La isla de La Palma sigue sumida en una reconstrucción lenta tras la erupción volcánica de 2021. Han transcurrido tres años y medio en los que se han destapado errores del pasado que acentúan las dificultades para lograr algo parecido a la normalidad. Sigue habiendo personas afectadas residiendo en casas contenedor en Los Llanos de Aridane, así como en las casas de madera habilitadas en El Paso. Una situación que se ve acentuada por la crisis habitacional de la que la isla no solo no es ajena, sino que se ha visto agravada por la pérdida de casas bajo las coladas.
Otras infraestructuras afectadas, como la carretera LP-2 entre El Paso y Las Manchas, ha visto pasar el año 2024 en las mismas circunstancias. Sin actuaciones para recuperar esa vía manteniendo aislado núcleos poblacionales al otro lado de las coladas para lo que es necesario aún un largo recorrido hasta llegar a esas zonas así como al municipio de Fuencaliente. Otra batalla, ésta con un marcado carácter emocional, es la reconstrucción del colegio de La Laguna, que también ha visto transcurrir el año 2024 entre debates políticos, compromisos y falta de acuerdo para continuar en el mismo estado en que quedó tras la erupción.
La comunidad educativa se mantiene de manera temporal en unas instalaciones de Los Llanos de Aridane de donde ha sido necesario trasladar las actividades culturales que allí se desarrollaban. Mientras tanto, parte del alumnado se gradúa y ya no volverán al que era su cole azul. Porque es así como lo han definido durante todo este tiempo. A principios de año el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane trasladaba a la consejería de Educación, un proyecto costeado con fondos municipales para la demolición del edificio. La intención, según explicó entonces el alcalde, Javier Llamas, acelerar un proceso que siempre se ha reclamado que se llevara a cabo por emergencia. Sin embargo no ha sido así. Incluso desde el Gobierno de Canarias se descartó ese proyecto para redactar uno nuevo que incluyera la demolición y reconstrucción del colegio.
La Consejería de Educación recibió a la comunidad educativa que pedía, entre otras cuestiones, que se mantuviera la esencia del colegio: que fuera un colegio rural, con diversidad de edades, con la esencia del entorno y, ese detalle emocional, “que sea nuestro cole azul”. Estas reivindicaciones no fueron escuchadas y la falta de comunicación ha sido motivo de denuncia durante todo el año. Nunca se les entregó el proyecto o el diseño. Éste salió a concurso y fue adjudicado a una empresa de Valencia. Fue necesario entrar en la web de la empresa para que la comunidad educativa del centro advirtiera que nada se acercaba a lo que era su centro escolar de siempre. Denunciaron que se trataba de un edificio urbano, con rejas en las ventanas y “no es nuestro cole azul”. Desde la consejería se comprometerían a la revisión del proyecto que, sin embargo, a mediados de 2025 sigue en la misma situación.
Durante el año 2024 La Palma ha venido reclamando al Estado el cumplimiento de los compromisos para la reconstrucción de la isla, especialmente la aplicación de la bonificación del 60% del IRPF y los 100 millones de euros anuales. Los debates políticos han sido protagonistas para enfrentar a los distintos gobiernos. Desde La Palma y Canarias, con Coalición Canaria y el Partido Popular, exigiendo lo que se considera un compromiso. Desde el Estado y el PSOE, explicando que la aplicación del IRPF está sujeta a la aprobación de unos Presupuestos Generales del Estado que se mantienen prorrogados.
Sobre los 100 millones, la respuesta es que el compromiso dentro de la Agenda Canaria se estableció hasta 2023, el resto no pasa por ser un compromiso verbal. Algo que no se acepta de buen grado y que se mantiene en las declaraciones constantes que tienen que ver con la isla y su reconstrucción. Y transcurrido este tiempo, tampoco se cuenta con una infraestructura turística que sirva de atractivo turístico sobre el último volcán mientras los datos de las conexiones aéreas y visitantes siguen siendo motivo de polémica.
En 2024 llegaron a Canarias 18 millones de turistas de los que eligieron La Palma el 0,8%. Un dato que deja en evidencia la falta de competitividad frente a otros destinos. La Palma aspira a diferenciarse de aquellos lugares que basan su oferta en el sol y playa apostando por el Turismo Activo y la naturaleza. Con el debate entre los asuntos de actualidad, la isla no ha avanzado en este sentido y las camas hoteleras que ofrece la isla no cuelgan el cartel de completo. La buena noticia en el sector turístico de La Palma fue la reapertura del Hotel Sol de Puerto Naos en el mes de julio (que pasaría a la categoría de Meliá a finales del mismo año). Esto supuso un impulso para la recuperación de este enclave que, poco a poco, ha visto como los vecinos van regresando según van obteniendo las autorizaciones pertinentes bajo un protocolo de seguridad establecido que contempla la instalación de medidores de CO2 tanto en interiores como en exteriores. También algunos locales han ido recuperando su actividad así como los kioscos de una playa que vuelve a ver sobrillas y toallas sobre la arena.
