Tic, tac
Los segundos dan lugar a minutos, los minutos a horas y los días, y los días a los años… hasta que un día llega la mayoría de edad. ¿Y ahora?
Pues ahora has cumplido 18 años, y si eres una persona joven extutelada te espera la nueva realidad. Dejas el centro de protección. Una posibilidad es la vuelta a tu familia, si realmente es una opción para ti. Si no lo es, otra opción es la búsqueda de una fórmula de emancipación. Una fórmula que te permita tener ingresos y un lugar donde vivir. ¿Eso es posible con 18 años?, ¿eso es posible en Canarias?
Tal vez seas joven, pero ésa no sea tu situación. Tu situación es la de una joven o un joven en una familia vulnerable. El tic-tac del reloj marca una situación de creciente deterioro… Los días pasan hasta que un día te ves en una situación que te lleva a no tener un hogar digno.
Una respuesta esperanzadora
En Tenerife, en el pasado año 2024, la Fundación Don Bosco trabajó en favor de más de dos mil personas en situación de vulnerabilidad social. Una parte de las mismas fueron personas jóvenes con dificultades de acceso a la vivienda.
Para atenderlas, nuestra entidad cuenta con siete pisos de autonomía en la isla de Tenerife, además de dos proyectos de acompañamiento para jóvenes a los que aún no podemos ofrecerle una vivienda.
¿Qué le ofrecemos? Le ofrecemos acompañamiento y asesoramiento técnico, una vivienda (a los que podemos) y ayudas básicas. Además, el apoyo de nuestro programa de inserción sociolaboral, un programa especializado que en contacto con empresas ofrece orientación, formación y un puente hacia el empleo. Y también ofrecemos el apoyo de especialistas en procesos de formación educativa y en asesoramiento jurídico.
¿Nacionalidad de los y las jóvenes? Una mayoría jóvenes de origen extranjero, pero una parte importante también de origen nacional. Para nuestra Entidad todos y todas son jóvenes, sin más. Pero éste es un dato que subrayo para indicar que éste no es un problema de “jóvenes que vienen de fuera”.
¿Resultados? Si vemos los procesos, los resultados son realmente esperanzadores. Con su esfuerzo y nuestro apoyo, una amplia mayoría de jóvenes ha mejorado su situación. Han finalizado procesos formativos. Han encontrado trabajo. Han regularizado su situación en caso de las y los jóvenes migrantes.
Somos conscientes de que somos una respuesta más, dentro de la riqueza de respuestas que desarrollan distintas entidades del Tercer Sector y apuestas existentes de distintas administraciones locales, insulares y regional. Si analizamos las respuestas, las podemos considerar esperanzadoras. Cada vez están más coordinadas y profesionalizadas. ¿Son mejorables? Evidentemente, sí. Se pueden dotas de más medios y coordinarlas de forma mucho más precisa. Pero es una evidencia que las respuestas han crecido en calidad y cantidad en los últimos años.
Una respuesta esperanzadora en una realidad inaceptable
Si pasamos a analizar la realidad, pasamos de hablar de respuestas esperanzadoras a hablar de una realidad inaceptable para cualquier persona de bien.
En el último año 2024, la Fundación Don Bosco ha detectado en Tenerife un aumento considerable de jóvenes que se acercan a nuestra Entidad buscando respuestas habitacionales que les permitan desarrollar su proceso de emancipación. Esta constatación se ve avalada por el análisis realizado en el Marco Estratégico para la Inclusión Social y Comunitaria de las Personas en Situación de Sinhogarismo en Tenerife. Publicado en el año 2024 por el Cabildo de Tenerife, el citado Marco constata como punto de partida que “la sectorización del sinhogarismo se acentúa en personas jóvenes. En este sentido se distingue un perfil cada vez más joven en esta situación, especialmente del género femenino”.
El acceso a la vivienda por parte de la población se ha dificultado. El informe de Fotocasa publicado en 2024 indicaba que “en estos momentos el precio en la comunidad canaria está un 10% por encima de la media nacional. El coste de la vivienda en Canarias supera el precio de la burbuja de 2007”. Según Idealista, esta realidad de encarecimiento ha ido creciendo con el paso de los meses y “el precio de la vivienda usada aumentó un 18,4% en Canarias en el segundo trimestre con respecto al mismo mes del año 2024”.
Pero no hablemos en este artículo de compra de vivienda, a la que renuncia de forma clara los jóvenes a los que atendemos. Hablemos del alquiler. La situación no mejora. “El encarecimiento del alquiler de viviendas en Canarias en 2025 es un problema significativo, con subidas interanuales que superan el 7% y precios que ya superan los 15 euros por metro cuadrado en el Archipiélago” según datos de agosto de 2025 de El Día e Idealista.
