Sonidos con luces y sombras

Un año radiofónico da para mucho. Contar historias de la radio después de trescientos sesenta y cinco días de emisión, cerca de novecientas horas, llenarían miles de folios, para bien y para mal. Más para mal, creo, porque la radio de hoy, también es verdad que pasa en los otros medios, como prensa y televisión, no pasa por sus mejores momentos, tanto profesionales como económicos. La Radio también está en crisis.

Junto a la ya tradicional precariedad del medio, la Radio sufre hoy una dispersión de audiencia extrema debido al bosque de antenas que ha surgido en los últimos años. Es en nuestra tierra canaria en donde más emisoras hay, pendientes de licencia, de todo el territorio español. Llevamos veintiún años sin que los distintos gobiernos se hayan atrevido a poner orden y así hemos llegado a una situación en la que ni hasta los diales de las emisoras legales son respetados por los invasores, muchas veces de paternidad anónima.

El hecho ha sido denunciado en el Parlamento de España por la diputada Ana Oramas, lo que le acarreó no pocas críticas. Pero, miren por donde, quizá haya servido para que, por fin, el gobierno de Paulino Rivero se haya decidido a poner fin a una situación insostenible en donde miles de profesionales no saben qué puede ocurrir con su futuro laboral, y en la que cientos de empresas no pueden hacer cálculos de inversión para el futuro o acabar con su existencia, casi fantasmal, por la multitud de inconvenientes de todo tipo que se le presentan diariamente.

Es un buen momento, pues, para decir que 2010 puede ser el año de la gran solución y que, por fin, las ondas queden limpias y que la FM suene con la calidad debida y que muchos advenedizos e intrusos dejen de molestar a auténticas nuevas empresas canarias de radiodifusión que han arriesgado capital y prestigio profesional para alcanzar una licencia de radio y emitir dentro de los cánones que marca la profesión; y no como está sucediendo ahora con una amalgama de indicativos tan variada como sorprendente: para todos los gustos y disgustos. Veremos.

La Radio, ya desde sus comienzos, ha sido un bien reservado al Estado, para determinadas entidades económicas y religiosas. Pero los tiempos han cambiado y grupos minoritarios también desean compartir este bien social y que más voces, testimonios cercanos, tengan también resonancia en su entorno más inmediato. Ahí, en esas radios locales, sin ataduras de cadena radiodifusora y actuando libres, han encontrado el hueco, el minuto de emisión que en otros sitios no les es posible. Esto ha producido una lógica alarma en los indicativos históricos, los de siempre, porque, además de ver menguado su trozo de tarta publicitaria, decrece el número global de oyentes en beneficio de las nuevas ofertas.

Y claro, de ahí nace la constante petición, ante el Estado, los organismos competentes en telecomunicaciones y las autoridades locales y nacionales. Y de ahí nace también el intento de conseguir el cierre, el cerrojazo de las llamadas ilegales. Éso, o que se concedan las licencias, cerca de doscientas, que tiene asignadas el Archipiélago. Así, sí. Y no se debe demorar más, como ya parece haberlo entendido el Ejecutivo canario. De hecho, ya ha habido reuniones con representantes de Radican (Radios Independientes de Canarias) y se han barajado, incluso, posibles fechas de publicación de bases y condiciones para acceder a las nuevas frecuencias.

La actual situación ha sido el gran problema, pienso yo, tanto para las emisoras tradicionales e históricas como para las de nueva implantación en el año que ha pasado. Y los oyentes, que también sufren esa invasión de indicativos que se solapan y producen interferencias y emisiones ciertamente inaudibles. Ahora hay que añadir que la crisis económica ha vapuleado al medio como no estaba previsto, bajando los ingresos por publicidad en un muy alto porcentaje. Un año, en fin, de penurias que ha producido el despido de bastantes profesionales, tanto de locución/redacción como entre los técnicos. Si antes se pagaba poco, ahora nada, o casi nada. Y no.

El año 2009 me trajo una triste noticia, y casi cuando se estaba agotando el año. Igual que el nuevo 2010, en sus comienzos, empezó mal con otra inesperada muerte. Dos grandes amigos, dos grandes radiofonistas nacidos en esta isla y que con su voz y su trabajo tuvieron resonancia en toda España, nos dejaron para siempre. Un veterano retirado hace mucho tiempo y un joven prejubilado que empezaba a disfrutar de sus nuevas inquietudes.

Ambos, de características profesionales muy parecidas, supieron modelar con el cincel de la palabra obras de arte radiofónico con sus guiones, textos, redacciones, lecturas, narraciones, doblajes cinematográficos y televisivos. Sí, elaboraron radio de verdad, de ésa que merece estar en los anaqueles de oro de las fonotecas, escasas, sí, pero que existen en RTVE para enseñanza y ejemplo de las nuevas generaciones de periodistas y artistas de la de radio. Porque tanto Leocadio Rodriguez Machado como Manuel Martínez-Pardo Sosa fueron eso: artistas consumados del radiofonismo español.

Sus voces callaron, pero su memoria y su obran siguen vivas. Y por mucho tiempo.

Dos libros de la Radio

El año de este resumen ha dejado otras cosas. Incluso buenas. Como no había pasado nunca, se presentaron dos libros dedicados a la Radio, “un medio tantas veces ignorado, incluso por los teóricos de la información, y por los profesores y estudiantes de Ciencias de la Información”, que dijo alguien. ¡Oh, la radio! y Las ondas juveniles del franquismo nos han mostrado aspectos distintos de la radiodifusión en las islas y en el mundo, el primero; y los años de existencia (1955-1978) de Radio Juventud de Canarias en Tenerife. Un servidor y el profesor Julio Yanes hemos rescatado y publicado momentos importantes de este medio en Canarias que sólo estaban en el archivo de la memoria de veteranos locutores, guionistas, redactores y técnicos, en periódicos y en documentos, casi escondidos, de curiosos archiveros aficionados o nostálgicos de tiempos en los que la Radio era un punto de referencia habitual e imprescindible en la sociedad de las islas. Hoy no es igual. La televisión e Internet invaden los hogares robando atención y sintonía a la Radio. Nos queda el coche, el trabajo, la oficina, el insomne, el caminante, los oficios nocturnos, la inmediatez, el walkie y sigue fiel el ama de casa. Nos queda, digo, nos queda… mucho, pero mucho por hablar, nunca mejor dicho, sí, pero ante un micrófono y para mucha gente. Al tiempo.

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