Factores de esperanza
Existen otros asuntos que marcan el lado positivo en algunos ámbitos. Es el caso de la agricultura para el que se ha estado llevando a cabo un proyecto de sondas en tierra para determinar la humedad del suelo y realizar recomendaciones de riego. El objetivo es ahorrar agua y los datos son incontestables. El proyecto se inició con cuatro fincas que, de manera voluntaria, se prestaron a participar. Se instalaron los sensores y se dejó un plazo de seis meses para que se continuara trabajando de la misma manera a como se ha venido haciendo hasta ahora y recoger los primeros datos.
Ese primer análisis ya determinó que se riega con más agua de la que en realidad requieren los cultivos. Esto ha llevado a que se instalaran también estaciones meteorológicas creando un mapa de previsiones y riego. A las cuatro fincas iniciales se han ido sumando otras hasta un total de 16 fincas en producción que están siguiendo esta iniciativa para el ahorro de agua en una isla que, durante 2024, ha seguido hablando de un futuro que mira a la desalación de agua.
La ciencia ha sido también protagonista en la isla. No en el caso de la astrofísica, que mantuvo durante todo el año 2024 la incertidumbre por la recuperación del Festival Starmus que finalmente se celebraría en La Palma en 2025. Un silencio sobre el Telescopio de Treinta Metros (TMT) que mantiene a la isla como alternativa a Hawái y a la espera de la decisión final del consorcio internacional que lo sustenta. La ciencia en La Palma ha mirado en 2024 al mar y a la denominada Economía Azul. La Plataforma Oceánica de Canarias ha encontrado en el Puerto de Tazacorte un lugar donde instalarse para apostar por la investigación de los fondos marinos, con especial atención a la recuperación de la biodiversidad en las nuevas fajanas surgidas de la última erupción.
La energía ha sido otro de los asuntos protagonistas de La Palma en 2024. La cooperativa Energía Bonita, surgida de la iniciativa ciudadana La Palma Renovable, instalaba la primera comunidad energética sobre el techado del colegio Galván de Las Casas en Breña Alta para ofrecer energía solar a la población residente en un perímetro de dos kilómetros. Esto es la práctica totalidad del casco urbano de San Pedro. La Consejería de Educación, junto con la Consejería de Transición Energética, cederían a la cooperativa otras ocho cubiertas en distintos municipios de la isla para desarrollar proyectos similares. Instalaciones fotovoltaicas que se espera que estén en funcionamiento a finales de 2025.
El patrimonio de La Palma daba a conocer en junio de 2024 uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de Canarias. En el interior de un tubo volcánico en el entorno del Salto de Tigalate, en Villa de Mazo, se encontraron 225 conchas marinas y un hueso envueltos en restos vegetales y formando diversos collares. Su datación estima la antigüedad en cerca de mil años. El detalle que lo hizo tan singular fue la actuación del espeleólogo aficionado Yeray Rodríguez, advirtió la presencia de algo que llamó su atención al asomarse a un hueco de una cueva que ya había sido examinada y en la que se conocían yacimientos funerarios benahoritas.
Sin embargo, esa curiosidad le llevó a mirar donde nunca antes se había mirado desde que una mano depositara en aquel lugar aquellos collares. Tal como explicó entonces el arqueólogo Efraín Marrero, codirector de la intervención, “se colocaron ahí con la intención de que nadie los encontrara”. Tuvieron que transcurrir cerca de mil años para que eso sucediera. La extraordinaria actuación de espeleólogo, venciendo el impulso de tocar y llamando inmediatamente al servicio de Patrimonio del Cabildo, convirtió el hallazgo en algo único. Unas conchas que ahora se investigan en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ante la posibilidad de que alberguen restos de ADN de aquellos primeros pobladores de La Palma.
El año 2024 ha sido un año de transición para La Palma. Entre iniciativas que miran a un futuro a medio plazo y la lentitud de una reconstrucción que se topa con las administraciones y los debates políticos. Al mismo tiempo, los informes realizados por Corporación 5 sobre la situación socioeconómica de la isla continúan dibujando una radiografía con problemas estructurales como el envejecimiento poblacional, la falta de relevo generacional en el sector primario y una dependencia de la administración pública para la generación de empleo. Problemas que ya venían arrastrándose desde antes de la erupción volcánica.