El enfermo no mejora (y el médico no rectifica)

Un año más… y casi diez mil ejemplares menos. Ese podría ser el resumen del estado de la prensa escrita en Canarias tras el último ejercicio. Y si 2008 fue malo (tan malo que hasta dejó de editarse un periódico, La Gaceta de Canarias), 2009 fue peor: todas las cabeceras perdieron difusión. Y el análisis de las primeras cifras de 2010 no ofrece argumentos para el optimismo. De la caída de la publicidad o de los despidos de periodistas, mejor no hablar. Por no llorar, vamos.

El papel no está de moda. Año a año, la prensa escrita pierde difusión. Y la crisis se ha hecho especialmente profunda en los medios de carácter regional. Los diarios nacionales han sufrido una importante caída en la publicidad y eso se ha traducido en un progresivo adelgazamiento: se han suprimido páginas y trabajadores. Pero, al menos, las ventas se han mantenido. Bueno, en realidad han disminuido un 7,83% en el bienio 2007–2009, el periodo en el que la crisis económica ha golpeado a los ciudadanos con mayor dureza. Los adelantos técnicos y la posibilidad de disponer de rotativas en muchas comunidades autónomas permite a estos periódicos sacar ediciones regionales que están en los kioscos a primera hora de la mañana. Y su pertenencia a importantísimos grupos multimedia les da la opción, en algunos casos, de compensar pérdidas económicas a cambio de ganar prestigio, poder o capacidad de influencia.

A cambio, los rotativos nacionales se han convertido en un competidor más para los periódicos regionales (o provinciales, para hablar con más propiedad en el caso de Canarias), que ya debían luchar contra sus propias ediciones electrónicas, contra otros diarios digitales, contra la prensa gratuita, contra las publicaciones municipales o comarcales, contra la televisión, contra la radio, contra los boletines especializados, contra multitud de páginas web, contra innumerables blogs… O lo que es lo mismo: contra tantos y tan potentes enemigos que es difícil ver –o siquiera imaginar– brotes verdes. Y lo peor no es que disminuyan las ventas de forma alarmante (el número de lectores sí se mantiene, al menos según las poco fiables encuestas del EGM), sino que el número de nuevos compradores se aproxima a cero. De hecho, la edad media de los lectores de periódicos es de 45 años y, probablemente, la edad media de los compradores de periódicos sea muy superior.

Las cifras, dicho está, no invitan al optimismo. Los cinco periódicos regionales que actualmente se editan en Canarias perdieron más de diez mil ejemplares en 2008 y casi repiten esa misma caída en el recién terminado 2009. Y si echamos la vista tres lustros atrás, al año 1993 por ejemplo, observamos que ahora se venden casi setenta mil ejemplares menos que entonces y que por el camino han desaparecido tres cabeceras: Diario de Las Palmas, Jornada Deportiva y La Gaceta de Canarias. Por contra, entre los periódicos que han surgido, sólo sigue con vida La Opinión de Tenerife, con una difusión que ya no alcanza los seis mil ejemplares diarios. La crisis ha afectado aún más a la provincia de Las Palmas, donde Canarias7 ha reducido su difusión a la mitad y La Provincia se ha dejado por el camino casi diecisiete mil lectores. En las islas occidentales, por el contrario, las pérdidas han sido moderadas. Aunque han desaparecido dos cabeceras.

El análisis publicitario no ofrece mejores datos: la facturación en los medios escritos en 2008 descendió un 20,4% respecto al ejercicio anterior. Aunque esta caída no afectó a todos los diarios por igual. Así, la merma de anunciantes en la prensa regional (-22,5%) fue superior a la sufrida por los rotativos nacionales (-19,3%), los gratuitos (-16,0%) o los deportivos (-12,6%). Y este último detalle es revelador si lo combinamos con otro dato: el único sector publicitario que elevó su facturación en el último ejercicio analizado es el de Deportes y tiempo libre. Nada que ver con la disminución de la publicidad de productos como coches (-13,0%), bebidas (-15,4%), tabaco (-20,8%) o construcción (-41,9%). Y a todo ello se puede unir una nueva estadística: en el bienio negro (2007–2009), las ventas de los diarios deportivos cayó menos que las de los de información general. [De hecho, subió la de los deportivos catalanes, aunque ello quizás esté relacionado con el año mágico del FC Barcelona].

Otro dato puede alimentar las tesis de los profetas del pesimismo: en España no se leen periódicos. Y en Canarias, aún menos. De hecho, somos el tercer país de la antigua Unión Europea (la UE 15) con menor índice de lectura de prensa. Y eso, tras superar el último año a Italia. Aún así, la caída es constante y ahora en España se venden 92 periódicos por cada mil habitantes, doce menos que hace ocho años. Nada que ver con Finlandia (402), Suecia (363), Reino Unido (245) o Alemania (244). Y no será porque en esos países no exista Internet. Y las cifras de Canarias (83 ejemplares por habitante), están lejos de las de Navarra (161), País Vasco (144), Cantabria (131) o Baleares (130). ¿Quieren más números? Supongo que no, pero ahí van algunos a modo de conclusión. Seis de las siete grandes cabeceras nacionales presentaron pérdidas millonarias –y en millones de euros, no de pesetas– en el último ejercicio. Y la situación del único que se salva, El País, tampoco es excelente, al estar lastrado el grupo por el abultado déficit del negocio televisivo.