¿En qué se traduce esta realidad? En el apartado macro, en más personas sin vivienda. En el apartado micro, en que los y las jóvenes que atendemos y finalizan con mucho esfuerzo su proceso, habiendo conseguido formarse y habiendo conseguido un trabajo, están teniendo que pagar 450 €/mes por acceder a una habitación y poder emanciparse: ¡450 euros/mes! Lo que hace un lustro daba para alquilar una vivienda completa hoy sólo es suficiente para una habitación.
Y además con una nueva cortapisa. En no pocos casos, el mercado inmobiliario ya no permite alquilar una vivienda entre varios jóvenes. Se ven obligados a alquilar por habitaciones, una modalidad nueva de alquiler impuesta por el mercado, más rentable para la propiedad y más precaria para el inquilino. El afán de lucro parece no tener límite.
A esto hay que añadirle que la financiación de los pisos de autonomía para jóvenes de las distintas entidades no siempre es la mejor. Y no sólo por la insuficiencia en la dotación económica. Que también. Las entidades sociales seguimos siendo especialistas en generar redes de solidaridad para cubrir aquello que no está financiado en los proyectos. Lo digo también por la dependencia de convocatoria de subvenciones, que si bien se ha agilizado, aún son lentas. De hecho, este año aún estamos a la espera de la convocatoria de subvenciones para atender a jóvenes extuteladas y extutelados que había prometido publicar el Gobierno de Canarias a finales del 2024. Y cuando falta la financiación, algún que otro proyecto se ahoga, y el mercado inmobiliario aprovecha esa oportunidad para suplantar una vivienda con finalidad social por otra que seguramente es más rentable a nivel económico. El peligro ya no sólo es no crecer en la respuesta, que en sí mismo ya es un problema. El peligro es que el salvaje mercado inmobiliario arrase con las respuestas que ya existen, aprovechando la debilidad económica de las mismas.
Y ante esto, ¿qué hacer?
Hay que hacer tanto y en tantos frentes. En estos meses, se ha hablado no poco de este tema. Voy a citar algunas medidas: medidas legislativas que limite el acceso a la vivienda a foráneos que no residan en Canarias; incremento del presupuesto de ayudas al alquiler; creación de una red de viviendas puente en colaboración con entidades sociales, para ofrecer alojamiento temporal con acompañamiento social y laboral; ampliación del parque público de vivienda mediante la adquisición de inmuebles vacíos y su rehabilitación, con el fin de destinarlos a alquiler social; programa de apoyo a jóvenes, que combina ayudas al alquiler con itinerarios de formación y empleo para favorecer la emancipación; refuerzo de la mediación hipotecaria y de alquiler, con equipos especializados para prevenir desahucios y promover acuerdos entre propietarios e inquilinos; etc. Además, se ha apuntado la necesidad de establecer o fortalecer planes insulares de vivienda, para adaptar las medidas a la realidad de cada isla.
Todas estas medidas precisan de un tiempo para ser desarrolladas. No obstante, hay una que en la que quiero profundizar y que precisa voluntad política y osadía administrativa, y es la de creación de una red de viviendas puente en colaboración con entidades sociales.
Ante una realidad tan compleja, la pregunta es: ¿por qué no concertar la red de viviendas que ya existen? Mantengamos como primer paso las ya existentes. Que también se están viendo afectadas por una financiación no fiable en cuanto a los plazos y por la presión de un mercado mobiliario que prefiere el alquiler de la vivienda vacacional a los pisos puentes para personas vulnerables.
Hagamos una alianza entre la administración pública y las entidades del tercer sector sólida, garantizada por la figura del concierto social.
Sé que me repito con el artículo del pasado año, pero sigue siendo tan actual preguntarse: “¿Por qué no detectar los recursos que están incluidos en el catálogo y que año tras año son financiados en las convocatorias por su demostrada necesidad y eficacia y buscar otras vías de financiación más estables para los mismos? Por ejemplo, ¿por qué no concertar de una vez por todas los pisos de autonomía para jóvenes con problemas de acceso a la vivienda? Y concertar también es evaluar la eficacia de los mismos. Necesitamos ser valientes. Financiemos de forma estable redes de recursos ya existentes en el Territorio que se demuestran como necesarios. Las personas en situación de vulnerabilidad agradecerán nuestra valentía”.
Quiero confiar en que, en el próximo año, algún concierto social en Canarias en esta vía alumbre el camino.