos.

Sabemos que esta modalidad de la vivienda vacacional tiene su mercado y es totalmente válida, aunque algunos aseguren que queremos liquidarla —lo repiten tanto que hay quienes lo creen— pero requiere una regulación que evite el resultado perverso que se produce cuando muchos residentes son expulsados de sus viviendas de alquiler para destinarlas a la actividad turística.

Los datos hablan solos: desde julio de 2019, año en que el Istac elabora una estadística oficial sobre vivienda vacacional, y hasta este pasado julio de 2025 en Canarias hay casi 30.000 plazas más de alquiler turístico (hasta un total de 194.000), curiosamente también casi 30.000 que han desaparecido de la modalidad de hoteles y apartamentos, porque la capacidad hotelera ha decrecido, se ha adaptado, ha mejorado en excelencia, se ha reconvertido. ¿Dónde se aloja entonces el incremento de turistas que llega a las Islas?

Para justificar la necesidad de una regulación de las viviendas vacacionales desde el punto de vista del urbanismo, basta decir que la irrupción de esta modalidad alojativa en los últimos seis años equivaldría a la construcción de 75 hoteles de 400 habitaciones cada uno. ¿Se imaginan 75 nuevos hoteles en seis años? La diferencia estriba en que no solo se han sumado al mercado en un período muy corto de tiempo esas camas turísticas, sino que lo han hecho por traslación del mercado residencial. Las viviendas vacacionales no son las únicas responsables de la falta de vivienda en Canarias, pero, indudablemente, están en la ecuación.

Un problema común

Esta realidad no solo afecta a las plantillas del sector turístico, también al funcionariado (jueces, policías, profesores, sanitarios…), pasando por personal de empresas desplazado por motivos de trabajo, como el que hace falta en hostelería y que viene a Canarias con la posibilidad de encontrar un puesto laboral y se tropieza con la carestía de la vivienda que supone un obstáculo, a veces, insuperable. También es grave lo que sucede con estudiantes universitarios, algunos de los cuales tienen que abandonar sus estudios porque sus familias no pueden hacer frente a los altos costes de alquiler de una habitación en las áreas próximas a las universidades públicas.

Hasta tal punto llegó nuestra preocupación que nos ofrecimos hace dos años a la Fecam —con poco éxito, la verdad— a construir casas para alquilar a trabajadores a precios tasados en suelos públicos. Para ello elaboramos una encuesta sobre vivienda entre los empleados del sector alojativo, que entre las principales conclusiones nos permitió tener una primera fotografía sobre cómo viven: el 57% en régimen de alquiler y, de ellos, el 46% viviría en otro municipio distinto al de su residencia actual si los precios fueran más asequibles. La principal razón esgrimida era estar más cerca de su puesto de trabajo (75%). Pero, además, el alto precio de alquiler de la vivienda se reflejaba también en la citada encuesta. Ante esta realidad, las personas encuestadas afirmaban que el precio medio ideal que consideraban adecuado pagar es de 538 euros al mes y el tamaño medio ideal de la vivienda de 72 metros cuadrados. Estos datos, de diciembre 2023, seguramente serán hoy más elevados.

¿Es nuestra responsabilidad facilitar una vivienda? Sinceramente, creo que no; lo nuestro es trabajar por una mejora día a día del sector alojativo, pero nuestras plantillas son parte de nuestro negocio y un problema tan grave como este nos afecta también a la operativa diaria. Hasta tal punto nos afecta, que algunas empresas hoteleras han decidido adquirir inmuebles para destinarlos a vivienda residencial para sus trabajadores.

Decía que el sector de la hotelería estuvo desde el principio de las protestas en el foco casi exclusivo de una ecuación con muchos factores. Se nos señaló incluso como responsables de los vertidos al mar o del consumo de un bien escaso como el agua, ignorando precisamente que los establecimientos alojativos depuramos aguas para riego y controlamos todos nuestros residuos y que el sector turístico solo consume el 10% del agua en el caso de Tenerife, según el Consejo Insular de Aguas.

Así la escena, y preocupados por la situación, decidimos dedicar buena parte de la actividad de Ashotel en 2024 a escuchar propuestas de colectivos activistas, con quienes nos reunimos durante el año y con los que abrimos un diálogo a varias bandas para aportar soluciones a aquellas disfunciones que provoca toda actividad económica, entre ellas el turismo. Pero también nos sentamos con partidos políticos, con empresas vinculadas al sector, con medios de comunicación… Trazamos una estrategia que desarrollamos durante el año y que continuamos en 2025, basada en poner en valor los datos oficiales y los análisis sosegados, siempre con la predisposición de mejorar, colaborar y contribuir a una sociedad más equilibrada.

Se da la paradoja de que en Ashotel hace mucho tiempo que hemos dejado de hablar de récords, hemos dejado de contar turistas; sin embargo, otras organizaciones y entidades públicas y privadas apuntan a esos números como elemento de éxito, sin detenerse en otros indicadores que hablan de sostenibilidad, calidad, eficiencia… porque se puede crecer hacia dentro, en excelencia, no en cantidad.

De forma interna y más allá de nuestra razón de ser, el asociacionismo, en Ashotel hemos seguido trabajando en nuestros ejes principales de acción: hemos sido pioneros en el impulso de proyectos de sostenibilidad, movilidad, digitalización, formación, empleo, comunicación… sin perder de vista que somos un lobby profesional y moderno y que creemos firmemente en el modelo público-privado como fórmula más adecuada para el progreso.

El valor de los números

Apostamos por reforzar la cultura del dato como cauce de crecimiento y mejora, generando informes desde nuestro Observatorio de Competitividad y Desarrollo Sostenible que comunicamos interna y externamente. Porque nos empeñamos en hacer más sólida la máxima de que dato mata relato, aunque por el camino lo emocional cale más fuerte.

Pero, además, seguimos convencidos de que la sostenibilidad no es solo económica y medioambiental, sino también social. Siempre será el tiempo de las personas y muestra de nuestro compromiso con el factor humano son las vías de diálogo permanentes que mantenemos con los representantes sindicales en numerosas cuestiones relacionadas con el ámbito laboral, con mayor o menor dificultad, o el reconocimiento anual que hacemos a profesionales de nuestros establecimientos asociados.

Y si Ashotel es hoy lo que es, una voz autorizada y respetada en materia turística, es gracias al compromiso de las empresas que la forman, porque el asociacionismo empresarial es lo que nos permite seguir creciendo, con todo lo que conllevan las organizaciones empresariales.

En definitiva, un sector tan importante como el nuestro, que no es perfecto, lo diremos siempre, tiene en el horizonte siempre la mejora continua, avanzar a diario hacia la excelencia con el fin de crear riqueza y empleo.

Facebook
Twitter
LinkedIn
COrreo-e
Imprimir

Patrocinador

Patrocinador

Patrocinador

Patrocinador

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad