Si hay algo sostenible para un destino turístico es aprovecharse de su cultura, de su historia, de sus mitos y de su identidad. Porque todo eso ya está ahí, y por tanto es sostenible. Solo tenemos que utilizarlo de manera inteligente. Porque la gente disfruta aún con las historias, con los mitos, con los sueños y con la belleza de paisajes naturales y ciudades, si están bien construidas y bien cuidadas. Es decir, a los humanos nos gusta dejarnos envolver por la belleza de un paisaje o una obra de arte, aunque no seamos conscientes.
En la isla de Tenerife se ha disfrutado de varias épocas donde se competía por resaltar todas las cosas bellas de las que estaba llena la isla, por crear una arquitectura mejor y más bonita que la del vecino (La Laguna, La Orotava, Garachico…). Y luego, ya en democracia, los años 80, 90 y 2000 fueron otra época para florecer, especialmente en arquitectura, con la creación del Museo de Historia de Tenerife, el Museo de la Ciencia y el Cosmos, el Espacio Cultural El Tanque, el Auditorio Adán Martín, el Recinto Ferial de Tenerife, el Magma de Arte y Congresos, la recuperación del Parque del Drago de Icod de los Vinos, y otro sinfín de espacios importantes de las ciudades que fueron recuperados mientras duró ese afán de poner a Tenerife en su lugar, en un lugar mejor para vivir.
Ahora no hay institución pública ni privada que destaque en este perseguir la buena arquitectura. No sabría explicar por qué, probablemente es incultura, pero, sobre todo, indolencia y falta de compromiso con el futuro. Los paisajes de la isla son tan bonitos que nos basta con mirar hacia ellos o hacia el mar y ya parece que todo está bien, y no lo está.
La arquitectura es muy mal entendida por la mayoría de las personas y su análisis no se hace correcto en las instituciones actuales, son pocos responsables públicos los que saben valorar que no es solo una apuesta por la belleza, que también, sino que la arquitectura importa por las siguientes razones que podrían tener su traducción en una mejora de nuestra economía:
Porque es sostenible. Conservando los propios valores paisajísticos, los recursos culturales, con ello y con la creación de nuevos hitos contemporáneos es posible dinamizar la economía local, fomentar la participación social, e incrementar el orgullo de pertenencia a la isla.
Porque es atractiva. Especialmente a los periodistas me gustaría pedirles comprender y difundir que potenciando la singularidad (la identidad original de Tenerife, su imagen en cada rincón que esté cuidado y su especial paisaje), si quienes fomentan que la isla sea mejor se basan en la autenticidad, y si estas ideas de compromiso con hacer las cosas que hay que hacer de la mejor manera posible, lograremos día a día originalidad, creatividad y despertaremos la curiosidad y el pensamiento crítico de toda la sociedad y quienes nos visitan. Y en general seremos más felices porque neurológicamente está demostrado que vivir en entornos rodeados de belleza mejora nuestra mente y nuestra valoración de la vida que tenemos alrededor (lo de una suerte vivir aquí, pero puesto en práctica de verdad).
Porque es rentable. César Manrique aprovechó los recursos patrimoniales existentes de forma sostenible. Y mejoró la rentabilidad de todas las inversiones en otros negocios turísticos que vinieron detrás.
a buena arquitectura de calidad siempre ha aportado un plus, pero ahora lo que se percibe es, lamentablemente, un descuido y una dejadez por lo público. Y también por las obras privadas —salvo honrosas excepciones, como, por ejemplo, El Sauzal— y esta es una tendencia que dominó todo el año 2024 y sigue haciéndolo en 2025. Una pena que no dejemos que los mejores arquitectos de la isla y de fuera trabajen con dignidad y que la sociedad, en general, no vea su importancia enorme en infinidad de materias, incluida la salud de todos, el turismo o la cultura.
Dulce Xerach Pérez López (Tacoronte, 1969) falleció en Madrid el 25 de septiembre de 2025.