Sí hay futuro

Resumiendo: la crisis de la prensa escrita es universal. Pero la situación en España es peor que en el resto de Europa. Y en Canarias, es peor que en el resto de España. Y a la prensa regional le va bastante peor que a la nacional, la gratuita o la deportiva. Tras esta catarata de cifras y sentencias, la pregunta es obvia: ¿hay futuro para la prensa regional en Canarias? Pues sí, por mucho que algunos apocalípticos fijen para el año 2040 la desaparición de los periódicos en papel. Eso sí, convendría olvidarse ya de que la solución llegue del exterior. Pese a las alarmantes cifras de desempleo en el sector y las peticiones de la AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles), no se prevén ayudas públicas gubernamentales similares a las recibidas por la banca, el sector del automóvil o, en Canarias, el sector turístico. Las respuestas han de venir por tanto desde el propio periodismo. Y las recetas son las conocidas, que se resumen en una: hacer buen periodismo.

Esto, hacer buen periodismo en plena explosión informativa digital, pasa por elaborar un producto que filtre el excesivo ruido (más que información) que se genera en Internet o en la televisión, huyendo de la banalidad y con un escrutinio crítico de la realidad. Y usar –y hasta abusar– de los elementos diferenciadores de la prensa escrita: artículos de opinión, infografías, cuadros estadísticos, fotografías de calidad, investigación… Y en Canarias, además, ampliar los espacios dedicados a la información local, insular o regional. Y buscar esos nichos de lectores a los que ofrecer un producto exclusivo. Nada nuevo bajo el sol. Como tampoco es original otra de las recetas mágicas: lograr una simbiosis entre el diario en papel y el periódico online, con informaciones complementarias (no idénticas) y en continua retroalimentación. E inevitablemente, con plantillas de profesionales trabajando simultáneamente para ambas cabeceras. Porque si el auge de los periódicos digitales es indudable, tampoco admite discusión que su éxito está ligado a la existencia de ediciones en papel.

Porque en el momento de mayor auge del periodismo online, uno de los medios más innovadores y seguidos, pero no apoyado por un periódico de papel, Soitu, se vio obligado a cerrar. Y también en plena crisis económica (el euro que se paga por el periódico en papel no es un asunto baladí), cerró un diario gratuito como Metro y perdieron dinero y lectores 20 Minutos y Qué! En este caso, las malas noticias nos sugieren que el periodismo de calidad y el periodismo en papel sí tienen futuro. Y más, cuando el cobro por acceder a los contenidos digitales de los grandes diarios está a un paso de convertirse en una realidad generalizada. Hace unos meses, el profesor Tim Currie ya ofrecía algunas claves para garantizar la supervivencia del periodismo: más innovación, más especialización, más compromiso con la audiencia, más formación para los periodistas, más inversión tecnológica… Más, más, más, más, más… Se trata, en definitiva, de crecer. Y de crecer también en gastos en un momento de crisis económica.

Estrategia errónea

Porque en un momento de crisis, el impulso inicial –instintivo, animal incluso– de cualquier empresario, entre los que se incluyen los editores de prensa, es bajar los costes: reducir plantilla, recortar páginas, eliminar agencias, asesinar suplementos (sobre todo los culturales o científicos, no los propagandísticos), prescindir de contenidos… O lo que es lo mismo: menos, menos, menos, menos… La receta del menos se ha demostrado que no es válida. Tal vez sea hora de apostar por un cambio drástico, porque con los medicamentos actuales el enfermo empeora. Tanto que hasta los mejores especialistas, como Juan Luis Cebrián, alma mater de El País y ahora consejero delegado, empiezan a dudar de su supervivencia: “No sé si seguirá habiendo periódicos en papel o no, lo importante es que siga habiendo periodismo”. Eso sí, antes de certificar la defunción del papel, explica que la función de los periodistas debe ser “transmitir la realidad e interpretarla”. Y también pide que “los periódicos estén muy bien escritos, con un idioma de calidad”.

Dos sabias recomendaciones de un periodista –y académico de la Lengua– que entiende que periodismo y democracia forman parte de un todo, porque ambos han tenido una vida paralela tras nacer y crecer juntos. Y que cita con frecuencia al tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson: “Entre un país con gobierno y sin periódicos y un país con periódicos pero sin gobierno, me quedo con esto último”. Pues eso, que hay mucho en juego. Mucho.

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