El Sur de Tenerife se ha convertido en un destino gastronómico por méritos propios. Concretamente los municipos, y por este orden, de Adeje, Arona y Guía de Isora albergan un total de 10 estrellas Michelin repartidos en un total de ocho restaurantes y todos ubicados en hoteles de cinco estrellas o gran lujo. Un liderazgo de estrellas que será muy difícil superar, aunque cada vez son más los hoteles que apuestan por la alta gastronomía para sus huéspedes, pero también para los residentes.
Si hace años era prácticamente impensable que un hotel ubicado en zonas turísticas apostara por la gastronomía y dejara de lado aquella gastronomía que tanto daño les hizo, hoy es al contrario. Imaginen un hotel de cinco estrellas en el Sur de Tenerife que abra sus puertas en estas fechas. Dispondrá de un restaurante gastronómico, especialmente candidato a estrella Michelin, un coctelero, un sumiller con una cava donde, además de los vinos nacionales o internacionales, cuente con una escogida selección de las mejores bodegas que hay en todas las islas, un personal capaz de explicar al detalle los platos elaborados por chefs y unos desayunos pantagruélicos a la vez que exquisitos con las máximas comodidades en el bufet.
Todo esto como mínimo para estar en posición de entrar en las principales guías gastronómicas nacionales (Repsol y Michelin) y que además le permitirá, ahí está la clave, poder subir los precios de la habitación o la suite como si ya no estuvieran por las nubes.
No hay que devanarse mucho los sesos para saber que la clave de la apuesta hotelera por los restaurantes Michelin no es ofrecer alta gastronomía al turista y al residente que se acerque a su establecimiento, sino aumentar los beneficios de la patronal hotelera, aunque es verdad que a nadie obligan a comer en un estrella Michelin.
Cómo cambian los tiempos. Todavía recuerdo el cierre del restaurante Drolma, en el hotel Majestic de Barcelona, de Fermí Puig, al que pidieron una cocina más informal, a lo que se negó. Puig, que se inició en el mundo de la cocina en el Costa Brava, de Playa de las Américas, y falleció el año pasado en Barcelona, fue un ejemplo de dignificación de la cocina de hotel, y sin embargo tuvo que cerrar tras más de 12 años de actividad. La anécdota fue que habitaciones tipo suite sustituyeron al emblemático restaurante.
Por eso comentaba antes que ha cambiado mucho la visión de los hoteleros con el mundo de la gastronomía que antes se centraba solo en contar con acceso directo desde la calle para no tener que atravesar el hall y hoy van desde ubicaciones en primeras plantas hasta las terrazas con vistas al sky line de las ciudades o paisajes y a ser posibles al lado de una barra de cócteles donde los bartenders nos prometen las mejores experiencias para terminar la velada.
Para aquellos que no estén puestos al día en el mundo de las Michelin hay que decir que Tenerife cuenta con dos restaurantes con dos estrellas de la guía que son: El Rincón de Juan Carlos, de Jonathan y Juan Carlos Padrón, en el Royal Hideaway Corales, en Costa Adeje y el M.B, de Martín Berasategui y Erlantz Gorostiza, en The Ritz Carlton Abama, en Guía de Isora. En el primero destacan el sabor y equilibrio como pilar indiscutible de sus elaboraciones con combinación del producto local con los más selectos productos internacionales. El segundo mantiene una carta de inspiración vasca.
Con una estrella hay seis restaurantes, repartidos cinco en Adeje y uno en Arona. Está el NUB, de Fernanda Fuentes y Andrea Bernardi, en el Bahía del Duque (Adeje), donde fusionan la cocina de sus países originarios, Chile e Italia, con Canarias. El Donaire, de Jesús Camacho, en el hotel GF Victoria (Costa Adeje), busca llevar la precisión de la pastelería a la cocina salada, una experiencia que desafía lo convencional.
El tercero es el San Hô, liderado por Adrián Bosh, quien ofrece una cocina global sin límites creativos ni fronteras, en un viaje transoceánico con punto de partida y retorno al Archipiélago. El cuarto es Il Bocconcino, de Niki Pavanelli, que aporta un enfoque moderno y progresivo de la alta gastronomía italiana. Ambos en el Royal Hideaway Corales, de Costa Adeje.
La mudanza de Victor Suárez
Recientemente también ha abierto el Haydée by Víctor Suárez en el hotel Gran Tacande, también en Costa Adeje, y en el que el chef busca revalidar la estrellas Michelin que mantenía en el municipio de La Orotava, con una reinterpretación de la cocina canaria y de su abuela, de La Gomera, que da nombre al restaurante.
Por último, está el Taste 1973, de Diego Schattenhofer, en el hotel Villa Cortés de Arona, que homenajea la cocina de las islas y el rescate de la culinaria de nuestros aborígenes.
Cómo se aprecia cada uno de los restaurantes Michelin mantiene una oferta variada que trata de diferenciarse del resto de establecimientos para el turismo foodie o gourmet, pueda elegir a su antojo.
La presencia de los restaurantes estrellas Michelin, aun estando dentro de los hoteles turísticos, repercute directamente en los territorios más próximos, es decir, en las avenidas, calles comerciales y playas con un incremento de la calidad de los locales de comida y también, cómo no, en la subida de los precios. Esto se aprecia claramente en zonas como Costa Adeje cuya restauración, antes de menor calidad, ha visto como, con la potencial llegada de turistas de alto standing y con aficiones gourmet, han permitido alzar los precios y también la calidad del género que ofrecen y la atención al cliente. Algo que satisface la demanda de los turistas y sin embargo convierte en menos accesible disfrutar por ejemplo a los canarios, que siguen ocupando la lista de los peores salarios del país.
Ahora la duda que se plantea es si diez estrellas Michelin son muchas o pocas para un destino como el Sur de Tenerife, que hasta ahora era mayoritariamente de sol y playa y cuántos foodies o turistas gourmet tiene que llegar a la isla con el ánimo de disfrutar de la alta gastronomía. Sólo el paso del tiempo ofrecerá la solución.